¡Éramos tan libres!

Miedo a los nuevos jefes, como
a todos los jefes anteriores.
Miedo a que las jefas se crucen
contigo una mañana –una de
esas mañanas en las que cuentas
las horas, cuando cuentas los días
que te faltan para tener derecho
al subsidio de desempleo– y
decidan que allí ya no pintas nada.

22/11/11 · 13:37
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Miedo a los nuevos jefes, como
a todos los jefes anteriores.
Miedo a que las jefas se crucen
contigo una mañana –una de
esas mañanas en las que cuentas
las horas, cuando cuentas los días
que te faltan para tener derecho
al subsidio de desempleo– y
decidan que allí ya no pintas nada.

Miedo a esa clase de compañeros
de trabajo que se han visto
la carrera de motos y te la
cuentan el lunes. Miedo a esas
compañeras que organizan la
semana en torno a la moda
shopping. Miedo a las despedidas
de soltero en la terraza del
círculo de Bellas Artes. A las
solteras que cantan a voz en
grito Viva la vida. Miedo a que
se estrene un musical sobre las
Víctimas del Terrorismo.

Miedo a que se estrene Los
Miserables
en el salón de mi casa.
Miedo a que los tertulianos
organicen razzias, vía SMS,
contra aquello que les parezca
un ataque a la libertad y la
democracia. Miedo a que Carmen
Tomás herede el grado de
Ana Pastor de periodista independiente
del reino.

Miedo a las sucesiones en el
PP. Miedo a la monarquía parlamentaria
como concepto y a la
democracia liberal como fórmula.
Pavor a entrar en ese mundo
en el que la organización para todo
lo que no sean las fiestas navideñas
sea vista como algo potencialmente
peligroso.

Pero, sobre
todo, miedo a que alguna vez
un paluego de la boca de Esteban
González Pons me salte a la cara
y se me meta en la boca.

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