Los ideales del gol
Enajenación cultural

El fútbol es una buena representación social, un certero análisis sociológico, especialmente si vemos su evolución. Hoy en día son habituales en el césped los piscinazos, tarjetas amarillas ante cualquier leve entrada, agresiones simuladas y demás actuaciones que abochornarían a los pioneros de este deporte; un todo vale para engañar al árbitro y sacar ventaja de forma injusta.

19/02/13 · 14:29
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El fútbol es una buena representación social, un certero análisis sociológico, especialmente si vemos su evolución. Hoy en día son habituales en el césped los piscinazos, tarjetas amarillas ante cualquier leve entrada, agresiones simuladas y demás actuaciones que abochornarían a los pioneros de este deporte; un todo vale para engañar al árbitro y sacar ventaja de forma injusta. Esto no siempre fue así, claro, todo lo contrario: hace unos años, apenas dos décadas atrás, era de lo más habitual ver cómo el delantero se escapaba en velocidad por la banda, y el defensa, jaleado por la grada, le perseguía metros y más metros, con el punto de mira en su tobillo, hasta que finalmente daba caza a su presa: ¡zas! Y entonces los aficionados estallaban de júbilo ante esa violenta entrada que el árbitro sancionaba con una cartulina amarilla. Como mucho.

La cuestión no es si esto estaba bien o mal hecho; la importancia es el hecho en sí, esa evolución. El fútbol muestra cómo la tradicional cultura obrera, con sus maneras ruidosas, rudas, a veces incluso pendencieras, pero también honradas, honestas y que se hacían respetar, ha sido destruida, sustituida por una nueva hegemonía con otros valores ajenos a sus orígenes populares. Los futbolistas rehúyen el choque físico y prefieren la traición cobarde del engaño. Los aficionados ya no están de pie, no animan por miedo a romper el derecho a aburrirse del de al lado. Y lo mismo sucede en el resto de la sociedad: en las manifestaciones ahora desfilamos en silencio, casi pidiendo perdón a cada paso, sin faltar a nadie y pidiendo derechos por favor, por muy subyugados que nos tengan y por oscuro que sea nuestro futuro. Es el precio del paso de trabajador a ciudadano, de aficionado a cliente. El precio de asumir la cultura del enemigo.

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comentarios

3

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    08/03/2013 - 3:59pm
    Soy desafecto del fútbol desde hace cuatro años, pero este tipo de artículos de Iñigo Arza me encantan, totalmente de acuedo que el ciudadanismo está acabando con la lucha de clases y que nos estamos volviendo "esquisitos" en el trato al enemigo, cuando este, el capital se muestra cada vez más agresivo y violenta nuestras vidas.
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    tutu
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    08/03/2013 - 1:32pm
    yoyo, no has entendido nada
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    yoyo
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    27/02/2013 - 4:52pm
    No hay gradas de pie, para evitar aglomeracione y con ello avalanchas.