DEPORTE E INMIGRACIÓN: ESPACIOS DE ENCUENTRO
El ecuavoley recupera las canchas

Dicen que Madrid es la quinta ciudad ecuatoriana del mundo, tras Guayaquil, Quito, Cuenca y Nueva York. Según los datos oficiales, la región cuenta con más de 186.000 inmigrantes ecuatorianos: una realidad que se hace visible en los espacios públicos. El ecuavoley no es sólo un deporte exportado que ocupa las canchas en desuso, sino una excusa más para explorar cómo la inmigración encuentra (o no) sus lugares de convivencia en la ciudad.

17/06/06 · 20:37
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Patricio Vela, jugador y ahora cronista, nos explicó una tarde de mayo en Moratalaz (en el sureste de Madrid) las características y el sentido de un deporte nuevo. El ecuavoley es un encuentro que se hace con tres jugadores en cada cancha y el árbitro. Se juega a los 12 puntos. Dos doces es un partido y cuando empatan a uno hay un tercero de desempate. El espacio de juego, delimitado con una cuerda a ras de suelo, debe tener nueve metros de ancho por 18 metros de largo. La red, tendida entre dos postes metálicos, está situada a una altura de 2,75 metros. El objeto de este deporte, que se practica con una pelota semejante a la del fútbol, es hacer caer la bola en el campo rival tras no más de tres toques por equipo.

La elevada altura de la red impide los remates propios del voleibol, así que los puntos suelen prolongarse hasta finalizar en una dejada, un error en la recepción o una volea inalcanzable.

Nos reunimos aquí los fines de semana gente sudamericana, porque el ecuavoley lo jugamos especialmente en Ecuador. La mayor parte de la gente que estamos aquí somos ecuatorianos. Venimos a compartir un momento grato, venimos con la familia, hacemos un deporte muy sano. Lastimosamente que no hay canchas apropiadas para el ecuavoley y tenemos que coger esas canchas de basket donde están rotos los aros y no hay funcionamiento y no hay nada. Y sin embargo, a veces la policía viene y nos dice que éste es un establecimiento para basketball. Nosotros les decimos que los aros están rotos y nadie juega. Pero dicen que no importa que no funcione, que aquí no se puede poner una red y jugar al ecuavoley.

Nos han echado de varios sitios. Nosotros sólo ocupamos cuando las canchas están dañadas. Aquí no hay problemas, no hay bulla. La gente de por aquí: muy sana, muy linda; a veces algunas personas vienen, se sientan, nos ven jugar, no hay ni peleas ni nada de esas cosas.

Zona deportiva

El partido al que asistimos se disputa en una cancha que fue de baloncesto, construida sobre un parking subterráneo de los que horadaron la periferia de Madrid a finales de los '80. Venimos de Moratalaz, de la Estrella, algunos de Centro, de todas partes. Hay canchas de ecuavoley en Marqués de Vadillo, en la Plaza del Encuentro, en el Retiro... pero ahí lo prohibieron, especialmente por la comida. El relato de Patricio Vela lo matizó Luis, pionero en solicitar al Ayuntamiento espacio propio para el ecuavoley.

Vamos a mandar un oficio. Si saben que les están inundando ya deberían ir diseñando un sectorcito. Mientras más canchas haya, va a haber menos aglomeración y menos problemas, porque van grupos familiares y se van adaptando al sistema de aquí, y aquí venimos solamente a jugar y no va a pasar ningún problema, ningún destrozo.

Y continúa Vela: "No nos dejan vender nada de comida, ni aguas, ni gaseosas. En un bar cuesta 1,50 y aquí los ecuatorianos venden a 80 céntimos, entonces preferimos comprar aquí. Y la comida ecuatoriana que nosotros tenemos es algo especial... es el cerdo hornado con patatas y un material, mote, que es como el maíz remojado, ése es el hornado, que le llamamos, y es muy exquisito para nosotros. Esa comida tenemos que andar buscándola... en la Casa de Campo hay varias personas. También está el caldo de patatas con sangre de cordero, que en el término inca significa caldo de sangre. Y es un caldo para nosotros riquísimo. Es típico y a todo el mundo nos apetece porque estamos enseñados así, pero tenemos que buscarlo en esos sitios escondidos".

Apuestas simbólicas

Jugamos una baraja también. Salen las señoras con los niños al parque, se distraen y se pasa una tarde como una familia. Somos ecuatorianos que estamos aquí residentes, entonces venimos acá a distraernos, la familia a pasearse, no tenemos problemas. En mi país no se acostumbra el hachís ni nada de esas cosas, nadie fuma de esos porros que dicen aquí, no. Los envases siempre los pasa recogiendo la persona que los vende. Una persona que viene escondida a venderlo, así las aguas y todas esas cosas, igual pasa recogiéndolo todo y deja limpita la cancha.Bajo la aparente espontaneidad del ecuavoley subyace una mínima estructura que incluye: responsable de pista, árbitro y apuestas.Una persona se encarga de prepararlo todo y por cada partido se le paga una mínima cantidad, que es por lo que él presta la cancha, la bola y la red. Él se encarga de ponerla y ubicarla y, bueno, gana una mínima comisión por cada partido.También se apuesta, pero es algo simbólico: cinco euros, diez euros... y un euro para el árbitro. Así que en cada partido se ganan nueve euros o se pierden diez. Algo bonito para distraerse.

“Todos trabajamos; la mayor parte en construcción, servicios domésticos, otros en limpieza. El ecuavoley es algo bonito para distraerse. Mañana comienza la semana entonces esto nos distrae a nosotros, en vez de cansarnos, nos relaja.

De espaldas a Gallardón

A escasos metros del partido, el Ayuntamiento ejecuta, con un presupuesto de 3,7 millones de euros, la fase I -'entorno de la zona deportiva'- de la Cuña Verde de O'Donnell. Sin embargo, las nuevas instalaciones no prevén la creación de canchas de ecuavoley. La excusa administrativa alude a las aglomeraciones que se han generado en algunas zonas, como Retiro y Palomeras, y a las actividades de venta informal asociadas a este deporte.

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Patricio Vela, jugadory ahora cronista, nos explicó una tarde de mayo en Moratalaz (en el sureste de Madrid) las características y el sentido de un ‘deporte nuevo’. “El ecuavoley es un encuentro que se hace con tres jugadores en cada cancha y el árbitro. / Mónica Antón Bravo
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