ENTREVISTA A KALILU JAMMEH
"Durante los viajes a pie, podían morir uno o dos hombres cada día"

Kalilu Jammeh explica en esta entrevista el inimaginable precio que pagan muchos africanos para llegar a Europa. El El viaje de Kalilu ha sido editado por Plataforma Editorial y representa una puerta abierta, y muy bien documentada, sobre la realidad de los países del África subsahariana.

10/12/09 · 16:02
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El relato de Kalilu Jammeh es realmente abrumador. Como muchas otras personas de su país, este viajero gambiano se fue en busca de un sueño europeo que le llevó, en contra de su voluntad, a recorrer más de 17.000 kilómetros por África. Este viaje interminable tiene final feliz y concluye con la publicación de un libro-reportaje, El viaje de Kalilu, que el autor ha presentado como el resultado de dos años de intensa labor. Sin embargo, Kalilu Jammeh no deja de recordar el gran número de compatriotas que pierden sus vidas a lo largo de este mismo periplo por culpa de unos traficantes y unas autoridades sin escrúpulos.

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Kalilu Jammeh en la presentación de su libro (Foto: J.G.C.)

Nos hablas de un viaje de 17.000 km por África, ¿cuáles han sido los países por los que has pasado y en qué condiciones has viajado?

Ha sido un largo viaje por Gambia, Senegal, Mali, Burkina faso, Niger, Libia, Argelia y Marruecos en unas pésimas condiciones. Durante este viaje, he perdido muchos compañeros a consecuencia del extremo cansancio y la sed. En mi libro presento este viaje como una conexión entre países. Cada vez que llegaba a una nueva ciudad me encontraba también a otros viajeros que llevaban tiempo esperando. Eran africanos deportados de Argelia o a la espera de un visado.

Algunos de los hombres que conocí en mi camino llevaban cinco o incluso 20 años parados en ciudades diversas de África a la espera de unos papeles que le permitieran seguir con el viaje. Eran personas que habían perdido todo contacto con sus familias y nadie sabía dónde estaban.

¿Por qué algunos viajeros esperan durante cinco o incluso 20 años en una ciudad que desconocen sin dar señales a su familia?

Son personas a las que las familias han entregado todo su dinero con la esperanza de que lleguen a Europa y que más tarde esa inversión dé frutos. Pero acaban siendo engañadas y por eso no quieren volver a casa con las manos vacías. Es una cuestión de honor. Piensan que serán tratados como fracasados. Muchos acaban locos al no aguantar la presión psicológica y la soledad en esos lugares.

¿Qué es lo que conduce a un africano como tú a emprender este viaje a Europa?

En el sitio de donde vengo, los jóvenes no tienen trabajo y si lo tienen sólo les permite vivir el día a día. El viaje a Europa es para ellos una forma de prosperar y de ganar prestigio. Los jóvenes buscan también una formación y una salida.

Muchos inmigrantes que residen en Europa y vuelven de vez en cuando a su país exageran enormemente las condiciones en las que viven. Mienten sobre su situación, esconden las dificultades que pasan en España y el viaje que han tenido que hacer, y todo esto alimenta ese deseo por emigrar y la idea de que Europa es un paraíso.

¿Cuáles eran los factores que determinaban el trayecto de tu viaje?

Los contactos que van surgiendo son los que influyen esencialmente a la hora de elegir el destino. Los traficantes en Gambia se ponen en contacto con otros traficantes en Senegal y estos traficantes son los que te llevan luego a Mali o Burkina Faso. Existen engranajes.
Malí es un destino importante porque desde ahí es más fácil llegar a Argelia o Libia. En cambio, por el peligro que supone, se evita pasar por Mauritania. Es una zona muy difícil de atravesar. Hay muchas minas antipersonales debido al conflicto con el Frente Polisario.

¿Cómo viajabas de un sitio a otro?

Llegué a viajar en coche, en tren, a pie y en autobús. Entre Gambia y Senegal, hice el viaje en coche. Luego, en Malí, viajé en tren hasta Bamako. De Bamako a Níger viajé nuevamente en coche. La elección de uno u otro depende muchas veces de las redes de traficantes.

¿Qué sentías al llegar a una nueva ciudad?

Sentía un miedo enorme cuando llegaba a una ciudad porque no tenía mucho dinero y no sabía lo que me podía ocurrir.

Has comentado en reiteradas ocasiones que el dinero llegaba a ser un problema porque los traficantes te cobraban por cada traslado. Al final, ¿Cuánto crees que pagaste por todo?

Estimo que unos 5.000 euros. Cada viaje, cada traslado en coche o autobús, supone un coste elevado pero también los agentes de policía y los traficantes nos exigían mucho dinero. Nos tocaba cada vez pagar 20 euros a desconocidos y otros elevados importes a personas que nos chantajeaban y amenazaban con delatarnos.

¿Cuáles son los peores y mejores recuerdos que rescatas de este viaje?

Los peores recuerdos residen en el maltrato entre humanos y cómo algunos se aprovechan de la necesidad de otros. Los traficantes nos robaban siempre más dinero, Nos robaron incluso hasta la ropa y abusaban de las mujeres que viajaban con nosotros. Vi cómo abrieron con un cuchillo la barriga de una mujer de Eritrea que decía no tener dinero. Vi también cómo en el camino se morían mis compañeros de tanta sed, cómo se caían en el camino después de entregarme su dinero. Era algo horrible. Durante los viajes a pie, podían morir uno o dos hombres cada día. Cuando empezamos a cruzar el Sahara éramos un grupo de 80 personas y al destino final sólo éramos cuatro o cinco.
Lo más bonito del viaje era la solidaridad y la humanidad que podía existir en el campo: la gente que nos ofrecía un sitio para dormir, el agricultor que nos traía agua o nos dejaba montar en su burro...

¿Volverías a hacer este viaje sabiendo que ahora resides aquí?

No.

¿Después de un viaje como el tuyo que es lo que más te ha dolido al llegar a España?

Al llegar aquí me ha dolido especialmente la falta de solidaridad. No tenía dinero para nada. Sin embargo, en África sentía que era más fácil acercarse a la gente y preguntar por algo. Aunque haya menos para compartir, se suele compartir con más ganas.
También me sorprendió el despilfarro en las calles, la cantidad de comida que tiraban los restaurantes (y esos mismos restaurantes se negaban a hablar conmigo para ayudarme). Todo esto ligado con la extrema soledad a la que me vi expuesto me afectó muchísimo.

¿Cuánto tiempo tardaste en redactar esta obra y cómo te organizaste?

Tardé dos años en redactar esta obra. Lo hice primero en inglés y luego la tradujimos con la ayuda de una correctora para finalmente publicarla este año.

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