MITOLOGÍA
Dos mitos de la literatura africana

Antes de que la FIFA decidiese poner de moda África, este continente tenía una historia que
es posible rastrear a través de la mitología. Descubrimos dos de los mitos más populares de esta
tradición: el del rey justo Sundiata Keita y el de Shangó, el dios guerrero.

19/07/10 · 8:00
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Ilustración: CARLOS VELASCO

Indagando en la historia africana
legada de la tradición oral,
descubrimos un mundo vasto y
rico comparable con el de la mitología
griega o india. Las grandes
figuras que, con el tiempo, se
han convertido en santos o deidades,
nacen de momentos claves
de la historia de sus pueblos.
Sundiata Keita, el fundador del
Imperio de Malí, y Shangó, el
cuarto rey del antiguo Oyó (actual
zona de Nigeria) son algunos
de esos grandes personajes
históricos que han ido convirtiéndose
en figuras míticas a través
del tiempo.

El mito de Sundiata Keita:
el León de Malí

Con la figura de un niño tullido
surge el mito de Sundiata Keita
a principios del siglo XII en el
Imperio de Malí. Nacido de la
segunda esposa de un poderoso
monarca, el joven fue apartado
del poder y condenado al exilio
por un entorno hostil y receloso.

Desde muy pequeño, Sundiata
demostró una gran capacidad
de superación, se entrenó en el
uso de armas específicas y se le
atribuyeron grandes poderes
mágicos al recobrar el uso de
sus dos piernas. Sin embargo, la
historia de Sundiata Keita no se
detiene aquí. Demostrando una
fuerte voluntad y una visión de
futuro, el muchacho reunió a todas
las poblaciones vecinas y organizó
una expedición con la
idea de recuperar el poder. Su
ambición y capacidad de persuasión
le permitieron elaborar
una coalición inédita que terminó
aplastando al rey que le había
apartado del poder.

La victoria de Sundiata Keita
le valió el nombre de León de
Malí y facilitó la creación de uno
de los imperios más prósperos
del África Occidental. Tras ser
proclamado Mansa (rey absoluto),
el reino conoció un largo período
de estabilidad. El monarca
es recordado hoy como una figura
emblemática de los tiempos
de oro. De su período de poder
se destaca también su sabiduría,
perspicacia y tolerancia,
que favorecieron la coexistencia
pacífica del islam y del animismo.

Con el tiempo, la tradición
oral y los griots (historiadores
tradicionales del oeste africano)
pusieron énfasis en los poderes
del apreciado rey que supo superar
las peores fatalidades
transformándolo en un mito sinónimo
de las mejores empresas.
En la actualidad, el mito de
Sundiata Keita alude al valor y la
eficacia de los gobernantes que
apuestan por la unión, el diálogo
y la justicia.

Shangó, el dios del trueno y
de la guerra

El mito de Shangó, famoso en
la mitología yoruba, nació aproximadamente
en el siglo X con
la figura del cuarto monarca del
antiguo reino de Oyó (en el actual
Estado de Nigeria). Era
considerado un rey tiránico y
guerrero, causante de numerosos
conflictos bélicos. Por eso,
dos de sus ministros se aliaron
para apartarle del poder y, en
una lucha despiadada, Shangó
tuvo que huir al bosque para refugiarse.
Presa de la humillación
y del destierro, el monarca
depuesto decidió ahorcarse y,
desde entonces, por medio de
la tradición oral, el mito fue creciendo
hasta adoptar el aspecto
de un dios temible, representante
de los relámpagos y de las
tormentas. Las leyendas cuentan
que, pese a su tentativa de
ahorcamiento, Shangó nunca
murió, sino que retomó su lugar
en el firmamento y, desde
ahí, vigila a la humanidad.

Alguno de los elementos que
alimentaron este mito es la posición
geográfica del reino de Oyó
(en Nigeria). Según las estadísticas,
es uno de los sitios del planeta
en el que cae mayor número
de descargas eléctricas por
milla cuadrada. De ahí que se
relacionara el miedo causado
por la naturaleza con la figura
despiadada del tirano depuesto
y se acabara creando una divinidad
belicosa y amenazante. Más
adelante, los esclavos yorubas
trasladados a Cuba y Brasil siguieron
refiriéndose a Shangó
como una divinidad del trueno y
lo integraron en sus creencias
sincréticas. En la santería cubana,
no obstante, Shangó se ilustra
como uno de los santos (orishas)
más populares, caracterizado
por la virilidad, los rayos,
el fuego y la danza.

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