Diyarbakir. Donostia

El 57 Donostia Zinemaldia, que ha adolecido de escasa innovación
en las formas de narrar y de las historias presentadas, ha dado
a conocer el trabajo de Miraz Bezar, director de Min dît
(The Children of Diyarbakir), premio de la Juventud.

05/10/09 · 0:00
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En el Festival Internacional de Cine de San Sebastián se presentó Min Dît o The Children of Diyarbakir, una película rodada en lengua kurda en la ciudad más grande del Kurdistán turco, una apuesta por mostrar un conflicto muchos años ocultado y en escasas ocasiones reflejado en el cine. La presentación coincide con el momento histórico en que se encuentra el conflicto kurdo (que ha provocado más de 40.000 muertes en los últimos 25 años), cuando el Gobierno turco parece estar dando pasos en el reconocimiento de los derechos de la población kurda.
A través de una niña y un niño, el director Miraz Bezar nos muestra la extrema violencia sufrida durante años, los asesinatos perpetrados por grupos paramilitares, la situación de las niñas y niños que a consecuencia del conflicto tienen que vivir en la calle. Bezar con su primer largometraje pretende que la comprensión de lo sucedido sea un paso para la paz y plantea un deseo utópico realizado por sus protagonistas como modo de salir de la espiral de violencia en que se encuentra su pueblo.

Naciste en Ankara, pero tras el golpe de Estado de 1980 tuviste que irte con tu familia, de origen kurdo, a Alemania, ¿Qué conocimiento has tenido del conflicto del Kurdistán? ¿Se hablaba en tu familia sobre lo que sucedía allí?
Crecí en Turquía hasta los nueve años siendo kurdo, pues aunque viviera en Ankara desde la infancia tienes conciencia de ser kurdo, más aún si tu familia está implicada políticamente. Aunque nos fuéramos a Alemania siempre el tema principal en casa era lo que pasaba en nuestro país. Sabía que había gente que estaba en peligro, que los kurdos no podían ni decir que lo eran, conocía la lucha. Eso estaba siempre en mi mente, y en mi corazón.

Cuando escribiste el guión, ¿en qué situaciones te basaste para tratar este tema?

Me mudé a Diyarbakir, y aunque tenía algo en mente, aún no lo había escrito hasta llegar allí. Estuve documentándome con un periodista que trabajó allí en los tiempos en que la situación estaba más difícil. Recorrí organizaciones de derechos humanos para tener más información y encontrarme con gente que había sufrido las desapariciones y asesinatos. En uno de los encuentros conocí a una chica de 22 años que me habló de su infancia, de cómo se quedó sola con su hermano y un bebé porque su padre fue arrestado y su madre ya no estaba allí. Sentí que esta historia tan emotiva podía reflejar muchas otras, así que uní varios testimonios a éste para crear el guión.

En la película muestras la violencia extrema que se da en este territorio, sin embargo los y las niñas reaccionan ante la situación de una forma no violenta, ¿crees que el tipo de acciones de desobediencia civil que muestras en la película han sucedido o sucede en el Kurdistán?

No. Es un deseo por mi parte. Normalmente la reacción ante la violencia es violencia, es una espiral que continúa y que se transmite a la siguiente generación. En la película pude contar con niñas y niños como protagonistas principales y mostrar cómo están forzados a utilizar la violencia, pero hay un momento en que se detienen para decidir y pensar sobre lo que sucede cuando se utiliza. Es entonces cuando recuerdan el cuento que les contaba su madre y reaccionan de otro modo. Para mí es una forma de transmitir que hay algo en nuestro interior que nos puede llevar a romper la espiral. Planteé una idea utópica sobre la que reflexionar.

Pero esta idea utópica parece contrastar con las imágenes de niños con armas en las calles de Diyarbakir, que muestras de modo documental.

Cuando filmamos aquello era el día después del fin de Ramadán, una gran fiesta en que las familias se encuentran. Y en todas partes había niños con armas. Consideré que había que filmarlo, porque eso es de lo que trata la película: por qué los niños tienen armas como juguetes, qué hay detrás de ello. Aunque había mostrado un final utópico, no es eso lo que va a pasar si no cambiamos las cosas, esos niños son la siguiente generación.

¿Tuvisteis problemas con el gobierno turco para filmar en Diyarbakir esta historia?

No. Llevábamos un guión que trataba sobre niños de la calle. Aunque si hubiéramos enseñado el guión original creo que tampoco hubiéramos tenido problemas porque Diyarbakir está ahora gobernado por un partido kurdo, pese a que la policía y las autoridades son aún turcas. Creo que hoy es posible contar este tipo de historias.

Planteas la película en un tiempo no definido, puede ser la década de los ‘90, pero no lo especificas, ¿por qué?

Porque las cosas a veces cambian muy rápido. Cuando lo rodamos en 2007 este tema de los paramilitares no se hablaba, en el verano de 2009 ya se está hablando. Diez años antes había de diez a quince asesinatos diarios, ahora hay uno cada dos o tres meses, y no sabemos si está conectado con los paramilitares. Las cosas han cambiado. Pero no queríamos situar la película en los ‘90 y que se percibiera como que éso sucedió en un tiempo pasado y ahora ya está todo bien. Si no se habla sobre ello, si no se escucha lo que le ha pasado a la gente, puede seguir pasando una y otra vez. Hasta que no se reconozca lo que sucedió y se plantee evitar que vuelva a pasar, no se puede poner una fecha a esto.

En una de las propuestas de paz del PKK se hablaba de los medios de comunicación como un elemento principal en el cambio de mentalidad de la población turca hacia la kurda, algo imprescindible para avanzar en el fin de tantos años de guerra. ¿Consideras que tu película, y el cine en general, puede ser una herramienta en la resolución del conflicto?

Creo que sí. Lo que he hecho es mostrar el conflicto a través de los ojos de unos niños. Los niños son inocentes, tratan de sobrevivir sin entender por qué se ven afectados por tanta violencia. Mostrar sus sentimientos puede hacer entender a la gente turca tanto la situación de estos niños que están en la calle como todo su contexto. No digo que todo lo que muestro sea la verdad, o sea lo único que debe ser contado. Lo que pretendo es que cada cual pueda sentir un poco de lo que sucede al otro lado, promover la empatía entre la gente, si no, no se resolverá el conflicto.

¿Crees que en Turquía se verá tu película?

Espero que sí. Hace dos años tenía más miedo de que no se pudiera exhibir en los cines. Pero ahora hemos sido invitados al festival más prestigioso de Turquía, el Antalya Film Festival, una gran sorpresa. Se ha incluido en competición nacional y es la primera película en lengua kurda en los casi 50 años que lleva este festival, es un paso el que se haya aceptado.

’Precious’ se lleva el premio del público

En la edición 57 de un festival en el que las salas se abarrotan de gente para ver películas de todo tipo, y en esta ocasión con pocos materiales que sorprendieran en su forma de narrar, el premio del público fue para la película Precious de Lee Daniels (director entre otras de Monster’s Ball).

El largo está basado en el libro Push, primera novela de la controvertida escritora norteamericana Sapphire, novela descubierta por Charlotte Sheedy (representante de grandes escritoras como Audre Lorde). La protagonista de la historia lleva una vida difícil en el Harlem de 1987, tiene 16 años y sufre abusos y maltrato en su hogar. Pero la película no se queda en el reflejo del drama que vive Precious, ni la victimiza, ella en casa se evade con fantasías de éxito y de amor que le ayudan a seguir adelante. El paso definitivo lo encontrará en una clase de una “escuela alternativa”, donde su profesora se preocupa de que aprenda, de que se sienta capaz de expresarse y con ello se busque a sí misma. Precious siente que con su profesora no debe huir a un mundo fantástico para encontrar el amor, porque ella se lo demuestra en la realidad. Una película cargada de vitalidad que también ganó el premio Otra Mirada dedicado a cine sobre mujeres, porque “no se limita a denunciar los estereotipos de una sociedad, los desafía con respuestas originales y positivas que dejan sitio para la esperanza, para el optimismo”. Entre otras películas a destacar está La mujer sin piano de Javier Rebollo, quien recibió la Concha de Plata al mejor director. La película provocó aplausos y silbidos entre el público. Carmen Machi protagoniza el relato de una mujer que rompe con su predecible cotidianidad en una noche muy poco corriente.Michael Winterbottom (Nine Songs, Wonderland) presentó el documental La doctrina del Shock, basado en el último libro de Naomi Klein. En él se muestra la historia del liberalismo con el objetivo de motivar a actuar contra un mundo gobernado durante décadas por el libre mercado. Otra película que se salió de argumentos manidos fue la del siempre sorprendente Terry Gilliam, que presentó El imaginario del Dr. Parnassus.

Presencia iraní

Tanto en la sección oficial como en Zabaltegi (donde se estrenan grandes películas que no optan a la Concha de Oro), directoras y directores iraníes presentaron sus largometrajes, todos ellos atravesados por la protesta hacia la situación política de su país. The white meadows de Mohammad Rasoulof se sitúa en el escenario de un gran mar salado, con una impresionante fotografía, en donde el protagonista recoge las lágrimas de quienes sufren las tradiciones, que son mostradas como formas de tortura sin sentido.

Bahman Ghobadi volvió a San Sebastián tras ganar dos Conchas de Oro por Las tortugas también vuelan y Half Moon. En esta última se denunciaba que a las mujeres se les prohíba cantar y parece tener cierta continuidad con la película que estrena este año: Nadie sabe nada de gatos persas, que narra la inquietud de una chica y un chico por crear un grupo de música y dar conciertos fuera de su país. A través de la búsqueda de estos personajes, Ghobadi nos enseña la cara oculta de Teherán, los sótanos y azoteas en donde la gente se junta para tocar.

La directora iraní Samira Makhmalbaf, que obtuvo el Premio Especial del Jurado del Festival de San Sebastián del año pasado por El caballo de dos piernas, ha formado parte del jurado en esta edición. Su hermana Hana Makhmalbaf, que obtuvo ese mismo galardón en 2007 con Buda explotó por vergüenza, presentó Green Days sobre la campaña presidencial de junio de 2009 en Irán y la crítica a la toma del poder por parte de Ahmadineyad.

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