ESPECIAL JAZZ
Diversos ritmos para el sonido de la libertad
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PINCHO

En los campos algodoneros de Louisiana (Estados Unidos) del siglo XIX un canto disperso
basado en el blues dio origen al jazz, cuya expansión fue en paralelo a la conquista de
derechos por parte de los afroamericanos.

11/11/09 · 12:51
Edición impresa

El jazz es un estilo musical arraigado
en el corazón de Nueva
Orleans y derramado desde el
Mississippi para todo el mundo.
Hablar de jazz no es sólo hablar
de música, también representa
la consumación de varias mezclas
de razas y culturas, pero sobre
todo, es una de las más fieles
voces de la libertad. Nace como
canto de protesta y realidad, baile
y alegría entre los campos algodoneros
de Louisiana, a finales
del siglo XIX y principios del
XX. Ahí, los afroamericanos empezaron
a desahogarse cantando
sus historias a base de ritmos
improvisados y notas que se
arrastraban desafinadamente
por la escala del blues. Melodías
que se transformaron en jazz en
algún bar de Storyville, Nueva
Orleans. El mismo lugar que vio
nacer a uno de sus hijos predilectos,
el legendario trompetista
Louis Armstrong (1900-1971).
Era la época de las guerras y
las transformaciones del hombre
moderno. El negro libraba
su propia batalla en una tierra a
la que había llegado en barcos
de madera, encadenado, sin
identidad, y que tuvo que hacer
suya inventándose una nueva
historia, haciendo de sus desgracias
auténticas fiestas, reivindicando
su propia fuerza heredada del África más profunda.
Los años pasaban dejando
atrás las worksongs del campo y
los cantos espirituales. Las incomprensibles
melodías fueron
convirtiéndose en versiones más
elocuentes, aunque la improvisación
y el fuerte individualismo
que profesaban sus intérpretes
se mantuvieron intactos. La
Original Dixieland Band es la
primera en definir y plasmar el
concepto jazz en 1917. Nueva
Orleans ya tenía un estilo propio,
el ragtime, esculpido por
King Oliver, Sydney Bechet,
Boddy Bolden, Freddie Keprard
y Louis Armstrong, a quienes se
considera los primeros jazzmen.
La cultura estadounidense vio
en el jazz una tarjeta de identidad
propia, reconociendo y
abriendo la escabrosa brecha
para que, años después, el afroamericano
fuera considerado un
ser humano digno y con derechos
propios. Ante la popularidad
del jazz, el blanco también
quiso sentirlo y así nacieron, en
los años ‘20, los New Orleans
Rhythm Kings, que combinaban
el estilo Nueva Orleans con el
que ya venía apareciendo en
Chicago. Así, el jazz, entre movimientos
armados, revoluciones
sociales y políticas en decadencia,
daba una lección de integridad
e igualdad social y sobre todo
de libertad.
Frases como “el jazz perdurará
mientras la gente lo escuche
con los pies y no con la cabeza”,
dicha por Phillip Sousa, se fueron
diluyendo con el paso del
tiempo, porque el jazz no podía
quedarse sólo en una simple melodía
para bailar. La evolución
era constante, y después de 30
años intensos entre las Big
Bands y la explosión del swing,
el jazz empezó a escucharse con
la cabeza dando paso a una de
sus mayores transformaciones.

La llegada del Bebop

El bebop nació de la frustración
de los jóvenes músicos hacia las
limitaciones que suponían los
estilos ya establecidos. Eran músicos
que empezaron a tocar ritmos
más furiosos, llenando los
espacios con solos imposibles e
impensables para una orquesta,
burlándose así de las normas y
de las monótonas rutinas que tenía
el jazz de la época. Los más
consolidados les dieron la espalda,
pero estos músicos tocaban
desde las raíces y se mostraron
más honestos que los que ya se
codeaban con los cantantes modernos
de baladas como Charlie
Crosby o Frank Sinatra.
Dizzy Gillespie y Charlie
Parker encabezaron esta revolución
de ritmos y tiempos.
Consumaban su desparpajo y
atrevimiento con cada solo interpretado
ahí donde iban. El
jazz se volvió culto, intelectual,
pero nunca se alejó del Mississippi,
tampoco de la calle, los
bares y las noches de Harlem.
Duke Ellington afirmaba que
el jazz “no existe en el texto musical,
sólo puede darse en la ejecución”,
reafirmando que el
virtuosismo del jazzista está en
la inagotable imaginación para
improvisar. El jazz ha seguido
mezclándose con muchos estilos
de música. Sigue en búsquedas
personales sin un estilo definido,
lo que puede parecer un
camino incierto, pero rompe, y
seguirá rompiendo, normas y reglas
por naturaleza propia.


DISCOS CLAVE

Bird & Diz at Carneggie Hall
C. Parker y D. Gillespie.
En 1947, Charlie Parker y Dizzie Gillespie,
liderando a Miles Davis, Tommy
Potter, Duke Jordan y Max Roach, realizaron
una de sus mejores interpretaciones
en el Carneggie Hall de Nueva York.

Sketches of Spain
Miles Davis.
El sonido de unas castañuelas abre este
disco que comienza con una versión del
Concierto de Aranjuez. Un disco de 1959
en el que el trompetista de Illinois se marca
una saeta y una soleá.

Jazz Samba
Stan Getz, Charlie Byrd.
Inevitable cruce de caminos entre jazz y
música brasileña. La versión de Desafinado
que abre el álbum nos introduce en
un espacio a medio camino entre la cachaça
y el whisky peleón del primer jazz.

A Love Supreme
John Coltrane.
Grabado en una sola sesión el 9 de diciembre
de 1964 en un estudio de Nueva
Jersey. Es considerado uno de los discos
con los que nace el jazz de vanguardia y
una de las obras maestras de Coltrane.

The Sidewinder
Lee Morgan.
Morgan, quien participó en el mítico
Blue Train de Coltrane, se despachó con
una pieza del jazz más narrativo. Él es
un artífice del sonido Blue Note, que aún
hoy suena en los garitos más en boga.

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