Seminario Campceptualismos de Sur // MACBA
Cuando hablan las subalternas

Pobre, migrante, andaluz, sudaca, exótica, hortera, trepa, folclórica, dislocada, charnega, petarda... Son retóricas de inadecuación política que indican mal gusto, bajeza, patología, degradación o exceso. Contra los estereotipos y las estructuras de dominación emergieron las culturas subalternas de los '70 y los '80 en el Estado español y en Latinoamérica, durante las sucesivas dictaduras.

, Barcelona
12/12/12 · 23:28
Sergio Zevallos (Grupo Chaclacayo), con la colaboración de Frido Martin, de las series "Rosa Cordis" (1986). / Sergio Zevallos / MACBA

Desde Paco Ocaña (Estado español) a Maria Montez (República Dominicana), de Hélio Oiticica (Brasil) a las Yeguas de la Apocalipsis (Chile) y a las travestis de las ramblas o de los cafés cantantes, pasando por el punk tropical de Potato o la insolencia insurrecta de las Vulpes a rimo de “me gusta ser una zorra”.

De todos estos ejemplos hablamos en el Seminario Campceptualismos del Sur que organizó el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) los pasados 19 y 20 de noviembre. Allí nos metimos de lleno en el desafío de desestabilizar las categorías y temporalidades de la historiografía “gringa” feminista y queer para poner el ojo en las micropolíticas locales y prácticas postidentitarias de disidencia cultural que se desarrollaron en los '70 y '80, en contextos del “sur”, dictatoriales, postdictatoriales y postcoloniales.

Un conjunto de producciones artísticas y políticas vinculadas con la contracultura sexual y de género que, de América Latina al Estado Español, agotan los discursos y las formas de resistencia tradicionales, tanto de la izquierda marxista como de los movimientos feministas, lesbianos y gays más clásicos. Pero de las que tampoco podemos dar cuenta, de manera crítica, sin renunciar a las narrativas queer norteamericanas a través de un gesto de desplazamiento geopolítico.

Se trata de descolonizar las gramáticas hegemónicas de liberación confrontándolas con las prácticas periféricas y los discursos locales. Una serie de estéticas y políticas de resistencia consideradas “menores” que piden a gritos ser leídas con otras temporalidades, con otras retóricas propias que no oculten los contextos de producción, en demasiadas ocasiones, vinculados con reacciones y resistencias a los proyectos autoritarios, católicos y nacionales de construcción de la identidad y la subjetividad propios de los regímenes totalitarios.

Memoria de la contracultura

Pero ¿qué sentido tiene este contra-archivo petardo? ¿Para qué revivir a viejos bastardos horteras y desviados? ¿Por qué resucitar a nuestros muertos más barriobajeros? Sin duda para ensanchar nuestro imaginario cultural y crear otros posibles. Pero, sobre todo, para devolverles su productividad, su fuerza subversiva y las posibilidades que abren para pensar y accionar el presente.

La perspectiva del sur como una manera de desestabilizar lo dominante. Como forma de defensa ante el consumismo queer y la gradual comercialización de las estéticas trans-marica-bollo. Como respuesta a las tendencias reaccionarias y aburguesadas que venden y neutralizan la contracultura de los bajos fondos. Como resistencia al capitalismo rosa y al feminismo de Estado.

Se trata también de mostrar cómo esa tendencia a pensar “lo local” con los términos del “norte” no es política ni productiva pues, de alguna forma, no hace más que contribuir a naturalizar la genealogía dominante. Una narración dónde nosotras, precarias, artistas, teóricas migrantes, pobres y con “duende”, militantes, intelectuales, proletarias del mal gusto, sólo somos notas a pie de página, reductos anecdóticos del verdadero arte, apéndices de la alta cultura, o curiosidades de la cultura popular mas trash, estudiadas con condescendencia por “gafapastas” del norte, a los que les pone lo exótico subversivo de sur, en sus museos del norte, con sus conceptos del norte.

Ocaña, esa locaza anarquista

En este viaje apasionante, Beatriz Preciado -que dirigió el seminario del MACBA- nos propone utilizar a Ocaña para enfrentamos a estos presupuestos institucionales de despolitización de la contracultura contemporánea, a la neutralización y esencialización de la disidencia y la resistencia artística. Alguien dijo una vez que toda revolución necesita reinventar sus propios mitos. Y cuanto más mentira sean mejor para nosotras.

De familia andaluza, pobre y obrera, “sexiliado” en Catalunya, un artista multifacético cuya práctica travesti devora toda una producción plástica y performativa ingente. La historiografía franquista propone a Ocaña como artista travesti, otorgándole la posición de subalternidad despolitizada que da lo kitch. Pero la Ocaña beata, milagrera e irreverente se resiste a la historia y cortocircuita las narrativas mainstream con su imposibilidad conceptual. “Tanto frente a las drag-queens de Nueva York, como a las intelectualas o a los marxistas ortodoxos, se afirma como gitana y libertaria”. Ni marica, ni marxista, ni feminista. Ni español, ni andaluz, ni catalán. Ocaña descompone ante nuestras narices los procesos de construcción de la dicotomía hegemonía y subalternidad.

La actividad artística y política de Ocaña, ubicada en los últimos años de la dictadura franquista y los primeros de la democracia, más visible en la prensa que en las galerías, se enmarca en un contexto político bien concreto en el que están operando de forma paralela diferentes dispositivos de regulación y control social (la famosa "Transición Española").

La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social

Por un lado, un régimen dictatorial en descomposición que condena a garrote vil a Salvador Puig Antich (1973), haciendo gala de la vigencia de sus técnicas “tanatopolíticas” mediante signos hiperbólicos que muestran la persistencia del caduco poder soberano. Por otro lado, al mismo tiempo, los poderes de la dictadura mutan, se renuevan y especializan. El régimen, de la mano de Pilar Primo de Rivera, promulga la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (LPRS) y empieza así a apuntar maneras “biopoliticas” más típicas de las democracias capitalistas.

La LPRS introduce la categoría homosexual como técnica gubernamental. Un enfermo al que patologizar, un criminal al que condenar y un depravado moral al que rehabilitar. El disidente sexual se convierte al mismo tiempo en sujeto político de resistencia y en figura jurídico-médica susceptible de encierro, en psiquiátricos, sanatorios, prisiones, etc. Homosexuales, pornógrafos, pandilleros, travestis, afeminados, pasivos, machorras, drogadictas, putas, melenudos, mendigas. “Sexo, droga y rock and rock”. El lenguaje del nacionalatolicismo nos nombra por primera vez y, en todo un acto de de habla performativo, nos constituye.

Para el régimen es urgente y necesario marcar y contener todas estas formas de desviación sexual y de género, de luchas culturales que no están contenidas en las formas clásicas de organización social, ni en la lógica de la izquierda tradicional, movimientos políticos que exceden las técnicas de control del fascismo.

Movimientos globales contemporáneos

Del otro lado, en el contexto global, emergieron movimientos sociales contemporáneos: el movimiento estudiantil y el mayo del 68 en Francia y también en América Latina, la autonomía obrera en Italia, el movimiento negro y por los derechos civiles en EEUU, los movimientos ecologistas, el feminismo radical y los movimientos de liberación sexual. Con ellos, una serie de sujetos se constituyen como nuevos agentes sociales de cambio.

En este sentido, la LPRS española define el entramado de los sujetos políticos revolucionarios del nuevo siglo que con escasas y precarias armas (fiestas, fancines, performances, cómics, orgías, música, ateneos, estupefacientes y cetros sociales, etc) parecen poner en jaque al núcleo duro del nacionalcatolicismo. Se pone en práctica así una nueva regulación higienista del espacio público, una nueva gestión cartográfica de la ciudad, que permitirá limpiar a estos usurarios erráticos de la esfera pública.

Pero ¿qué activan hoy ciertas prácticas artísticas de los años '70 y '80? ¿Cuál es su potencial político? En un momento de crisis de las socialdemocracia liberal y envueltas en un clima de malestar y de protesta social, estxs artistas nos convocan a enunciar colectivamente las subjetividades, analizar con otro sentidos los actuales mecanismos de poder y la coyuntura política.

La nueva categoría antisistema

Hace unos meses, la Generalitat de Cataluña, con el Conseller Puig a la cabeza, puso en marcha una web para que la ciudadanía pudiera delatar a las personas que las autoridades catalanas consideraban que habían protagonizado “episodios de violencia callejera” en la anterior huelga general en Barcelona.

La página recogía fotografías explícitas de 68 personas y animaba a lxs visitantes a denunciar a sus vecinos y vecinas “antisistema”. Todo un esfuerzo criminalizador por parte de las autoridades por construir la denominación “antisistema” como una figura política y conseguir que acabe convirtiéndose en un delito.

Tras esa nueva categoría, “antisistema”, se esconde una etiqueta destinada a ser aplicada a la disidencia política radical en general. Es decir, a todas aquellas personas que se atreven a refutar de forma directa un orden político, social y económico basado en la injusticia y la explotación. Y somos muchas las que, en ese sentido, no tenemos ningún inconveniente en reconocernos como “antisistema” y en lucir dicha injuria con orgullo.

En la misma línea, Transportes Metropolitanos de Barcelona, cuyo máximo accionista es el Ayuntamiento de dicha ciudad, ha activado una aplicación para smart phone con el objetivo de que los usuarios “respetables” del metro puedan denunciar todo un batiburrillo de supuestos “actos incívicos” que van desde colarse sin pagar, pernoctar, sentarse en el suelo o poner los pies encima del asiento, a colgar pegatinas y carteles, beber, practicar sexo, escupir o fumar.

Regular la disidencia

Tal vez esa mezcla y sofisticación de técnicas de represión y control, junto con la lluvia desmesurada de normativas municipales y de códigos del civismo que desde hace unos años está inundando nuestras ciudades, no implique más que una nueva fórmula de regulación del espacio público y de la disidencia.

Algunas de dichas ordenanzas municipales mezclan la actividad de movimientos sociales en el espacio público con cuestiones de “civismo, convivencia y seguridad” mientras se esmeran claramente en recortar nuestros derechos civiles y sexuales (derecho de reunión, manifestación, acceso al cuerpo y a la sexualidad, cuestiones de tránsito, ocupación y movilidad).

Se hace más explícita que nunca la limitación de nuestras formas de protesta, organización y supervivencia. El acoso al que en los últimos años está siendo sometido el movimiento okupa en Madrid y Barcelona. Los desalojos de cientos de familias desahuciadas y realojadas en viviendas vacías por todo el Estado.

El incremento de la represión encarnizada hacia las luchas estudiantiles. La penalización y persecución de las trabajadoras sexuales que ejercen la prostitución a pie de calle. Las cargas indiscriminadas y la extrema violencia policial durante las manifestaciones. La prisión preventiva para piquetes y huelguistas. El debate en los medios, instigado por Aberto Ruiz Gallardón, sobre la pertinencia de reformar el código civil, el llamado Código de la Democracia, para penalizar el derecho legal de resistencia, la desobediencia y la resistencia pasiva.

La socialdemocracia se reorganiza

Para ello necesita echar mano de las viejas técnicas del poder totalitario, de las prácticas de muerte del fascismo, si alguna vez las abandonó del todo. Mediante la re-activación de todo su aparato de violencia simbólica, policial y judicial. Detenciones arbitrarias, golpes y torturas, prisiones preventivas y presxs políticxs.

Los mecanismos de sus democracias liberales ya no alcanzan a contener estas nuevas formas de protesta y creación de alternativas. Y aparecen así nuevos sujetos revolucionarios (antisistemas, okupas, yayxflautas, radicales, indignadxs, desahuciadxs, precarixs...) y nuevas luchas de fuerzas en la construcción subjetiva de estas identidades.

El seminario Campcentualismos del Sur: Tropicamp, políticas performativas y subalternidad se hizo el 19 y 20 de noviembre de 2012 en el auditorio del MACBA. La entrada fue gratuita y las sesiones se retransmitieron por video streaming. Esta iniciativa forma parte del Programa de Estudios Independientes (PEI) del museo y ha estado dirigida por Beatriz Preciado con la participación de Aimar Arriola, Alex, Brahim, Max, Jorge Hinderer Cruz, R. Marcos Mota, Alicia Navarro, Fernanda Nogueira, Miguel A. López y Marc Siegel.

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comentarios

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    queergender
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    04/01/2013 - 10:26pm
    Extracto de <strong>Queer</strong> Guay Bcn<br />Por una subalterna cabreada.<br /><br />Barcelona, ciudad marca, donde las casitas baratas del barrio obrero del Bonpastor vienen<br />desahuciadas para dejar el paso al museo de la vivienda popular, donde el adjetivo &ldquo;multiétnico&rdquo;<br />viene utilizado para sacar más pasta a los turistas que quieran saborear el gusto exótico de vivir en<br />el Raval y donde el museo de arte contemporáneo (MACBA) organiza seminarios sobre teórias<br />queer en el sur global.<br />En una ciudad capaz de tragar, digerir y cagar en forma de producto todos los mensajes disidentes y<br />las identidades marginales, las luchas transfeministas y queer están a riesgo de volverse en un punto<br />más dentro de la agenda cultural de los modernos gafapasta. Una charla para llenar el vacío entre el<br />vermut de las 7 y el tapeo de las 10.<br />Las luchas trasfeministas más radicales están intentando liberarse de los lazos de los mensajes de<br />las estructuras institucionalistas llevados a cabo por partidos guaystas como Izquierda Unida , como<br />en el caso de la asamblea del Octubre Trans Barcelona 2012, que ha visto tristemente publicado su<br />cartel en la página de libertades afectivas-sexuales del dicho partido. Un intento patético, pero nada<br />inocente por parte de estos señores, de ponerse una estrellita más en el ámbito de las luchas<br />sociales, chupando como sanguijuelas el trabajo libre y autónomo de la asamblea.<br />Es en este marco que se inserta el seminario &#39;Conceptualismos del Sur- Tropicamp, políticas<br />performativas y subalternidad&#39;, organizado en el MACBA por Beatriz Preciado (la recordamos por<br />su contribución en la organización de la Internacional Queer en el museo Reina Sofía ). Este<br />seminario ha sido presentado como unas jornadas temáticas sobre teorías queer en el sur global. Dos<br />días de charlas tenida por academicxs (muy poco sulbalternxs) que se han dedicado a estudiar, o<br />mejor dicho a descafeinar, las luchas queer o personalidades disidentes en diferentes contextos<br />&#39;tropicales&#39; [...]
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