Cita con Contador el 14 de julio

Alberto Contador ha regresado al pelotón después de su escapada de seis
meses por los terrenos incómodos de una suspensión cautelar.

07/03/11 · 12:19
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Foto: Dani Sánchez.

Existen al menos dos posibilidades,
dos miradas actuales sobre
Alberto Contador. La primera se
compone de ruedas de prensa,
entrevistas exclusivas, alegaciones,
filtraciones, un largo etcétera
y una resolución absolutoria.

Es una historia que dura
205 días y que consiste en vislumbrar
cómo pudieron llegar
a la sangre de este corredor los
restos ínfimos de clembuterol
que le fueron detectados en el
pasado Tour de Francia. Se trata
de un relato entrecortado en el
que Contador suele aparecer en
camisa, con el gesto serio, rodeado
de micrófonos y pronunciando
frases redondas.

Seguir este caso es una invitación
a la duda. El aficionado
que quiere creer al corredor y
abraza la versión de la carne
contaminada no es ajeno a que
el dopaje en el ciclismo es un
problema estructural, tampoco
puede olvidar anteriores decepciones.

El aficionado que ya no
se cree nada duda también de
su escepticismo al observar la
vehemencia de Contador, al
que sabe sobrado de talento sobre
la bicicleta… y ahora parece
sobrado de indignación.
Con la llegada del otoño la
temporada ha ido languideciendo
y no hay carrera alguna
a la que agarrarse.

Las únicas
noticias que trascienden sobre
ciclismo hablan del ciclista de
Pinto, de una carnicería de Irún,
de un laboratorio de Colonia y
de la responsabilidad objetiva. Y
quien intenta indagar en esta
historia rocambolesca termina
en un callejón sin salida.

La forma de exculpar al corredor
consiste en considerar como
única hipótesis válida el consumo
sin negligencia de carne contaminada
con clembuterol. Pero
asusta el cúmulo de circunstancias
fatales que tuvieron que
darse para que esta maldita casualidad
se produjera.

Aunque
quizás asusta más pensar que la
normativa antidopaje haga recaer
la carga de la prueba sobre
el corredor, que ante un “resultado
adverso” es culpable mientras
no sea capaz de demostrar
su inocencia. Es invierno; sólo
queda una sensación de mareo
próxima a la náusea.

La luz del Algarve

La segunda mirada, que en algún
momento pareció improbable,
permite ver a Alberto Contador
pedaleando de nuevo en la
Vuelta al Algarve. El martes 15
de febrero la Federación Española
de Ciclismo exculpó al corredor
al dar credibilidad a las
alegaciones de su defensa.

La
Unión Ciclista Internacional
(UCI) y la Agencia Mundial Antidopaje
(AMA) pueden recurrir
esta decisión, pero mientras no
exista una resolución condenatoria
de una instancia superior,
Contador es inocente y libre para
correr donde le apetezca. Y
así lo hizo: ese mismo día voló a
Lisboa, recorrió en taxi la distancia
hasta Albufeira y en la
mañana del 16 de febrero tomó
la salida en la Vuelta al Algarve.

En esta posibilidad Contador
pedalea aliviado y en las rampas
insinúa ya ese ritmo ligero, fácil
en apariencia, esa forma de correr
única que en el ciclismo suele
llamarse “clase”. No está en
plena forma, pero se confunde
otra vez entre el pelotón e intenta
ganar como siempre.

Quienes tuvieron la oportunidad
de ver correr a Pantani
saben que algunos grandes corredores
son capaces de un último
cambio de ritmo. Ese giro
inesperado no tiene que ver
con el cálculo, está marcado
por un impulso distinto. Contador
se sitúa en la senda de los
ciclistas capaces de ese algo
más que escapa al análisis de
la potencia, a las complejas
mediciones del rendimiento
que agostan la espontaneidad.

Dejarse llevar por esta mirada,
por el tren suave de una ascensión
a ritmo es una tentación
demasiado apetecible... La
primera vez que Alberto Contador
subió el Tourmalet lo hizo
en una etapa intrascendente
en el Tour de 2009. Entre el rumor
de las cadenas del pelotón
su figura coincidía con la de
Lance Armstrong, el compañero
imposible. La segunda y la
tercera vez que coronó esta cima
de los Pirineos fue en el
Tour de 2010. Libró entonces
una batalla de ataques y gestos
con Andy Schleck, un juego de
esfuerzo y tensión. Pero entre
aquellas dos ascensiones realizadas
en julio del pasado año
tuvo lugar el análisis de resultado
positivo.

El nuevo encuentro con el
Tourmalet está previsto en
el Tour de 2011 para el próximo
14 de julio, en una etapa de
209 kilómetros que finaliza en
la cima de Luz-Ardiden. Si la
UCI, la AMA y el Tribunal
Arbitral del Deporte no lo impiden,
Contador se citará de nuevo
allí con los aficionados que
peregrinan cada año en romería
laica hasta las laderas de esta
montaña. Para acercarse al lado
inexplicable del ciclismo es suficiente
con apostarse en una cuneta
del Tourmalet y esperar
durante horas el paso fugaz del
pelotón con la esperanza de distinguir
el pedaleo único de
Alberto Contador

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Foto: Dani Sánchez.
Foto: Dani Sánchez.
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