Mikel Olaciregui
codirector de Documenta Madrid y la Cineteca
"El cine documental se mueve en otros parámetros de comunicación"

Mikel Olaciregui vuelve a la dirección de un festival después de dejar el de San Sebastián “sin nostalgia”.

, Madrid
10/05/13 · 16:43

Documenta Madrid llega a su décima edición con un nuevo equipo gestor. Mikel Olaciregui aplicó al Festival de Cine de San Sebastián una estructura empresarial que todavía mantiene. Con el festival internacional de cine documental en Madrid quiere hacer del recorte virtud. Los dos espacios de la Cineteca y la sala del Matadero de Madrid dedicada en exclusiva al cine de no ficción durante todo el año, acogen entre el 5 y el 12 de mayo una selección que en la que caben tanto figuras consagradas como noveles documentalistas.

Como exdirector del Festival de Cine de Donosti, eres un cinéfilo declarado. ¿Has sentido siempre la misma atracción hacia el género documental o es una nueva pasión para ti?

Hombre, este ha sido un amor casi inducido. En San Sebastián, siendo yo director, en el año 2001, fue la primera vez que una película documental entró en competición en condiciones de igualdad con el resto de la selección, además era una película española: En construcción, de José Luis Guerín. Muchas veces, al ver documentales pensaba: ¿y por qué no van a tener un espacio en el festival, igual que la ficción, aunque tengan unos planteamientos de producción y un foco diferentes? Después de aquello se siguieron incluyendo películas documentales en la competición oficial. Había una intención clara y manifiesta por mi parte de no disgregar al documental en una sección paralela.

¿Qué cambios has introducido con tu gestión?

Lo primero que vimos fue que al festival había que someterlo a un proceso de clarificación, de simplificación. Documenta Madrid tenía una programación, cuyo interés no pongo en cuestión, en la que había mucha dispersión. Había un exceso de oferta y un exceso de sedes. Todo ello daba una cierta sensación de desorden. De la necesidad hay que hacer virtud, había que abordar el hecho de que hay menos dinero público para este tipo de acciones. Ya que había que someter al festival a una cirugía, hagamos una cirugía que realmente sea reparadora. Lo que hemos hecho ha sido clarificarlo. La parte nuclear es la competición, tanto de largos como de cortos, en la cual entran todo tipo de documentales de todas las nacionalidades. Antes había secciones para el documental español, documental de creación… nosotros lo hemos acotado a una única categoría.

Como complemento, y creo que es una de las responsabilidades culturales que debe tener un festival, añadimos una sección paralela que es el panorama del documental español. Hemos decidido que lo compongan películas inéditas, es decir, más que un panorama de lo que ha sido, es un panorama de lo que probablemente vamos a ver en la segunda parte del año. En esta edición completamos la programación con una retrospectiva dedicada al documental durante la Transición española, que es una aproximación a un periodo histórico especialmente rico. Hemos publicado un libro sobre esto (Las voces del cambio, de Laura G. Vaquero). Además, junto con Casa de América y Casa Árabe hemos organizado ciclos más específicos sobre su áreas.

Este ya es un esquema muy reconocible con el de los grandes festivales, como el de Cannes, San Sebastián o Berlin. El otro punto diferencial es que las partes esenciales del festival, la competición y el panorama del documental español, se hacen aquí en la Cineteca, que durante todo el año es la sala del cine de lo real. Estos han sido los cambios por este año, pero obviamente la ambición pasa por que Documenta Madrid vaya subiendo peldaños en el ranking de los festivales internacionales, lo cual nos permitirá que si este año hemos presentado únicamente dos películas como estrenos mundiales, puede que el año que viene sean cinco, y poco a poco eso te hace ir subiendo y atrayendo a otra parte de la industria.

¿En qué criterios os habéis basado para seleccionar las películas que entran en la competición?

Exclusivamente en la calidad. Mi criterio, después de llevar años en el tema de los festivales, es el de formar un comité de selección de gustos muy variados, con formas muy amplias de entender las películas. Hemos tratado de reflejar todos esos gustos, consensuados entre todos.
¿Cómo definiría yo esta selección oficial? Yo creo que la variedad de temas y de puntos de vista, y también el tocar temas que realmente interesan es el único punto en común a todas las películas. No ha primado la línea social, ni política, ni la introspección, sino que este año son muy variados los temas, que van desde los abusos deshonestos de un cura en un colegio para sordomudos de Boston, hasta lo que pasa en el pueblecito de Almadén cuando han cerrado la actividad minera. También hay variedad de tratamientos, que van desde películas que podemos considerar superproducciones, como la película que mostramos en la apertura del festival: The gatekeepers, hasta películas mucho más minimalistas desde el punto de vista de la producción pero de gran calidad.

¿A qué público van dirigidos la Cineteca y el festival?

El crear salas de cine de no ficción es más difícil que para el cine de ficción. Un documental necesita mantenerse más tiempo en la parrilla, y que la gente vaya dicendo “oye, hay un documental fantástico en la cineteca”. A mí la gente me pregunta si vamos a dar más pases de Searching for the sugar man. Pues sí, claro que se darán, porque ya nos metimos en esa especie de fascinación que es necesaria. Para nosotros esto era también un desafío personal, porque sabíamos que no era sencillo, y si ya el cine y la asistencia a las salas atraviesan por momentos muy delicados, tener una sala todo el año dedicada al documental es realmente un desafío.

Creo que sí está aumentando el gusto por ver cine documental. Pero la forma en la que se basan las grandes producciones de ficción son campañas de publicidad muy costosas. Los carteles de una película de Hollywood aparecen por todas partes, y así consiguen que el público venga a las salas. Aquí no contamos con esos recursos. El cine documental se mueve en otros parámetros de comunicación, y por ahí hemos tratado de darle la vuelta: estamos muy activos en redes sociales, y fomentando la información a través de la web. Hemos visto que el cine documental puede atraer a determinado público, como puede haber gente a la que le gustan las películas de ciencia ficción, pero tiene otro gancho muy importante que es el tema. Hay un segmento muy importante del público que viene porque el tema le ha interesado. Un ejemplo clarísimo es el de Pura vida, una película sobre un montañero navarro que murió en el Anapurna, y venía mucha gente porque le habían hablado de ella amigos montañeros. Yo le diría al público que se dejase de los prejuicios que pueda tener ante el cine documental, y que simplemente leyendo las sinopsis en nuestra página web encuentran una idea muy acertada de lo que pueden ver. Que dejen a parte la etiqueta de “cine documental”, y si el tema les interesa que vengan, porque la película va a responder a las expectativas.

¿Qué título le pondrías a un documental sobre tu experiencia dirigiendo Documentamadrid?

Cien años de festivales (risas). O más bien 355 días de trabajo para diez días de festival. Yo que juré cuando era pequeño que no quería pasar más exámenes, y llevo toda la vida pasando exámenes de diez días sobre lo que he trabajado en todo el año. Pero es muy agradable, es una selectividad agradable.

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Mikel Olaciregui, codirector de Documenta Madrid. / Clara Castillo
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