POLÍTICA ACUÁTICA
Cine, comunismo y waterpolo

¿Es posible hablar de la historia del
comunismo europeo a través del
waterpolo? Dos películas, de muy
distinta factura y planteamiento,
lo han intentado.

28/11/08 · 0:20
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La relación del cine
con el deporte es
prolija en historias
de superación: equipos
depauperados con entrenador
que los redime; jugadores
que llegan a lo más
alto para saber lo que se
siente al caer y volver a levantarse;
sudor, entrenamientos,
deserciones y una
escena final para contar que
ganar no lo es todo. Con la
excusa del fútbol se han rodado
muchas películas olvidables;
el baloncesto, en
cambio, sí ha ofrecido títulos
interesantes. En general,
el cine que recurre al deporte
como metáfora suele tener
un toque almibarado.

Mención aparte merecerían
las películas sobre boxeo, un
género que ha dado algunas
obras maestras.
El waterpolo, un deporte
minoritario, presenta un hecho
singular: ha ofrecido
dos películas sobre el comunismo
con el sello de figuras
tan personales como
Quentin Tarantino y Nanni
Moretti.

Tarantino
Furia de libertad (2006) narra
el transcurso del partido
más recordado de la historia
del waterpolo. Sucedió el 6
de diciembre de 1956 en las
semifinales de los Juegos
Olímpicos celebrados en
Melbourne. Se enfrentaban
las selecciones de Hungría y
la URSS apenas un mes después
de que el Ejército soviético
hubiera reprimido el
levantamiento popular de
Budapest. La película documental,
producida por
Quentin Tarantino (Knoxville,
1963) y dirigida por
los hermanos Colin Keith
Gray y Megan Raney Aarons,
combina las imágenes
del encuentro con las de los
sucesos ocurridos en Hungría
entre el 23 de octubre y el 10
de noviembre de 1956.
El partido se suspendió
cuando faltaba un minuto
para la conclusión y el puñetazo
que el jugador soviético
Valentin Prokopov le había
propinado al húngaro Ervin
Zador amenazaba con encontrar
su réplica en la grada.
Zador, que abandonó la
piscina con el rostro ensangrentado,
se convirtió en el
símbolo de aquel partido y
de la suerte de sus compatriotas.
No regresó a su país,
al igual que la mitad de la expedición.
50 años después,
en la presentación de la película
en Nueva York, arrojó
luz sobre lo acontecido: “No
me pegó porque él fuera comunista
y yo no. Me pegó
porque estaba a punto de
perder el partido y se lo hice
saber, y le hice saber lo bien
que eso me hacía sentir”.
Hungría ganó 4-0 y terminó
proclamándose campeona
olímpica.

Moretti

Si la intervención soviética
en Hungría marcó un punto
de inflexión –y de ruptura–
en la historia del comunismo
europeo, los debates vividos
en el Partido Comunista
Italiano (PCI) a finales
de los años ‘80 y la desaparición
de esta formación en
1991 son una referencia ineludible
para tratar de entender
la deriva del eurocomunismo.
En este marco, Nanni
Moretti (Brunico, 1953) rodó
Palombella rossa (1989):
la historia de Michele
Apicella, interpretado por el
propio Moretti, dirigente comunista
que, tras quedar
amnésico, juega un partido
interminable de waterpolo
mientras intenta recordar,
entre otras cosas, por qué es
comunista y qué camino debería
tomar el comunismo.

Moretti, aventajado jugador
de waterpolo, se sirve
del escenario que proporciona
la piscina para recrear
con ironía la encrucijada
que afrontaba la izquierda
italiana. En la entrevista publicada
por Cahiers du cinéma
en noviembre de 1989, el
director recordaba la dificultad
de mostrar un partido de
waterpolo y “hacer ver, al
mismo tiempo, otra cosa”.
“En general, las películas sobre
deportes son muy malas,
salvo la película de Scorsese
sobre boxeo… Yo quería hacer
la apuesta de divertir a
todo el mundo en una piscina.

(…) Al escribir el guión
no me percaté de la dificultad
del rodaje: actuar en el
agua, con otros que juegan
al waterpolo e interpretan
sus papeles. Pero la ventaja
es que nada es simulado. No
quería que el waterpolo se
convirtiera en algo aburrido.
Me gustaba tener todas estas
dificultades, pero jugando
al waterpolo, piano, piano”.
La cadencia del juego en
el agua, el acompañamiento
del entrenador y los compañeros
desde la superficie y
la expectación del público
articulan una película tan
compleja como libre. Un
partido que se resuelve con
un penalti y una duda: ¿lanzar
a la derecha o a la izquierda?

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