Los ideales del gol
El Cid argentino

El titular no es muy original, pero la situación fue tan gráfica que no cabe otro. Era de lo poco que le faltaba por hacer a Messi, una hazaña así, emocional, sorprendente. Y es que si algo no es el goleador argentino es sorprendente; juega continuamente en la normalidad que él mismo se ha construido. Ahora mismo apenas puedo recordar un par de detalles técnicos suyos que me hayan sorprendido, mientras que podría enumerar decenas de jugadores como Zidane, Iniesta, Rivaldo o incluso de otros jugadores menores.

16/04/13 · 18:11
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El titular no es muy original, pero la situación fue tan gráfica que no cabe otro. Era de lo poco que le faltaba por hacer a Messi, una hazaña así, emocional, sorprendente. Y es que si algo no es el goleador argentino es sorprendente; juega continuamente en la normalidad que él mismo se ha construido. Ahora mismo apenas puedo recordar un par de detalles técnicos suyos que me hayan sorprendido, mientras que podría enumerar decenas de jugadores como Zidane, Iniesta, Rivaldo o incluso de otros jugadores menores. Messi no es un jugador que haga grandes regates, que recurra a bicicletas, chilenas o rabonas, su normalidad es lo que le hace el mejor jugador de la historia. Pero ante el Paris Saint Germain se salió del guión.

La puesta en escena parecía estudiada. Las cámaras enfocándole en el banquillo, y, justo cuando el FC Barcelona se vio por debajo en el marcador, orden de ponerse a calentar. Sólo con ese gesto el PSG se echó atrás, y ya con su posterior entrada minutos después se confirmó. Pese a estar lesionado, su sola presencia en el césped empujó a su propia área a algunos de los futbolistas rivales, y con una tímida arrancada facilitó el gol que clasificaría a su equipo. Nunca antes la afirmación de que “los nombres no ganan partidos” estuvo tan discutida.

No se puede ser perfecto todo el tiempo, sería una contradicción; la perfección nunca puede ser normalidad. Sin embargo, el juego de Messi se basa en eso, en un continuo pase-regate-disparo tan simple como único, en una normalidad de la que por una vez y circunstancialmente se permitió salir para lograr una de esas épicas que se recordarán al final de su carrera, más allá de sus cientos de goles. Algo tan fuera de la norma que merece que por una vez, y casi pidiendo perdón, esta columna ‘sólo’ hable de fútbol.

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