Un brindis por Kevin Ayers

Como dice Chesterton, “el periodismo consiste esencialmente en decir que Lord Jones ha muerto a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”. Y por esto, aquí estamos nosotros para decirle a quien no sabía que Kevin Ayers estaba vivo, que ha muerto, y de paso contarles algo de su vida y de su música.

02/04/13 · 19:01
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Nacido en 1944 en Kent, Kevin Ayers vivió su infancia en Malasia ninguneado por sus padres (Ayers dixit), cosa que no le supuso ningún drama, simplemente le enseñó a vivir la vida por sí mismo y con la independencia que le acompañó a lo largo de su existencia. A lo mejor es por esto que cada vez que el éxito rozaba su puerta acababa de irse a otro paraíso soleado y con buen vino tinto (Deiá, Túnez, Marrakesh, etc).

Adolescente curioso e inquieto, Ayers aterriza en Canterbury a su regreso de Malasia en 1956. La explosión de nuevas músicas y modernas expresiones artísticas le hacen reunirse con otros jóvenes díscolos de la localidad. Robert Wyatt, Hugh Hopper, Mike Ratledge y los hermanos Sinclair (núcleo duro de la banda germinal Wylde Flowers) son sus compañeros en largas tardes de jazz, soul, literatura y té con leche en casa de los Wyatt. La llegada desde París de Daevid Allen (Gong), diez años mayor que ellos, amigo de Burroughs, experto en patafísica y un sinfín de inquietantes disciplinas, les da el definitivo empujón. Nace Soft Machine. Revolucionan la primigenia psicodelia beatleiana junto con Syd Barrett. Sacan su primer disco y se van de gira con Jimi Hendrix. Se lo toman todo y a la vuelta de la gira nuestro héroe decide emprender su propio camino, al notar que el estilo de Soft Machine deviene en un jazz-rock para el cual no se siente capacitado como instrumentista. ¡Es un chansonnier! Lo suyo es cantar y componer, no hacer solos interminables. Su voz cálida y perezosa de barítono, su estilo blasé, su poesía y su arte al componer son sus armas infalibles. Ayudado por los amigos de Soft Machine, Caravan, Lol Coxhill y el productor David Bedford, graba sus dos primeros discos, que han influido en generaciones posteriores. A pesar de grandes lanzamientos y esfuerzos de la industria, sus discos no consiguen seducir a un público mayoritario, ¿por qué? Incom­prensible. O no. ¿Demasiado simple? ¿Demasia­do complicado? ¿Demasiado ecléctico? ¿Poco encasillable? ¿Demasiado guapo? ¿Demasia­do libre? ¿se haría él estas preguntas? No sabemos, no contestamos, lo que sabemos es que a los que nos gusta nos fascina, y a los que intentamos escribir canciones nos encantaría haber escrito algunas de las suyas. ¿Envidia? De la sana.

Y aquí llega lo de su actitud vital. Un hedonista , probablemente perezoso, acaso nihilista etílico y vividor, y al otro lado una industria discográfica exigente con las ventas, las giras, la promoción, en otras palabras, un libertario contra el yugo opresor del éxito. Igual nos hemos pasado en interpretación , pero algo de esto hay. Ahí van sus palabras: “Creo en el cambio. Me gusta dejar lo que está siendo demasiado cómodo e intentar otra cosa, de otra forma me sentiría mecánico. Si escuchas a la gente que se mueve en un ámbito de aceptación masiva es generalmente porque persiguen un estilo distintivo que todos puedan reconocer. Cuando hacen algo que se desvía pierden su popularidad. Hay una aparente desconfianza y disgusto por el cambio en todas partes y en todos los niveles”. Él mismo explica su fracaso comercial, su coherencia y su absoluta libertad creativa y vital.

Buscando la canción perfecta

Kevin Ayers es un sintetizador y catalizador de influencias con la particularidad, al igual que Bob Dylan o Ray Davies, de darles una nueva forma y contenido. Como todo teenager de posguerra, el primitivo rock and roll es la fuente de rabia primaria de la que aprender un lenguaje nuevo, pero la cosa no se queda ahí. Si mezclamos el blues-jazz de Mose Allison, la imaginería de Lewis Carroll, unas gotas del music hall británico del genial Noel Coward, el avant garde más extremo y exquisito, el glamour de Marlene Dietrich (memorable su versión de Falling in love again) y un cocktail de LSD y buen vino, el resultado es, para nuestro humilde entender, la composición perfecta: una letra que “llega”, una música que atrapa y una interpretación sublime. No podemos dejar de mencionar al también recientemente fallecido David Bedford, compositor de música contemporánea y coetáneo de colosos como Conlon Nancarrow, James Tenney o Gavin Bryars, que supo interpretar a la perfección las ideas de Kevin Ayers y llevarlas primero al papel en forma de arreglo y luego al plástico como productor de sus primeros y fundamentales discos.

En sus canciones hay sucio rock, calypso, folk, gotas de jazz, música concreta, mucho humor y humanidad a raudales
Hay una cosa clara, al igual que ocurre con Syd Barrett o Nick Drake, sus canciones siguen sonando modernas y difíciles de localizar en el espacio-tiempo. Podríamos introducir sibilinamente, por ejemplo, Stranger in blue suede shoes o May I, en un disco de Beck o Eels y no notar ningún salto temporal aunque la diferencia entre composición y grabación sea de unos 40 años. Nos entra la risa floja cuando leemos en rotativos nacionales e internacionales que Kevin Ayers era un “pope” del rock progresivo, seguramente porque el plasta de Mike Oldfield toca en algunos de sus discos. Cualquier cosa menos esto. En sus canciones hay sucio rock pre Velvet Underground, calypso, folk, gotas de jazz con olor a standard, música concreta, mucho humor y humanidad a raudales, porque sin estos dos últimos ingredientes ni la música ni la vida merecerían ser escuchadas y vividas.

Somos fans incondicionales y nos dolió que se armase tan poco revuelo en torno a la noticia. En realidad no era tan conocido y la falta de fama no se debe en absoluto a su talento sino a su actitud vital. Como dijo Joseph Heller de alguien: “Era un hombre hecho a sí mismo que no le debía a nadie su falta de éxito”. Esperamos haber suscitado la curiosidad de los que no sabían que Lord Ayers estaba vivo y que a los que sí lo sabían les haya hecho ilusión ver que se le recuerda. Y para finalizar os dejamos con sus mismas palabras extraídas de una entrevista de 2008: “La única y sola cosa importante en la vida siempre será la libertad de pensamiento, palabra y expresión. Sin todo esto eres un cero, no eres mas que otro pedazo de mierda sobre la tierra”. So let’s raise our voices and drink for our lives, my friends, my friends, my friends!

 

 

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