El orgullo de la música negra
Black and proud

El largo camino que recorrió la comunidad afroamericana desde las plantaciones de algodón hasta el fin de la segregación tuvo una banda sonora que revolucionó la música del siglo XX. Os proponemos un viaje, inevitablemente incompleto, por la historia musical de los derechos civiles.

12/02/13 · 19:05

Lo más probable es que alguna guitarra cayese en las manos de un bluesman en el Superdome de Nueva Orleans aquel verano de 2005. Y es casi impensable que no tocase una vieja canción de Kansas Joe y Memphis Minnie en la que un hombre cuenta que, si sigue lloviendo, los diques se van a romper y que, si se rompen, la gente no va a tener un lugar adonde ir. El título de ese tema, compuesto en 1929, es When the levee breaks (cuando el dique se rompa). Spike Lee lo tomó prestado para el título de su documental, réquiem en cuatro horas, sobre el impacto del huracán Katrina en el puerto más grande del río Mississippi, el río que vio nacer al matrimonio Kansas-Memphis.

Sería una anomalía histórica
 que la ciudad que vio nacer el
 rhythm and blues, a Louis Armstrong
 o Irma Thomas, la ciudad
 donde nacieron los funerales de
 jazz, la música delta blues o el
 cajún, no recurriese a la música
 para pasar el trago del Katrina.

Desde que los barcos de esclavos llegasen como Mayflowers
 siniestros a los puertos del sureste
de EE UU, la música de los
negros ha configurado la cultura
 de ese país, sin dejar de denunciar,
 de forma velada o con todas
las letras, la esclavitud, el
 racismo institucional y los crímenes
a los que es sometida la
población negra. Si Nueva Orleans
 y el río Mississippi son los
 primeros símbolos, la partida se
 juega en todo el territorio, desde
 las fábricas de Detroit hasta el
barrizal de Woodstock. Y con
múltiples ritmos, desde el blues
 poseído por el demonio de Robert
 Johnson hasta la breve posesión
rockera de Jimi Hendrix.

Wild women don’t have the blues

Curiosamente no es el Katrina,
 sino un proyecto urbanístico, lo
 que acaba con Storyville, el
barrio rojo de la Nueva Orleans,
 para poner en su lugar un puñado
 de edificios de protección
oficial. A finales del XIX, oleadas
de inmigrantes europeos y
población negra que había desertado
 de las plantaciones acuden
 en masa a esta pujante ciudad,
 que recluye el vicio y la
prostitución en Storyville. Ahí,
 la tradición musical europea se
 contamina con la africana y florecen
 el jazz y el blues.

Éste último había surgido en
 las décadas posteriores a la abolición
 de la esclavitud y, como
 señala Angela Davis, “dio expresión
 musical a las nuevas realidades
 sociales y sexuales a
 las que se enfrentaban los afroamericanos”,
 para expresar
 “sueños no realizados socialmente
en el lenguaje e imaginario
 del amor sexual individual”.
 En la frustración de esos sueños
 tienen mucho que ver las leyes
 Jim Crow, promulgadas en
 1894, que imponen la segregación
 en espacios públicos.

Pero merece la pena luchar.
“No me voy a casar, no voy a
sentar la cabeza / Voy a beber
 un buen whisky para quitarme
 las penas”, canta la emperatriz
 del blues, Bessie Smith. La primera
estrella del blues fue una
 dama aguerrida que comenzó a
 cantar de niña para ganarse la
vida y cuyas canciones hablan
 de mujeres duras e independientes
y hacen emerger fenómenos
 como la violencia, el
 sexo o la pobreza. Una mujer
 salvaje que, como cantaba Ida
Cox, no estaba dispuesta a dejarse
vencer por la tristeza.

Black and blue

Uno de los regalos más grandes
que Storyville hizo a la música
fue Louis Armstrong, hijo de una
prostituta de ese barrio y que
aprendió a tocar la corneta en la
 banda del reformatorio para niños
 negros de Nueva Orleans.
 Ya en 1929, convertido en una
 estrella del jazz, canta con ironía:
 "Mi único pecado / es mi piel
/ ¿Qué hice / para ser tan negro y triste?”. Por aquel entonces, el
 jazz viaja de Nueva Orleans a
 Chicago, Nueva York o París y
 se convierte en la expresión musical
 de la década.

Sus compases no sólo son la
 banda sonora de los “locos años
‘20”, sino que tienen un papel
 fundamental en el Harlem Reinassance,
 una explosión cultural
 negra con sede en ese barrio
 de Nueva York. Escritores, artistas
 y músicos reivindican la cultura
y los derechos de la población
 negra, y voces como la de
 Langston Hughes, su más famoso
 poeta, escriben versos con
una “musicalidad narrativa que
 mana directamente del sentimiento
blues”, afirma el periodista
 Manuel López Poy. Aunque
 en la mayoría de clubes
musicales a los negros sólo se
les permite estar como músicos,
 hay excepciones, como el Apollo
 Theater, en el que debutan los
 grandes talentos de la época.

El jazz es un catalizador para
desafiar la segregación: músicos
 blancos como Benny Goodman
o Artie Shaw contratan a intérpretes
negros, y las audiencias
 blancas se interesan por la música negra. La industria musical
 ve el filón y saca los race records.

Strange Fruit

En 1929 se acaba la fiesta: el huracán
 de la depresión da un duro
golpe a la industria musical y
 muchos músicos pierden sus trabajos. En el Sur, la crisis se
 multiplica por la Dust Bowl, un
desastre ecológico que provoca
 durísimas sequías y una enorme
oleada de emigración, que
 desplaza a tres millones de personas
 de sus hogares. Por ese
 Sur arrasado viajan John y Alan
 Lomax, padre e hijo, dedicados
a registrar la música popular
 americana. En una prisión de
 Louisiana conocen a Leadbelly,
que llegaría a ser un mítico
 bluesman, y en una plantación
d e Mississippi graban a un joven
 Muddy Waters, que poco
 después viaja a Chicago para
 electrizar el blues.

En 1939 dos mujeres llevan a
 la arena pública la discriminación
 racial. En Nueva York, una
joven cantante llamada Billie
 Holiday pone voz y da vida a los
 versos de Strange Fruit. La voz
 quebrada de Holiday expresa el
dolor de una segregación que,
 en el “same old south” que canta
Count Basie, se sigue cobrando
 vidas. Sus dolorosas consecuencias,
hasta entonces silenciadas,
 llegan por primera vez
 a un público masivo. Marian
 Anderson, una reputada contralto
 que había logrado estudiar
 canto gracias al apoyo de
 su comunidad, es rechazada
 para cantar en el Constitution
 Hall de Washington DC debido
 al color de su piel. Se monta un
 escándalo considerable y como
 respuesta organiza un concierto
 frente al Lincoln Memorial.
 Años más tarde, Anderson abriría
 la Marcha en Washington de
 1963 con el espiritual I’ve been
‘buked and I’ve been scorned.

Ain’t that a shame

Subido en el escenario, viendo
 cómo enloquecían sus audiencias
 hasta el punto de desafiar la
 segregación y acabar bailando
 juntas, el bueno de Fats Domino
no podía imaginarse que su fidelidad
 a su ciudad de origen, Nueva
 Orleans, le iba a costar cara.
Cuando el huracán Katrina amenazaba
las costas de Luisiana,
 un anciano Domino se negó a
 abandonar su hogar, en el que
 convalecía su mujer. Las aguas
 anegaron su barrio y durante
 unos días se le dio por muerto,
hasta que fue rescatado por la
Guardia Nacional. Sin embargo,
 en 1955, el joven Domino, que
había vendido un millón de copias
 de su Ain’t that a shame, no
podía evitar ser optimista. Tras
la II Guerra Mundial, que había
atenuado muchas de las barreras
 de la segregación, las cosas
parecían cambiar. Mientras el
rhythm and blues y el rock ‘n’
roll encienden a las audiencias,
 en 1954 una sentencia declara
 que la segregación en las escuelas
 públicas es ilegal. Un año
 después, un pequeño gesto de
dignidad desata una oleada de
protestas y boicots, comandados
por el reverendo Martin Luther
King: en Montgomery (Alabama),
 Rosa Parks es arrestada
tras negarse a ceder su asiento a
 un blanco en un autobús.

Mississippi, Goddam

Hacerse con una pistola y salir
 a la calle a hacer justicia. Éste
 es el primer impulso de Eunice
Waymon, más conocida como
Nina Simone, cuando se entera
 de la muerte de cuatro niñas
 tras el incendio de una iglesia
en Birmingham (Alabama) por miembros del Ku Klux Klan en
1963. Afortunadamente, en el
 último momento cambia de idea
 y decide plasmar su ira en la estupenda
Mississippi Goddam. El
 rechazo a la integración se cobra
 demasiadas víctimas, mientras
el movimiento por los
derechos civiles demuestra su
fuerza. Ese mismo año, unas
 300.000 personas llegan a
 Washington DC para participar en la Marcha por el Trabajo y la
Libertad, en la que Martin
 Luther King pronuncia su célebre
“I have a dream”.

Simone, que había acabado
 haciendo versiones de jazz y
 canción ligera cuando por cuestiones
 raciales se frustró su intención
de convertirse en pianista
 clásica, graba su canción en
 1964 en el Carnegie Hall (Nueva
York) ante una estupefacta audiencia
 que no se espera tal golpe.
Ese año, el presidente Lyndon
B. Johnson firma la Civil
 Rights Act que termina con la segregación,
 pero la lucha no había
 terminado y se vuelve especialmente
 sangrienta. Caen asesinados
líderes como Medgar
Evers y Malcolm X y, en agosto
de 1965, el barrio de Watts (Los
Ángeles) estalla tras el asesinato
 de un conductor negro por un
 policía blanco.

Mississippi Goddam marca el
 comienzo de la radicalización
 política de Simone. Esta canción,
 hecha para “un show que
 aún no se ha escrito”, proclama
que ya no tiene sentido una lucha
 pacífica que vaya poco a poco:
 es hora de pasar a la acción.
 Algo empieza a resquebrajarse
en el seno del movimiento: aparecen
 demandas más radicales
que contemplan el uso de la violencia
 como autodefensa y
 emerge la voz de las mujeres negras,
 que denuncian el machismo
 de sus compañeros. En 1966,
 Bobby Seale y Huey P. Newton
fundan el Black Panthers Party
 y en 1973 se crea la Black Feminist
Organization.

Nowhere to run

Con el fordismo en auge y en la
 cadena de montaje de Ford en
 Detroit, Martha Reeves and The
Vandellas se despachan  to run, en la que quizá hablen de huir del capitalismo, aunque
lo más probable es que canten al
amor o al sexo. “Tu amor puede
 estremecerme / pero no puede
pagarme las facturas”, hits como
Money (that’s what I want) son
 el ejemplo de lo que se asocia a
Motown: pragmatismo, afán de
lucro y romanticismo de la carne.
 Paralelamente, mueren dos
gigantes del soul. El primero,
 Sam Cooke, autor del himno al
 trabajo esclavo en presidio
(Chain gang)
, es asesinado por
la encargada blanca de un motel.
 Otis Redding versionea A
change is gonna come
, la canción
 protesta escrita por Cooke
 que sonó en el funeral de Malcolm
X. Redding muere en un
 accidente de avión tres años después,
 en 1967. A su entierro asiste
la flor y nata de la generación
 llena pistas: James Brown, Aretha
 Franklin y Stevie Wonder. La
música la pone Johnnie Taylor.

I’m black and I’m proud

El 4 de abril de 1968 el movimiento
 por los derechos civiles recibe su peor golpe: Martin
 Luther King es asesinado en
 Memphis (Tennesee), donde
 había acudido para apoyar una
huelga de trabajadores negros.
 Cien ciudades estallan. James
Brown, el padrino del soul,
insta
 a decir alto y claro: “Soy negro
 y estoy orgulloso”; Aretha
 Franklin pide “Respeto” y Sly
and the Family Stone gritan que
 hay que ponerse en pie.

El ídolo de masas Jimi Hendrix
 muere en extrañas circunstancias,
 al parecer por la mezcla
de alcohol y drogas. La versión
conspiranoica apunta a que
 Hendrix es asesinado por su
paulatino acercamiento a los
panteras negras, aunque el guitarrista
 se había declarado apolítico
 en varias ocasiones.

Wake up

“Mueve el culo y tu mente irá detrás”.
 Con esta rima,
 Funkadelic, un supergrupo que
aún sigue dando guerra a través
 de su alter ego, Parliament, avisó
 de lo que estaba por venir. Su
disco America eats young y la
 evolución del funk de jean apretado
hacia el vuelo psicodélico
 convive desde el lado contracultural
 con el auge de Motown,
 donde hay poco margen para la
 reivindicación política. Por eso
Marvin Gaye, una de las gemas
 de Motown, se refugia en el subsello
 Tamla para dar a luz
What’s going on, un disco conceptual
 en el que introduce temas
 como la pobreza, Vietnam
o el abuso de drogas. Adicto a
 varias sustancias, durante una
discusión con su padre, éste le
 pega un tiro con la pistola que
Marvin le había regalado. Era
 1984 y el funk ya se había diluido,
 por hortera, en la maraña de
 ritmos y poses que conformaron
la música de los ‘80.

911 is a joke

Dos discos de Public Enemy, It
takes a nation of millions to hold
us back
y Fear of a black planet
 dan el relevo. Nace el rap político.
 En 1991, la paliza brutal al taxista
 Rodney King evidencia la
persistencia del racismo y la impunidad
policial. Los inmensos
 relojes de Flavor Flav se encargan
 de dejar claro que ha llegado
la hora del combate. Pero la
 industria ve en la música rap el
vehículo perfecto para promocionar
 la venta de armas, la mirada
 patriarcal y la vanidad capitalista.
 Pocos grupos se salen
 del molde en el que la industria
encaja al rap. Por mencionar
 unos cuantos, Dead Prez o The
 Coup, un grupo que es criminalizado
 por un proyecto de portada
 para su álbum Party Music,
 en el que aparecen detonando
una bomba en las torres gemelas
 antes de que éstas estallaran.
 Frente al mainstream, pervive
un tipo de música que sigue dejando
en evidencia el largo camino
 que aún queda por recorrer y
dan valor al trabajo de quienes
 marcaron la senda.

Conceptos claves del Black Power

África

Con la lucha por los derechos civiles se reivindican también las raíces africanas. Muchos activistas cambian su nombre por uno africano y viajan al continente negro, las planchas de alisar el pelo se guardan en un cajón, se lucen melenas afro, y por todas partes se escucha que ‘Black is beautiful’.

Black Power

Concepto acuñado por Stockely Carmichael en 1966, entonces líder estudiantil (luego formaría parte de los Panteras Negras), para referirse a la necesidad de articular un movimiento político negro que haga frente a la discriminación. También se refiere al ala más radical del movimiento por los derechos civiles, del que se acabaría desgajándo.

Blaxploitation

Género cinematográfico de los ‘70 dirigido a una audiencia negra, con películas generalmente protagonizadas por habitantes del guetto (camellos, traficantes, policías...), todos ellos ultramachos y super cool. La primera película del género es Shaft, con banda sonora de Isaac Hayes, y una de las más populares, Superfly, a la que puso música Curtis Mayfield.

Boicots y ‘sit ins’

Formas de acción directa no violenta empleadas por el movimiento por los derechos civiles. En los sit ins o sentadas, grupos de activistas llegaban a un lugar en el que se practicaba la segregación y se sentaban hasta que se atendían sus demandas... o les desalojaba la policía.

Cointelpro

Programa encubierto del FBI dirigido a acabar con grupos críticos y subversivos, que tuvo entre sus objetivos al movimiento por los derechos civiles. Ataca con especial dureza a los Panteras Negras, en los que infiltrados provocan enfrentamientos, agresiones y hasta el asesinato de varios de sus líderes.

Crack

Según las versiones alternativas, continuación del programa Cointelpro. La introducción de drogas adulteradas como el crack, derivada de la cocaína, en los barrios más desfavorecidos anula la respuesta social y genera una nueva estratificación en los barrios en función del mercado de la compraventa de droga.

Disturbios

En los ‘60 se intensifican los estallidos de violencia provocados por conflictos raciales. Algunos de los más sonados fueron los de Watts (suburbio de Los Ángeles) tras el asesinato de un conductor negro por un policía; los de Newark en 1967, tras la muerte de un hombre negro bajo custodia policial; o los que se sucedieron en 1968 tras el asesinato de Martin Luther King.

Free Angela

Campaña internacional que pide la liberación de Angela Davis, militante feminista y comunista. Acusada de colaborar en el intento de fuga de los ‘Soledad Brothers’, en el que murieron varias personas, Davis se da a una fuga que la aupará a la lista de los 10 fugitivos más buscados del FBI. Dos meses más tarde es detenida y en 1972 será absuelta. En la campaña, que la convierte en todo un icono pop (lítico), participan celebrities como los Rolling Stones, John Lennon y Yoko Ono, Herbie Hancock o Aretha Franklin.

Free Breakfast for Children

El más famoso de los programas de supervivencia lanzado por los Panteras Negras, iniciativas dedicadas a proporcionar los servicios sociales que no daba el Estado en los barrios negros. Gracias a él, 10.000 niños y niñas desayunaban gratis en 1969.

Jim Crow

Nombre con el que se conoce a las leyes promulgadas en 1894 en los estados del Sur que promueven la segregación en espacios públicos (escuelas y transporte públicos, restaurantes, baños...), generando una suerte de apartheid. Jim Crow no se refiere a ninguna persona, sino que se trata de una expresión.

Minstrel

Teatro musical del siglo XIX en el que actores blancos con la cara pintada de negro imitan a los africanos e interpretan de forma cómica sus bailes y canciones. Tras la abolición de la esclavitud comienzan a ser interpretados por actores negros que introducen bailes como el back bottom y formas primigenias de jazz y blues.

NAACP

Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color, la organización por los derechos civiles más influyente de los EE UU.

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