JUEGO DE PELOTA: DESDICHAS DE UN FRONTÓN DECIMONÓNICO
Beti-Jai de Madrid: conflicto de intereses

De cómo un frontón madrileño del siglo XIX,
en estado de absoluto abandono, evitó una
operación especulativa; y del debate político
sobre su posible restauración, interrumpido con
una noticia aledaña a la ‘Operación Malaya’.

30/05/06 · 1:04
Edición impresa

En el número siete de
la calle Marqués de
Riscal, a espaldas
de la Castellana, en
una de esas zonas de Madrid
que con razón llaman ‘exclusivas’,
el velo de un andamio
protege una noble ruina, un
edificio que es casi el anticipo
de un solar. En su fachada
descarnada se intuyen siete
vanos en la primera planta,
ahora cerrados con esos mosaicos
de cristal que tanto daño
hicieron en los años ‘60.
Sobre el vano central, el único
balcón que vuela levemente
sobre la calle conserva
un enrejado ornamentado
con motivos vegetales. A ambos
lados del balcón se aprecia
el trazado de sendas pilastras,
una de las cuales aún
conserva el capitel.

Para el paseante, este edificio
monumental es otro
más de los muchos que promotores
avezados dejan caer
para luego construir oficinas
diáfanas y lujosas soluciones
habitacionales. Sin embargo,
para los vecinos con memoria
es el Beti-Jai (‘siempre
fiesta’ en euskera), el último
frontón de juego de pelota
que sobrevive en Madrid de
entre la veintena que tuvo a
finales del siglo XIX. Construido
en el año 1893 por el
arquitecto cántabro Joaquín
Rucoba, autor del teatro
Arriaga de Bilbao, el Beti-Jai
es considerado el único frontón
de estilo neomudéjar del
mundo, motivo por el que fue
declarado Bien de Interés
Cultural en 1977 y 1991. En
su interior, hoy invadido por
la maleza y los escombros,
aún se intuye la planta de la
cancha y se conservan las
balconadas de sus cuatro pisos
protegidas por barandillas
y columnas de fundición.

Rebajar la protección

La lenta agonía del Beti-Jai
seguía su curso hasta que el
pasado mes de noviembre la
Comisión de Patrimonio del
Colegio de Arquitectos de
Madrid denunció que el edificio
estaba a punto de ser
convertido en un hotel. La sociedad
propietaria del inmueble
se proponía edificar una
nueva construcción, cuyo anteproyecto
había sido diseñado
por Rafael Moneo, que
mantendría algunos elementos
del trazado original pero
donde la faceta deportiva y el
juego de pelota tendrían una
función anecdótica.

El hundimiento de la ‘Capilla
Sixtina’ del frontón, según
los titulares más entusiastas,
parecía consumado.
Los principales beneficiarios:
un grupo vasco, con sedes en
San Sebastián y Pamplona,
que lo había comprado en
1998 a PSA Citroën por entre
385 y 500 millones de
pesetas. El único escollo residía
en lograr el visto bueno
del Ayuntamiento, que
debería rebajar la protección
del edificio para autorizar
el diseño de Moneo.
Fue entonces cuando el
Beti-Jai devino en amago de
trifulca política, pues el
PSOE enarboló la bandera
de su defensa, y tanto en el
Ayuntamiento como en la
Comunidad presentó iniciativas
para salvar el edificio
preservando sus usos deportivos.
Así, el 13 de febrero,
la Asamblea de Madrid
aprobó por asentimiento
una iniciativa del grupo socialista,
enmendada por el
grupo popular, por la que
“insta al Consejo de Gobierno
a apoyar la restauración
y conservación del frontón
Beti-Jai (...) y destinarlo a
usos que sean compatibles
con su valor estético”.
Mientras, el Ayuntamiento
denegó la descatalogación
del edificio, requisito
previo a la construcción del
hotel. Pero en el pleno del
31 de enero decidió “no
aprobar [con 27 votos en
contra de los concejales del
grupo popular] la proposición,
presentada por el
Grupo Municipal Socialista,
interesando que se
inicien los trámites para
adquirir el antiguo frontón
Beti-Jai, asegurando que
tenga un uso público y que
se garantice la protección
del edificio como Bien de
Interés Cultural”.
Es decir, ambas instituciones
se comprometieron a lo
obvio -defender la protección
de un edificio protegido-
y no se ‘arriesgaron’, como
muestra la negativa del
Ayuntamiento, a expropiar
el edificio para hacer efectiva
tal protección.

En el río revuelto de este
juego de pelota, el senador
del PNV Iñaki Anasagasti
también hizo su aportación,
y en su blog afirmaba: “Yo,
si tuviera presupuesto, me
hacía con este solar y lo ponía
a valer con el nombre de
‘Beti-Jai’, la ikurriña en lo
más alto y las puertas abiertas
a todo el mundo demostrando
que somos gente
hospitalaria, bulliciosa y con
marcha, y convertía el antiguo
Beti-Jai en un auténtico
horno. ¿Por qué no? ¿Alguien
se anima?”.

La trama marbellí

Intereses especulativos, arquitectos
de prestigio, controversia
política, vindicaciones
nacionalistas... en
apenas medio año el último
frontón de Madrid se había
convertido en un campo de
batalla de interés múltiple.
Sin embargo, le faltaba el ingrediente
grotesco.

Montserrat Corulla, que
en la actualidad permanece
en prisión incondicional en
la cárcel de Alhaurín de la
Torre acusada de ser uno de
los testaferros del asesor de
urbanismo de Marbella
Juan Antonio Roca, cierra
el círculo del Beti-Jai. Según
informa Carlos Sánchez en
elconfidencial.com, Corulla
actuó ante el Ayuntamiento
como abogada de la empresa
Aguirene, propietaria
única del edificio tras la fusión
de dos sociedades instrumentales.
Su misión no
era distinta a la que había
ejercido con éxito en otras
ocasiones, haciendo valer
su influencia ante la Gerencia
de Urbanismo: lograr
los permisos oportunos
para ‘rehabilitar’ edificios
amenazados de ruina. Sin
embargo, la protección
formal del Beti-Jai complicó
la operación.

En la actualidad, el Ayuntamiento
de Madrid tramita
por la vía del convenio la posible
compra del inmueble.
La incógnita reside ahora en
saber quién y cuándo se
apuntará el tanto de recuperar
‘el único frontón de estilo
neomudéjar del mundo’,
que hoy sólo parece un monumento
al abandono.

PELOTA VASCA
EN MADRID

Eduardo Gras, el historiador
que junto al ex pelotari pamplonés
Enrique Larumbe trabaja
desde hace décadas por
recuperar el frontón madrileño,
declaraba al Diario de Navarra:
«La noticia realmente fantástica
sería que esta operación de
resucitar la pelota vasca en
Madrid estuviera en manos de
Navarra. Imaginaos lo que significaría
el triunfo de la pelota
vasca en un Madrid nada
nacionalista, en manos de una
Navarra españolísima como
gran lección de convivencia».

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