Baraja tu memoria

El 1962, Marc Saporta publica una caja con
hojas escritas que se puede leer en cualquier
orden y número sin perder el pulso narrativo.
Nos proponemos desordenarla más aún.

14/06/12 · 3:44
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EXPERIMENTO Nº 1. Trata de recordar escenas y anécdotas de tus primeros años de colegio. Y, ahora, trata de ordenarlas cronológicamente. No desesperes. Repite ahora el ejercicio, eligiendo períodos cerrados, pero cada vez más cercanos al momento presente. Cuanto más cercano, más sencillo, eso parece; pero sigue existiendo, sin embargo, una dificultad irritante. ¿Que no? ¡Cómo que no! Trata de poner en común esos recuerdos con alguien con quien hayas compartido esas escenas. Difícil será que haya acuerdo.

DIGRESIÓN Nº 1. Si bien se puede entrenar, la cronología parece en principio ajena a los criterios archivísticos de la memoria, parece que el orden cronológico resulta indiferente a los relatos que hacemos. Porque, efectivamente, aunque podamos ser incapaces de recordar con mediana fiabilidad si conocimos a tal persona antes o después de tal acontecimiento, esa incapacidad no afecta en lo más mínimo a nuestro relato: al margen de la cronología sigue siendo efectivo (más o menos...). Nuestra memoria no parece obrar cronológicamente; más bien parece utilizar criterios icónicos de archivo. La memoria archiva mediante imágenes, ellas son el aglutinante y no el tiempo.

LÍNEA DE VIDA Nº 1. No sabemos si Marc Saporta tuvo en mente algo parecido a la anterior digresión cuando escribió su Composición nº 1. Imaginamos que no. El caso es que si efectivamente hubiera una línea que uniera las vanguardias artísticas con los experimentos de Saporta (y otros tantos coetáneos suyos como Oulipo, Max Aub o Cortázar) ésta sería una “línea de vida”: si lo que las vanguardias trataron fue de restañar la sutura que hace diferir arte y vida, el trabajo de Saporta es puramente vanguardista en tanto acerca los mecanismos de la escritura y la narración a los mecanismos de nuestra memoria.

Si se pudiera leer nuestra memoria como un libro (¡¡horror!!) ese libro igual sería parecido al de Saporta; o quizá no, pero, como mínimo, seguro que no sería un libro ordinario: de haber índice, éste no recogería todo el contenido, no tendría lomo, la paginación, de existir, sería móvil, así también serían móviles las notas a pie de página; no se podría decir que se ha acabado de leer, sino que se ha dejado de leer, tampoco que se ha comprendido, sino más bien que se ha encontrado sentido... ¿De verdad alguien vivo tendría una memoria organizada como Los hermanos Karamazov?

EXPERIMENTO Nº 2. Coge una grabadora, ponla a grabar durante cualquier conversación cotidiana, mejor si es animada, ideal si es polémica. Posteriormente transcribe la grabación pormenorizadamente, casi fonéticamente, tratando de recoger los “rubatos”, los trastabillados, los sonidos guturales que no cuajan en palabra, las frases que uno no acaba porque se pisa a símismo con otra... Lee el resultado. Compáralo con Los hermanos Karamazov.

DIGRESIÓN Nº2. ¿Qué es lo que nos obliga a leer un libro de cabo a rabo y en orden? Salvo que se trate de un libro sobre cuyo contenido se va a realizar un examen, absolutamente nada, acaso el sentido común (la “policía del sentido”, como lo apodaba aquél). Efectivamente, el libro ha sido, en lo que a potencia de transmisión se refiere, un artefacto muy logrado, complejo y sutil. Llegar a darle una forma final, como siempre recuerda Jorge Cano, fue un proceso de siglos. Pero, como toda forma cerrada, contiene también implícito una especie de “manual de instrucciones” dictado por la institución que le dio forma; en este caso, por la institución literaria. Si existe una resistencia al final del libro no es más que porque existe una resistencia de esa institución a que cambien los modos de lectura en que reposan sus valores.

EXPERIMENTO Nº3. Coge un libro que te haya acompañado durante mucho tiempo; vuelve a leerlo con un cortaplumas en una mano y una barra de pegamento en la otra; corta cuidadosamente aquellas frases, palabras o páginas que no te evoquen nada y desecha. Por otra parte, cada vez que el libro te traiga a la mente otro texto (aunque no tiene por qué ser necesariamente literario –hay textos fílmicos, pictóricos, musicales...– que el formato sea papel simplifica las cosas técnicamente...), búscalo, recortalo y pégalo allá donde esté la llamada. Retoma la lectura tomando el nuevo retazo como si de parte del libro se tratara, volviendo a realizar la misma operación de injerto si procede. La operación es infinita. Para en algún momento, por ejemplo cuando sientas calambres en los ojos.

LÍNEA DE VIDA Nº 3. Durante años, Walter Benjamin acumuló citas, notas y apuntes en varios idiomas que ordenaba en distintas cajitas etiquetadas con distintos nombres. Tenía prácticamente una treintena de ellas, con denominaciones tan heteróclitas como “muñecos”, “construcción”, “París” o “haussmanización”. El principio todo ello era parte de un trabajo llamado Proyecto de los Pasajes. Lamentablemente, Benjamin murió sin acabarlo (¿acaso tenía fin?) y su editor se encontró con el problema de tener que publicar todo ese material. Y decidió pasarlo a libro. Lo que en principio eran citas, pasajes y pequeñas reflexiones clasificadas en palabras/ imágenes, pero sin orden interior, pasó a ser un libro con los pasajes concatenados, como demandando un sentido causal entre ellos. Quizá Saporta encontró la forma adecuada al Proyecto de los pasajes, o quizá Benjamin ya la tenía allá por 1940 y fue Rolf Tiedeman, el editor de éste, el que, creyendo que estaba incompleto, cerró en libro lo que Benjamin pensó como caja. La institución piensa por boca de los editores.

LÍNEA DE VIDA Nº 2 En su hermoso prólogo al libro de Saporta (que acaso con el uso acabe dispersándose entre el resto de hojas y deje de ser, por tanto, prólogo), Miguel Ángel Ramos dice así: “Al menos una vez en nuestra vida deberíamos barajar nuestra memoria […]. Poner en cuestión el orden que nos dice quiénes somos, tan sólo mezclando de otro modo las imágenes que nos cuentan qué somos desde quiénes hemos sido”. Igual tampoco es tan difícil. Igual tampoco se trata de hacer un poco de memoria. O no.

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