Arte sobre el arte, el aliento del festival

Una de las proyecciones de
apertura del Festival de San
Sebastián, El árbol de la vida,
empezó mostrando una línea
que seguirían muchas de las
obras seleccionadas en esta 59
edición: películas insertadas en
un contexto desapacible, que
muestran los conflictos entre la
realidad y las creencias, la búsqueda
de sentido vital, pérdida
de rumbo...

30/09/11 · 8:00

Una de las proyecciones de
apertura del Festival de San
Sebastián, El árbol de la vida,
empezó mostrando una línea
que seguirían muchas de las
obras seleccionadas en esta 59
edición: películas insertadas en
un contexto desapacible, que
muestran los conflictos entre la
realidad y las creencias, la búsqueda
de sentido vital, pérdida
de rumbo...

Desde la abucheada
última obra de
Kim Ki-duk,
Amen, al policía corrupto y que
no va más allá de su tormento
de Rampart (interpretado por
Woody Harrelson), las preguntas
lanzadas por Sarah Polley
sobre amor-pasión-cotidiano
en Take This Waltz, las pandilleras
de Tanger mostradas con
originalidad por Leïla Kilani en
Sur la planche, o las artimañas
de las mujeres por calmar la
violencia de hombres cristianos
y musulmanes en Et maintenant
on va où? (de la directora
de Caramel, Nadine Labaki, esta
vez con una propuesta algo
estereotipada, aunque muy
aplaudida).

Fuera de los cines
diversas protestas enmarcaban
este desasosiego: huelga de
hostelería, concentraciones al
conocerse la sentencia del caso
Bateragune, camisetas de apoyo
a Kukutxa en la calle y en las
salas... Y en medio de la tormenta
pequeños soplos de optimismo
a través de los niños de
la película del japonés Koreeda,
Kiseki (Milagro), y del apoyo
mutuo en torno a la migración-
deportaciones en Le
Havre de Aki Kaurismaki.

El
gran aliento llegó con dos placenteros
documentales
que
acompañan lenguajes artísticos
de forma emotiva, que exploran
la belleza de otras artes produciendo
un goce estético conmovedor
en el visionado de la
creación fílmica: Bertsolari y
Pina.
La primera, de Asier
Altuna, muestra la tradición del
bertsolarismo en una película
que es un poema. La segunda,
del reconocido Wim Wenders,
capta en 3D (considerado por
el director alemán como una
auténtica revolución en el lenguaje
cinematográfico) la esencia
de la danza de la que en la
película se nombra como “exploradora
radical”, Pina
Bausch.

Tags relacionados: Audiovisual
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Pina’ Wim Wenders 2011.
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