COSAS QUE HACE ISIDORO VALCÁRCEL MEDINA
El arte de obrar

En un panorama cultural en el que intereses ajenos a la
propia creación se imponen una y otra vez en los espacios
de arte, Valcárcel Medina, desde el lugar donde conviven el
arte y la vida, ha desarrollado una trayectoria artística que
destaca por su coherencia, compromiso y transgresión.

03/04/08 · 0:00
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EL CASTILLO EXPUGNABLE. Una de las obras de Isidoro Valcárcel Medina, dibujada en 1986.

Quieren estas líneas
ser un breve
apunte sobre el
obrar de Isidoro
Valcárcel Medina. Es decir,
sobre sus obras, que son sobre
todo, su obrar, o dicho
con llaneza, las cosas que
hace. Hago hincapié en este
aspecto con el objeto de
fijar la atención, no tanto
en el resultado material que
produce ese obrar, lo que
podríamos considerar las
obras (dibujo, registro sonoro,
acción, proyecto urbano
o arquitectónico,
etc.), como en la actitud
que lo promueve, y que, a
veces, efectivamente, termina
por producir objetos,
obras.

Un obrar: una persona,
tras la instalación en su casa
de la línea de teléfono,
decide llamar al azar a
otros abonados para, sencillamente,
presentarse y
ofrecer el propio número.
Por si quisieran hacer uso
de él en cualquier momento.
Sencillamente. Algunas
personas acceden a tomar
el número que les es ofrecido;
otras lo rechazan. Dice
Isidoro Valcárcel Medina
(IVM en adelante), autor de
esta acción, que el arte no
puede ofrecer respuestas;
en todo caso, goza de la facultad,
entre otras, de dejar
preguntas en el aire.
Podríamos decirlo también
de otra manera: desde el arte
se puede poner en cuestión
(en pregunta) una realidad
dada. Por ejemplo, la
de un sistema de telecomunicaciones:
¿qué sentidos
posibles tiene pertenecer a
una enorme red de telefonía?
¿Podemos concebir
otra forma de unión en esa
red, distinta a la que viene
predeterminada? ¿No resulta
llamativo que sociedades
donde la soledad se
ha convertido en patología,
dispongan de las más extensas
y tupidas redes de
comunicación?

Hace ya bastante tiempo
que, desde el campo de la
creación, se abrieron caminos
que evitan la forzada
separación entre lo llamado
arte y lo llamado vida.
Una de estas sendas es la
que recorre IVM con insistencia,
lucidez y compromiso
dejando hermosos
ejemplos que, en cierto
sentido, ilustran la posibilidad
de crear otro arte o,
dicho de otra manera, otra
vida. Es partiendo de esta
visión ‘ampliada’ de lo
considerado arte, como
podemos entender a IVM
cuando afirma que “el arte
engendra, provoca y tiende
a la vida, y, al revés, la
vida engendra, provoca y
tiende al arte”.

Cambios horarios

Otro obrar: Rendición de la
hora es una obra en formato
de libro que nace de la
búsqueda de una solución
más razonable para la aplicación
de los cambios horarios
que los países de
Europa realizan dos veces
al año, cuando se sustrae o
añade una hora al natural
discurrir del tiempo. IVM
propone en su obra un sistema
diferente que suaviza
los perversos efectos que
este violento cambio provoca
en la vida de las personas
(en palabras del propio
autor, “trenes nocturnos
detenidos durante una hora
entera en estaciones o vías
muertas, vuelos que tienen
lugar en un tiempo inexistente
o suspendido, ciudadanos
que llegan a trabajar
con una hora de retraso,
o peor, una hora demasiado
temprano…”). La solución
consiste en distribuir
la hora en fragmentos de
algunos segundos al día a
lo largo del año. El libro
también incorpora, entre
otros elementos, una serie
de reflexiones sobre la naturaleza
y uso del tiempo,
que acompañan a cada uno
de los días del año representados
en el libro. Una de
ellas: “A veces, una hora de
la madrugada pasa atropellada
e inédita para los sueños.
Ese crimen no debería
quedar impune”.

La forma que tiene IVM
de dar sentido a los materiales
de que hace uso, se
basa en un reverencial respeto
a la propia naturaleza
de ese material (entendiéndolo
en un sentido amplio
que incluye lugares, personas,
ideas…). Esta actitud
de partida, esta fidelidad,
produce el efecto de hacer
a los materiales hablar por
sí mismos, manifestar el
poder que les otorga el humilde
hecho de existir.

De esta aceptación nace,
en buena medida, la capacidad
de las obras de IVM
para, al tratarse con la realidad,
revelar, sin grandes
aspavientos formales o
conceptuales, lo que el velo
de la inconsciencia oculta.
El mero hecho de poner en
marcha el dispositivo que
obra en el sentido arriba citado,
provoca una inmediata
puesta en evidencia de la
realidad.

Desnudar la realidad

Tal vez por eso elige IVM
esta manera de derribar
murallas en su proyecto (y
tercer obrar) El castillo expugnable.
La propuesta, en
este caso arquitectónica,
consiste en un castillo que
en vez de fortaleza es gozosa
vulnerabilidad. Una hermosa
manera de poner de
manifiesto, por contraposición,
la naturaleza belicosa
de una arquitectura.

Palpita en el origen del
obrar de IVM la predisposición
a reconocer en el entorno
la fugaz y a la vez
irrefutable presencia de la
desnuda realidad; ese lugar
común donde aparentemente
no pasa nada y, sin
embargo, todo sucede. Por
eso acierta Esteban Pujals
Gesalí cuando asegura que
en el acercamiento a la
obra de IVM es fácil “descubrir
que lo que parecía
una broma ha resultado ser
al mismo tiempo la mejor
formulación de la utopía
social más ambiciosa imaginable”;
aseveración que,
si se quiere, viene a corroborar
IVM con sus propias
palabras: “Hoy por hoy,
pienso que la obviedad (la
bobada, si se quiere) es el
máximo de la creatividad,
del mismo modo que la ética
es el más urgente camino
de la vanguardia".

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