COMPETICIÓN INTERCÁRCELES EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Argentina: Mundial entre rejas

Argentina es fútbol. Tango y asado también, por supuesto. Pero el tópico más real de los
mencionados es ese deporte que tiene al ex jugador Diego Armando Maradona como dios.
La pasión por el Mundial erupciona en todo el país, traspasando vallas, muros y rejas. Y así,
las personas presas también pueden participar del, según expertos en la materia, mayor
acontecimiento deportivo celebrado en el mundo.

03/07/06 · 1:12
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MUNDIAL INTERPENITENCIARIO ARGENTINA 2006. Imágenes del partido inaugural, en el que los presos vistieron las camisetas de Argentina y Costa de Marfil. / Olmo Calvo

Gabriel Demurtas, jefe
del Departamento
de Deportes y
Tiempo Libre del
Servicio Penitenciario de la
provincia de Buenos Aires,
fue quien promovió la idea:
un Mundial de fútbol intercárceles.
Los equipos estarían
conformados por presos
de las 32 cárceles de la provincia,
y vestirían la camiseta
oficial de los países que
participan en el Mundial de
Alemania.

El 30 mayo comenzó en la
cárcel de la Ciudad de La
Plata el Mundial Interpenitenciario
Argentina 2006.
Decenas de medios estuvieron
presentes. Grandes agencias
y televisiones de todo el
país registraron el primer
partido: Argentina contra
Costa de Marfil. El resultado
fue lo de menos. Los presos
también. Ni siquiera la iniciativa
parecía llamar la atención
de las cámaras congregadas.
Hasta que Felipe Solá,
gobernador de la provincia
que respalda este peculiar
torneo, apareció. Fue entonces
cuando se dispararon los
flashes y todos los allí congregados
comprendimos la
verdadera intención de este
Mundial: los intereses políticos.
El año que viene hay
elecciones, y todos los funcionarios
públicos quieren permanecer
en su lugar.

¿Alguien creyó que los responsables
políticos se preocupaban
realmente de las
personas presas? ¿Que esta
actividad estaba destinada a
la tan mentada reintegración
que dicen perseguir?
Condiciones deplorables
Según la Comisión Provincial
por la Memoria, un organismo
gubernamental, tres presos
fueron asesinados cada
semana en la provincia de
Buenos Aires hasta marzo
de 2005, lo que triplica el nivel
de violencia registrado
en 2004. Los presos sufren
hacinamiento, condiciones
deplorables y violencia entre
reclusos. En febrero de
2005, en un motín ocurrido
en una prisión de la provincia
de Córdoba, ocho personas
resultaron muertas, entre
ellas cinco presos, dos
guardias y un agente de policía.
En la prisión, diseñada
para albergar a menos de un
millar de reclusos, había
1.700 presos cuando ocurrieron
los hechos.

Otro motín mortal se cobró
32 vidas en octubre, cuando
se declaró un incendio en la
prisión Magdalena de la provincia
de Buenos Aires.
Aunque el fuego fue provocado
por los presos amotinados,
algunos informes alegan
que los extintores no funcionaron
y los bomberos nunca
entraron en la prisión para
combatir el fuego.
Se han jugado más de 10
partidos en las distintas cárceles
bonaerenses, pero los
medios ya no comparecen. El
torneo continúa, al igual que
la tortura y otros tipos de brutalidad,
que, según el Human
Rights Watch World Report
2006, son un fenómeno generalizado
en el sistema penitenciario
de la provincia de
Buenos Aires.

Televisión por cable

Las últimas noticias sobre las
cárceles argentinas aparecidas
en los diarios de la capital
informaban sobre la iniciativa
impulsada por el
Gobierno de la provincia de
instalar televisión por cable
en todas las penitenciarías,
para que los presos puedan
ver los partidos del Mundial
de Alemania. Porque, según
las palabras del ministro de
Justicia, Eduardo Di Rocco,
la ley “establece un principio
de asimilación donde todas
las actividades en la cárcel
deben ser lo más semejantes
a las de la sociedad libre, y éste
es un claro ejemplo”.
Una afirmación sorprendente
si se contrasta con el
informe de la organización
Amnistía Internacional sobre
la realidad de los presos
argentinos: “Durante 2005
había unos 62.500 presos en
las cárceles argentinas. La
mayoría de las prisiones provinciales
carecían de los servicios
básicos, como agua
potable, iluminación e higiene
adecuadas, servicios médicos
y programas de rehabilitación.

Muchos presos
padecían un hacinamiento
extremo, y se recibieron informes
de malos tratos por
parte de los guardias de prisiones”.
En Alemania, en Argentina,
un Mundial oficial, o
uno penitenciario. La forma
es distraer a las poblaciones;
el fondo, desviar la
atención de los problemas
sociales. Pero cuando el objeto
de este ‘juego’ son las
cárceles, el resultado evidencia
más si cabe la utilización
del evento y su manifiesta
contradicción con
las condiciones de vida de
las personas presas.

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