Arenas ‘Bullets’, entre la realidad y la ficción

Gilbert Arenas, suspendido tras apuntar con
una pistola a un compañero, simboliza el
difícil tránsito entre el barrio y la fama.

10/02/10 · 0:00
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Gilbert Arenas promedió 13 puntos y 4 rebotes por partido la temporada pasada.

Los Washington Wizards eran
conocidos hasta 1997 como los
‘Bullets’. Abe Pollin, el ex dueño
de la franquicia que falleció
en noviembre, consideró que en
una ciudad con altos índices de
violencia no era conveniente
promover el imaginario de las
armas desde el equipo de baloncesto.

Washington es la octava
ciudad más grande de EE UU,
con más de cinco millones de
residentes, y el área metropolitana
que forma junto a la cercana
Baltimore tiene una población
que pasa de ocho millones.

En el número 117 de DIAGONAL,
un artículo se refería a la
serie The Wire como una muestra
del “fracaso del ideal de la
igualdad de oportunidades en
la educación; y la farsa de unos
medios de comunicación más
preocupados por las ventas y
los beneficios que por la información”.
Gilbert Arenas (nacido
el 6 de enero de 1982 en
Tampa, Florida) podría ser un
personaje más de la serie.
Arenas siempre ha vivido con
un pie en la realidad y otro en la
ficción. Su madre quedó embarazada
del futuro jugador siendo
adolescente. Como ella tenía
problemas con la policía,
Arenas se crió en un hogar de
acogida. Un par de años después
se hizo cargo de él su padre,
quien pasó de prometedor
jugador de fútbol en la universidad,
a ganarse la vida como actor
de medio pelo. Mientras,
Gilbert Jr. empezaba a engancharse
al baloncesto en los playgrounds
de California.

No tuvo nunca las cosas fáciles,
y pocos creían en él. El número
cero en su camiseta se debe
a que, en su época de high
school, su entrenador le dijo que
iba a jugar cero minutos. No fue
la última vez que chocó contra
ese muro. La prestigiosa universidad
de California (UCLA) no
lo admitió porque “dudaba de su
actitud y su rendimiento académico”,
y finalmente se marchó a
Arizona, donde hizo muy buenos
números. Cuando aún le
restaban dos años para terminar
su ciclo universitario, decidió
dar el salto a la NBA. En el draft
de 2001 Arenas fue elegido en
segunda ronda por Golden State
Warriors, una elección que no
se correspondía a su rendimiento.
Aun así, supo reivindicarse
como jugador. Su entrenador no
contaba con él, pero terminó su
primera temporada de titular.

Ese año Arenas acudía cada noche
al pabellón de entrenamiento
del equipo a ejercitarse. En
2003 fichó por Washington, convertido
ya en una referencia de
la NBA. Comenzó a sonreírle la
suerte y figurar como una de las
estrellas de la liga. En 2003,
Arenas recibió el premio al jugador
con mayor progresión de la
NBA, y ha sido All-Star en tres
ocasiones (de 2005 a 2007); en
otras tantas ha formado parte de
los mejores quintetos de la liga.

Su suerte volvió a cambiar el
24 de diciembre, Arenas y Crittenton,
base suplente del equipo,
se calentaron en el vestuario
del Veriton Center, el estadio
de los Wizards. Unos días
antes habían tenido una discusión
por una partida de cartas.

En el vestuario, Arenas decidió
retomar el asunto. Ante el
asombro y el pánico de sus compañeros,
sacó de su taquilla una
pistola, hizo como que la cargaba,
y apuntó a Crittenton, quien
también sacó un arma.

Arenas se tomó en un principio
el asunto con ligereza, bromeó
sobre su parecido con John
Wayne, y pocos días después,
en el partido que los enfrentaba
a Philadelphia, realizó el gesto
de disparar con las manos a sus
compañeros durante el calentamiento.

A David Stern, máximo
dirigente de la NBA, lo ocurrido
no le hizo ninguna gracia y retiró
al jugador de la competición
de forma indefinida. El merchandising
con su imagen desapareció
de los expositores del
club. Arenas se podría enfrentar
a una condena de cinco años
de cárcel. No tenía licencia para
tener armas y en las normas de
la NBA no se permite su posesión
en los vestuarios: el día del
suceso encontraron cuatro pistolas
en su taquilla. Unos días
después, Arenas se mostró arrepentido,
consciente de que el incidente
podía significar el portazo
definitivo a su carrera.

Mientras llega el juicio, Arenas
y Crittenton han sido apartados
del equipo hasta final de
temporada. Según Stern “ambos
han expresado arrepentimiento
por sus acciones y la
compresión de la gravedad de
sus transgresiones”, además de
comprometerse a “hacer trabajos
comunitarios y convertir las
lecciones aprendidas en un
mensaje educativo para los demás”.

En EE UU mueren al año cerca
de 40.000 personas por armas
de fuego. Gilbert Arenas
cruzó la línea entre la ficción y
la realidad, y fue declarado el
malo de la película. Los medios
de comunicación lo crucificaron
rápidamente, pero pocos
consideraron que su actitud tenía
que ver con unas circunstancias
que nunca le fueron favorables,
y que él interpretó el
papel que siempre le habían
asignado.

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