ENTREVISTA AL GRUPO SAN BLAS POSSE
Apología de la autogestión

‘Acordes de cambio’ es el segundo trabajo
de San Blas Posse, colectivo musical
madrileño. Charlan con DIAGONAL para
presentar con orgullo un disco 100%
autoeditado cargado de reivindicación festiva.

04/09/09 · 13:18
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San Blas Posse
en concierto. FOTO
María José Comendeiro

¿Cómo empezó San Blas
Posse?

Todo empieza hace diez años
en el barrio de Canillejas, un
grupo de chavales huyendo
del ocio alienante se reúnen
en un local para aprender música,
comienza como un taller
en el que sin muchos principios
musicales fuimos aprendiendo
todos de todos. En este
tiempo ha ido pasando mucha
gente que ha dejado su poso
en el colectivo.

El proceso de grabación ha sido
lento, ¿a qué se ha debido?

Desde que empezamos la idea
del nuevo disco han pasado
dos años y medio. Queríamos
hacer un disco totalmente autogestionado
y autoproducido.
Lo primero que hicimos fue
habilitar el local de ensayo
convirtiéndolo en un local de
grabación en lo que ha sido
una labor ardua y compleja. El
proceso de grabación, masterización
y mezclas lo hemos
hecho nosotros mismos con
alguna ayuda. La idea era intentar
descubrir todo el proceso
de la creación de un disco,
desde la composición de los
temas en las cabezas de los
músicos, hasta los entresijos
técnicos de una grabación, de
una mezcla, de una masterización
y ahora de la distribución,
lo que es conocer y controlar
absolutamente todas las fases
de la creación de un disco.


¿La decisión de la autoedición
ha sido forzada o la habéis visto
como la mejor opción?

El primer disco lo sacamos con
WC Records, un sello independiente
que nos apoyó bastante
y nuestra historia con ellos fue
bastante bien, pero para el segundo
queríamos hacer una
cosa distinta y demostrar y demostrarnos
a nosotros que se
puede hacer otro tipo de gestión
de grupo musical con más
autonomía, como una cosa
nuestra, sin intermediarios, solo
nosotros y la gente que nos
quiera escuchar.

¿Qué os ha empujado a editar
bajo licencia Creative Commons?

Hoy en día es lo que nos queda,
trabajar con licencias
abiertas, con licencias libres y
tratar de buscar una forma
con la que políticamente estemos
más de acuerdo, teniendo
unos conceptos como los que
tenemos en contra de sistemas
y dinámicas de funcionamiento
capitalistas. Compartir la
cultura es una necesidad hoy
en día entre la gente que tiene
un poco de conciencia de las
cosas, creemos que es imprescindible,
es una opción a la
que estamos abocados y que
adoptamos con gusto.

El ska es vuestro estilo musical
más definido, vuestros directos
son una fiesta y vuestras letras
comprometidas. ¿Cómo lo
combináis todo?

El ska es el nexo de unión de
todos los miembros del grupo,
las letras comprometidas es lo
que nos apetece contar de forma
colectiva y fiesta porque se
entiende que al menos durante
el concierto no sólo queremos
pensar en las cosas que
ocurren en el mundo y en la vida
de cada uno, también se
trata de pasar un buen rato. Es
una mezcla de estas cosas, y
como decían: “si no se puede
bailar, no es mi revolución”.


Vuestra trayectoria está ligada
a los centros sociales ¿son
vuestro lugar natural?

Lógicamente al tener un compromiso
social y político estamos
muy cercanos a muchos
colectivos que como nosotros
tiran adelante con poco apoyo
y son también autogestionados
y nos gusta esa posibilidad
de apoyarlos. Hemos tocado
en cualquier sitio, con o sin escenario,
con o sin dinero de
por medio, siempre que nos
guste el porqué y el dónde tocamos
no tenemos ningún tipo
de cortapisas en hacerlo.
Lógicamente nos sentimos
muy cómodos tocando en centros
sociales.


¿Como veis las okupaciones
actualmente en Madrid?

El movimiento okupa está ahora mismo en un proceso
de relevo generacional con un
momento en cierto modo dulce,
en el sentido en el que se
están reproduciendo las experiencias
y multiplicando.
Esta es una ciudad dura, dura
de vivir y dura de transitar;
hay mucha presión. La derecha
lleva mucho tiempo dando
caña y en contrapartida la
gente se tiene que mover más
para salir de esa presión y represión
institucional. Con respecto
a la cultura que se ofrece
siempre es una cultura de
pago, ciertamente elitista que
si tú puedes pagártela bien y
si no hay muy poca oferta y está
enfocada a un sector muy
concreto que es el sector votante
que mantiene a la gente
en el poder. El resto tiene que
buscarse la vida y salir de esa
presión para poder conseguir
cosas.

¿Y el supuesto Madrid olímpico
en el que vivís?

Es el reflejo de lo que decíamos
antes, se centran todos
los esfuerzos en los profesionales
del deporte y al mismo
tiempo el deporte base se lo
cargan, privatizando polideportivos.
Es la hipocresía del
sistema capitalista en el que
te venden deporte si eres un
triunfador pero si quieres pasar
un rato a gusto con tus
amigos practicándolo, te lo
ponen difícil. Con la cultura
ocurre lo mismo, si eres un
triunfador se te abren todos
los teatros, no importa la hora
a la que hagas ruido y la calle
es tuya, pero si eres un
grupo que quieres pasarlo
bien y que la gente se lo pase
bien contigo, todo son trabas
no te dan ningún permiso,
etc. Cuando se critica a los
ayuntamientos no es desde
un punto de vista llorón.
Tenemos claro que es nuestro
enemigo y que no nos van a
poner las cosas fáciles.

En estos diez años, ¿habéis
notado de algún modo el crecimiento
como grupo?

Sí se nota, no es algo exagerado
pero sí que se nota. En los
círculos en los que nos movemos
y en estos ambientes minoritarios
en los que nos desarrollamos,
la gente te conoce y
tiene gusto porque vayas a tocar
a su espacio o a su colectivo.
Nos ha sorprendido que la
gente se sepa las letras de las
canciones fuera de Madrid,
que sería nuestro entorno más
habitual, y que se las sepan y
las canten es algo bastante curioso.
Estamos todos de acuerdo
en que la principal satisfacción
es el cariño y el apoyo de
la gente, el verlos tras los conciertos
y que saben qué tipo de
colectivo eres, y que te digan
que están contigo y que te den
las gracias. Ayuda y te reilusiona
para seguir adelante.

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