apostilla desde la mesa camilla
El año que sufrimos subterráneamente

Pablo Motos, ese hombre, conduce el inefable ‘El
Hormiguero’, uno de esos programas de varietés de
toda la vida que Cuatro ha barnizado con su habitual
capa de buen rollo ‘progre’. Entretenimiento casposo
y sexista para toda la familia.

08/01/09 · 17:46
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Hay ahora mismo reinando
la parrilla un
programa que me
encanta, de verdad.
Me hace pasar unos ratos fenomenales
y el presentador es
un crack. Es un hombre pequeño,
la mar de salao, con
una barbucha pelirroja como
de haberse quemado tras lustros
de after shave y una estatura
que hasta en la tele se ve
que es escasa. Es un tío guay.
Un tío que se lo ha currado. Se
llama Pablo y se apellida Motos.
Viene de la radio y es cantidad
de gracioso el nota. Le
duele la boca de decir que tiene
un equipazo aunque todo
el programa pivota en torno a
él, un líder, un hombre como
sietemesino pero que tiene ese
don incontrolable de caer simpático
a las masas y de saber
esconder su infinidad de complejos
tras una pátina de pretendida
autoparodia.

¿Se me ha visto ya el plumero?
Si, como dijo el gran Jordi
Costa, el siglo XXI es el siglo
XX contado para niños, El
Hormiguero, este programa
tan flipante y original del que
hoy disertamos, es un programa
infantil, pero de esto sólo
se dan cuenta los niños, a los
que, con toda razón y derecho,
encanta. El programa reina
desde hace unos meses casi
sin competencia lo que se conoce
como franja pre-prime time.

Esto es: el ratico de justo
antes de sentarse con el bocata
de tortilla francesa con atún
bien chorreante delante de la
tele. Técnicamente va –la franja
horaria, no tu bocata– de las
20h hasta el inicio de los espacios
estelares de las 22 horas.
Comenzó como una posibilidad
de arañar puntos de share
y engatusar a la gente hacia el
sofá y se ha convertido en uno
de los bombones de programadores,
directivos y presentadores.
En esta franja –me
encanta decir franja: franjafranja,
queda como muy riguroso–
compiten hoy por hoy el
susodicho Hormiguero (Cuatro),
El Intermedio (Sexta) y
Camera Café (Tele5). Antena
3 y TVE1, que parece que no
acaban de pillarlo, a por uvas.

Al turrón: El Hormiguero,
programa de entretenimiento
(antaño variedades): empieza
con un monólogo ad hoc modelando
la actualidad del día y
con Prisa. Continúa recibiendo
a un personaje famoso en
promoción, mayormente advenedizo,
dos condiciones por
otro lado no reñidas. Si es chico
se pondrá a prueba su hombría
con alguna machada de
barra de bar, si es chica, cómo
no, se ponderará la turgencia
de sus senos y/o piernas y su
liquidez neuronal antes de entrar
en harina. Cosas.

El formato entrevista sufre
con la violencia de género –muy común– que le propina
el propio Motos y dos mascotas
estrangulables recogidas
del taller del alumno retrasado
de Jim Henson: Trancas y
Barrancas. Olé. Todo un hit
con merchandising propio del
que se reirán, como en un
bucle infernal, en un programa
futurible similar al Hormiguero
un par de colaboradores
parecidos a los hoy manipuladores
de las marionetasinsectos.

Secciones fijas
también son una canción ‘cachonda’
para mandar a los peques
de la casa al catre, con
melodía robada a unos insensatos
Farfare Cioccarlia; un
espacio de ciencia en el que
un tipo sobradísimo al que le
gusta travestirse y que daría él
mismo para una columna crítica,
pone en peligro a todo un
equipo con su delirio de ser ignífugo.
Sólo diré que el interfecto
se hace llamar Flipy.
Silencio. Los nombres hablan
a veces por las cosas. Flipy.
Perdón. Otras secciones diarias:
el Rap, repasa desafinando
los high lights del día;
Frases Célebres de niños –cursis
hasta la arcada y además
intuyo que falsas– o el kiosco,
en la que, oh, milagro, los que
hacen de hormigas salen de
debajo de la mesa y hablan sobre
revistas raras, regalándonos
por lo tanto unos bellos
momentos sin las vocecitas de
sus laboriosos alter egos.

La cabeza visible de este circo
más que nada insustancial
es Pablo Motos, un personaje
sorprendentemente en alza,
de esos que está deseando que
lo entreviste ya Jesús Quintero
para asegurar con voz grave:
“Mi secreto es la suma del trabajo
de mi equipo. Mi gran número
de colaboradores son,
quiero pensar, por este orden,
buenas personas y gente con
talento”. O algo así. Y dale con
lo de ser ante todo buenas personas.
A un portero de finca o
a un panadero nadie le pide
que sea buena persona, se le
presupone, mientras que los
personajes públicos parece
que tuvieran que aclararlo
continuamente.

El menda, perdón, su equipo,
se llevó en 2008 el Ondas
televisivo al Mejor Programa
de Entretenimiento por, sic, la
innovación y la osadía del formato,
y por su reinvención de
la televisión familiar. Lo mejor
es lo de la osadía y lo peor
el bochornoso número musical
que preparó el equipazo
Motos y que confirmó que pese
al protagonismo de las cancioncillas
en su programa,
cantar, lo que es cantar, pues
no se les da. Lo mejor de El
Hormiguero es que da bastante
juego a Ángel Martín en su
sección del Sé lo que hicisteis
y además, como el programa
es de Cuatro, puede pinchar
íntegras las secuencias en las
que Motos trata de cruzar la
barrera del sonido mientras le
arde el mono de amianto y le
sale mal. Aunque el ego de
Motos yo calculo que podría
cruzar él solito todas las barreras
habidas y por haber.

Así que, ya sabéis, familia –cristiana o progre–, si queréis
entretenimiento sexista y chorra
de altura, dejad la Cuatro
después de Gabilondo: encontraréis
un tío “quetecagas” de
majo que os estragará la exigua
cenita a la que seguro os
enfrentáis. Ánimo, chicos. Si
sobreviven para mi próxima
entrega, les hablo el próximo
día de Granjero Busca Esposa,
también, joder, en
Cuatro. Los Polánquez están
que se salen...

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