apostilla desde la mesa camilla
Al pasar la barca me dijo el barquero

¿Es el humor televisivo un monopolio masculino? Las
pocas mujeres humoristas que pululan por nuestras
pantallas parecen tener que resignarse a hacer de
sonriente y monísimo complemento de sus
compañeros de programa. ¿Hasta cuándo?

16/10/08 · 0:00
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COMPLEMENTO DIRECTO. Las ‘donnas’ de la tele juegan un papel subordinado al conductor del programa.

Me dijo el barquero:
las niñas bonitas
presentan
programas. (¿O
dijo pogramas?). El caso es
que yo le contesté: Yo no soy
presentadora ni lo quiero ser,
yo quiero ser humorista como
una mujer. Entonces, enseguida
el barquero se me puso
hablar de sentadillas y de cremas
anticelulíticas. Porque en
un silogismo catódico diríamos:
“Patricia Conde es humorista,
todas las tías que salen
en la tele quieren ser graciosas,
luego todas las tías que
salen por la tele son Patricia
Conde y, por lo tanto, están
buenísimas”. Y si en algo parece
haber quórum en estos
días fuera y dentro de la pantalla
es: una tía buena merece,
cuando menos, ser mirada
y, de paso, escuchada. Las
feas comenzarán sus speeches
mofándose de su fisonomía
para justificar su presencia
delante del teleprompter y
su inaudita ausencia de piernas
kilométricas.

Y todo esto empezó con un
táper de croquetas. A ver, todos
los lunes nos juntamos las
amigas a reflexionar y a compartir
nuestros respectivos alijos
de anfetaminas y tranquimazines.
Y al rato pues nos
entra una flojera que alguna
tiene que convidar a viandas
reconstituyentes. Así fue como
mi Lola se sacó generosamente
un táper de croquetas
que tenía guardadas para su
José Luis, que está en 4º de
derecho con 38 años. En fin,
al lío, que a alguien le dio por
comentar la retirada del
anuncio de las Letras del Tesoro
por parte del Ministerio
de Igualdad –al que bien podríamos
ya llamar el Ministerio
del Circo y los Enanos. Y
después de ponderar el caso
concluimos que si esa chiquilla
–léase la ministra ad hominem–
no enciende la tele o la
radio un mísero día al año.
Porque hay que ver la minucia
que ha ido a señalar, que
bien quitada está, yo no digo
que no, pero es como si vas a
Iraq y le dices a Bush que vaya
cómo tienen a las mascotas
sin su pienso para gourmets.
¡Hombre, por dios!
Y de ahí se sigue mi reflexión
primera: ¿Acaso no es el
sexismo más endémico a la
televisión y la publicidad que
las 625 líneas de su formato?

Porque digo yo, si por poner
un ejemplo, la niña de Rajoy
se parara un día cualquiera
delante de la tele vería toda su
vida pasar delante de ella así
como esos que medio se mueren.
Vería todos los arquetipos
a los que está destinada,
pero sobre todo detectaría
que con un buen blanqueamiento
dental, unas prótesis
bien injertadas y un tío al lado
siendo convenientemente paternalista
y llevándose la chicha
de todos los guiones –vease
Ángel Martín (Sé lo que hicisteis)–,
se llega bien lejos en
esto de los media entertainment.
Siguiendo el método
científico observamos que todas
las mujeres televisivas
con pretensiones humorísticas
ostentan carne muchachil,
sonríen a saco, se dejan
dirigir y cuidan a su compañero
de guión, mesa o plató.
En fin, todas las estrategias
que te ayudarán en la vida
moderna, niña bonita.

Las donnas de la tele juegan
siempre –si no juegan, en
El Hormiguero (Cuatro) y Muchachada
Nui! (La 2) directamente
no existen– un papel
subordinado al conductor o
director supermacho o superlisto –y esto en el caso más
afortunado del humor patrio.
En el lado más desafortunado,
pero no por ello menos
ilustrativo, destacan los profundísimos
roles femeninos
de Pluton BRB Nero (La 2) –la
tía buenorra y encima cyborg
y/o la maruja que persigue al
capitán de la nave. Joder, si
eso es el futuro, me quedo en
los ‘80, donde al menos ponían
La Bola de Cristal.

Los de la Common Wealth,
siempre avezados en estas cosas
de la cultura, despuntaron
años, pero años ha, con Te
quiero, Lucy (ABC) o el Show
de Carol Burnett (CBS) y más
recientemente en el circuito
off comedy americano Sarah
Silverman (impagable su hit
I’m fucking Matt Damon, búsquelo
en YouTube) o Kathy
Brand, autoapodada ‘Culo-
Gordo’, cuyo show triunfa en
la pérfida Albión (aquí en
Digital+), en el que se come
con papas ella solita un espacio
entero y unas parodias al
estilo Testimonios de los Muchachada,
pero, por fin, escritas,
dirigidas e interpretadas
por una mujer que se ríe de
las propias mujeres. Autonomía
humorística; y encima
está gorda. Impagable.

Como por aquí somos tan
copiotas con eso de los formatos
y los iconos, pronto aparecerá
un remedo latino, aunque
me temo que para que
surja alguien con una libertad
creativa de ese tamaño tendríamos
que pasar lustros
imitando a la BBC –cosa improbable–
y olvidar la insidiosa
obsesión de que todas, todas,
todas las tías que salen
por la tele estén buenísimas y
se nos recuerde a cada paso,
como si no fuera evidente.

Destaca la nueva chica Caiga
Quien Caiga, Estíbaliz Gabilondo,
que imita en trazas a la
mencionada Silverman; además,
no es humorista en sí, sino
que le ha sido adjudicado
el papel de escucha y resuelve
injusticias. También muy de
la mujer de aquí.
Menos escucha y más producción.
Menos subordinada
y más enunciativa. Menos
cacha y más humor, por dios
o por la virgen. Mujeres humoristas
de la piel de toro y
archipiélagos, salid del armario,
mostradnos vuestra
celulitis, liberaos.

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