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¿Y si la historia hubiese cambiado?

El documental 'Espías en la arena' cuenta una historia que era necesario contar, la de una operación que pudo cambiar el curso de la historia de España.

, historiador.
11/11/16 · 16:17
Detalle del cartel del documental 'Espías en la arena'.

Siempre se habla de las razones que llevaron a las potencias aliadas a no intervenir en España durante la Segunda Guerra Mundial. Es claro que Franco se alzó con la victoria en 1939 frente a la República por la ayuda que el fascismo italiano y el nazismo alemán le prestaron. También es evidente la concomitancia entre el franquismo y las fuerzas del Eje, plasmada en la colaboración que Franco y su régimen les dio, como las facilidades para repostar a las fuerzas navales alemanas e incluso el cuidado de heridos. Sin olvidar, ni mucho menos, la ayuda militar a través de la División Azul. Aunque España oficialmente nunca participó en la Segunda Guerra Mundial (Neutral/No Beligerante), la ayuda fue evidente.

Y es que la anomalía de España era también vista por el resto de fuerzas aliadas. Aun así, España fue un asunto espinoso. Nadie quiso abordarlo. La República española y las fuerzas antifascistas españolas fueron abandonadas a su suerte. Y eso, a pesar de que esos mismos antifascistas se implicaron desde el primer momento en la lucha contra el nazismo y el fascismo en los combates de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la historia sí pudo cambiar. Y de ese acontecimiento es lo que habla el documental Espías en la arena. Dirigido brillantemente por Marta Hierro y Pablo Azorín Williams, quienes gracias al tesón de su trabajo y documentación han logrado rescatar una historia de ésas que son extraordinarias.

Un documental que narra cómo la OSS (Office of Strategic Services), antecedente de la actual CIA, se implicó en una operación de espionaje para poder tomar posiciones en el interior de España.

En caso de que España permitiese a Alemania la posibilidad de tomar el Estrecho de Gibraltar o Franco entrase en guerra con el Eje, norteamericanos y británicos bombardearían posiciones estratégicas españolas para desalojar a Franco del poder.

Al frente de la OSS estaba el conservador William Joseph Donovan, que consideró de forma coherente que esa misión sólo la podrían desempeñar convencidos antifascistas. Y fue a reclutarlos al norte de África, donde antifascistas españoles se hacinaban en los campos de concentración.

Allí localizaron a militantes o gente en la órbita del PCE que fueron preparados para esta misión que tenía como objetivo cambiar el curso de la Historia. Se puso en marcha la operación Blackbone, y dentro de la misma la Operación Banana. A partir de ese momento, esos antifascistas españoles pasaban a formar parte de la OSS de EE UU.

Sin embargo, lo que empezó muy bien acabó muy mal. Por diversos motivos, la operación fue un fracaso. Algunos cuestiones internas del grupo y del PCE. Otras, las motivaciones y preferencias de EE UU, que fueron variando con el paso de los meses en la Segunda Guerra Mundial.

El resultado final fue la detención de más de 200 integrantes del Partido Comunista de España. Entre ellos, los espías al servicio de EE UU. Un infiltrado en la organización comunista causó estragos en sus estructuras clandestinas. Los consejos de guerra, auténtica parafernalia del franquismo con sentencias de antemano, se cobraron su contribución de sangre.

Aunque los integrantes de la Operación Banana esperaban que EE UU interviniesen en su favor (en definitiva eran agentes suyos), tal extremo no se produjo. Hubo consejos de guerra en Melilla, Málaga y Alcalá de Henares. El 16 de enero de 1945 eran fusilados en las tapias del cementerio de Alcalá de Henares algunos de los integrantes de la Operación Banana, entre ellos Manuel Lozar. Su cuerpo permanece en la fosa de la ciudad complutense.

Fue un duro golpe a la dirección comunista de Jesús Monzón. En esta operación participaron personajes como Ricardo Sicre, Víctor Moreno Cristóbal, Jaime Pérez Tapia, Feliciano Páez, etc.

Pudo cambiar el curso de la historia, pues su misión era allanar el camino que posibilitara la intervención aliada en España. Cuestión que no sucedió finalmente.

Aun así, llama la atención la cantidad de posibilidades a través del espionaje que hubiesen sido motivo de intervención militar aliada contra la España franquista.

Hace muchos años, en el trascurso de una investigación histórica sobre la explosión fortuita de un polvorín en Alcalá de Henares en 1947, hice una enumeración de los distintos polvorines que habían explotado en España desde 1939. Salieron varios: Peñaranda de
Bracamonte, Pinar de Antequera, Cádiz, etc.

Pero uno me llamo la atención por encima de otros: Ferrol. Allí hizo explosión un depósito de armas en 1943. Todo parecía fortuito. Pero tuve una interesante conversación con el historiador Enrique Barrera Beitia, que había investigado el asunto.

Las autoridades franquistas ocultaron de forma deliberada que esa explosión había sido producto de la guerrilla anarquista de la zona en combinación con los servicios secretos británicos por las paradas de los alemanes en la zona para repostar. De haberlo reconocido el gobierno franquista era "causas belli".

Los servicios secretos británicos estaban en contacto con los guerrilleros anarquistas gallegos.

Una historia la de Espías en la arena que era necesario contar. Pero, como se habló en el coloquio posterior a su presentación, España es diferente.

Los que en otros países serían héroes que habrían dado su vida por una causa justa durante la Segunda Guerra Mundial, aquí son olvidados y condenados al ostracismo. Lo que en otros lugares sería motivo de homenajes, dignificaciones e incluso de una serie de televisión, aquí es guardado en un legajo y olvidado.

Este acontecimiento sólo tiene cabida en los historiadores que han trabajado la época. Recomiendo el libro de Fernando Hernández Sánchez Los años de plomo. La reconstrucción del PCE en el primer franquismo (1939-1953) (Crítica, 2015). También que lean el libro de Feliciano Páez-Camino, hijo de Feliciano Páez, protagonista de esta historia, titulado En el sabor del tiempo (Huerga & Fierro, 2012), donde da algunas pinceladas de este asunto.

O el texto Muerte después de Reyes de Manuel de la Escalera (Akal, 2015), donde se habla del fusilamiento de alguno de los protagonistas de esta historia. Hay muchos más. Sólo es un anticipo.

Menos mal que Pablo Azorín y Marta Hierro lo han rescatado. Menos mal que los familiares de los protagonistas lo han recordado. Menos mal que existe cada vez más gente que quiere conocer nuestro pasado. Gracias a trabajos como Espías en la arena es mucho más fácil conocer ese pasado. No se la pierdan.

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