Bérgamo, fin de temporada

El colombiano Esteban Chaves logró la victoria en el Giro de Lombardía.

10/10/16 · 8:00

El Giro de Lombardía escribe cada año el último capítulo de la temporada. Son unas páginas otoñales, demasiado saturadas de colores ocres, con un aire de despedida inevitable. Las líneas de este año terminaron en Bérgamo. Después de más de seis horas pedaleando, el colombiano Esteban Chaves cruzó el primero la línea de meta y pasó a la historia del ciclismo. Ocurrió el sábado 1 de octubre de 2016.

La precisión quiere que, en realidad, el curso de este año termine en Doha (Qatar), donde del 9 al 16 de octubre se disputará el Mundial de Ciclismo. Pero cuesta tomarse en serio lo que allí va a suceder. Cientos de kilómetros planos en islas artificiales parecen el escenario idóneo para contar todo lo que el ciclismo no es. Llama la atención que la Unión Ciclista Internacional, tan cuestionada, se haya prestado con entusiasmo a esta excursión. Algunos ciclistas habituales del Mundial han decidido quedarse en casa. Volvamos a Bérgamo.

Allí, Chaves pasó a la historia al convertirse en el primer ciclista colombiano en ganar uno de los monumentos del ciclismo, condición que ostenta el Giro de Lombardía junto con la Milán-San Remo, el Tour de Flandes, la París-Roubaix y la Lieja-Bastogne-Lieja. La victoria de Chaves, que se impuso al sprint al italiano Diego Rosa y al también colombiano Rigoberto Urán, viene a confirmar la principal noticia del ciclismo contemporáneo: los corredores colombianos han regresado y juegan en todos los terrenos.

Cambio de ciclo

Hubo un tiempo, en los años 80, en el cual los corredores colombianos respondían al tópico del ciclista humilde. Siempre escaladores, con gesto indescifrable en el esfuerzo, sufrían en los descensos y maldecían cualquier contrarreloj. Los Lucho Herrera y los Fabio Parra de entonces estuvieron a punto de ganarlo todo, pero sus gestas siempre terminaban en un casi.

Para mayor abundamiento en el tópico, el ciclismo europeo celebró aquellos días recogiendo las crónicas de Radio Caracol, cuyos reporteros se desgañitaban contando las aventuras de sus compatriotas, siempre al borde de la victoria y de la extenuación.

Tras aquellos años de gloria, llegaron los intentos de convertir a algunas promesas colombianas a la disciplina europea, pero se quedaron en eso: en el intento. Fueron también los años del plomo, de la sospecha; un cambio de siglo sobre el cual trabajó el dopaje y el silencio. Pasada la tormenta, el ciclismo latinoamericano regresó al pelotón y fue ofreciendo algunos nombres que recordar.

En 2016, ese regreso se ha convertido en titular. Los colombianos Nairo Quintana, Esteban Chaves, Sergio Luis Henao, Rigoberto Urán y Jarlinson Pantano han ejercido de protagonistas. Y, aunque su calidad sigue distinguiéndose en las alturas, disputan cada tramo de carrera, desde la nieve del Giro a la lluvia de Flandes, pasando por el Tour y sus llegadas en ciudades nerviosas. Conservan, eso sí, un punto de discreta cordura, conscientes de una corriente que los celebra como los abanderados de un país nuevo.

Paradoja

En el podio de la última Vuelta a España, Nairo Quintana –ganador del Giro 2014 y de la Vuelta 2016– se lanzó con su reiterado discurso: “Es una gran responsabilidad llevar el nombre de Colombia ante el mundo y el día de hoy lo estamos haciendo. Que el mundo entero sepa que nuestro país es paz, es deporte, es amor”. Así que, en la senda por él dibujada, la victoria de Esteban Chaves en Lombardía en la víspera del referéndum colombiano sobre el proceso de paz parecía el anticipo de algo, de un cambio irreversible.

Ataca Esteban Chaves en los últimos kilómetros de la classica delle foglie morte. Saborea la oportunidad de cambiar de una vez y para siempre el relato. Un ciclista colombiano se dispone a vencer en un monumento. Las calles de Bérgamo Alta contemplan la disputa. Los aficionados componen un respetuoso pasillo. Miles de kilómetros acumulados a lo largo del año. Miles de metros de desnivel acumulados en una jornada, la última del curso. Hojas muertas en las aceras. La belleza exagerada de cualquier ciudad italiana. Las últimas líneas del texto. La inminencia de la palabra fin. Todos los ingredientes condensados en un sábado de otoño. Amenaza la lluvia y Chaves se la juega al sprint. Su decisión resulta irreversible. Su determinación anticipa la determinación del pueblo colombiano. O no. Al día siguiente ganó el ‘no’ y no hay crónica que termine bien con semejante resultado.

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