Crítica
Espiritismo cinéfilo con vocación artística

'El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo' hermana el cine de terror italiano de Dario Argento o Sergio Martino con el 'thriller' surreal de David Lynch y Roman Polanski.

21/06/16 · 19:14
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De moda en los años 60 y 70, el giallo fue un estallido de sexo y violencia que explicitó y expandió las facetas más fetichistas de la intriga hitchcockiana. El género languideció, pero filmes como El bosque maldito o Miedo pun­to com siguieron home­na­jeando una tenden­cia desa­parecida.

En los úl­ti­mos tiem­­pos, la si­tuación ha cambiado: la eti­que­ta del neo­giallo agrupa apuestas muy diversas concebidas por diversos realizadores europeos y latinoamericanos. Entre ellos, cabe destacar a Hélène Cattet y Bruno Forzani.

El primer largometraje de la pareja, Amer, tendía puentes entre el cine de género y el videoarte digital. Su nueva pro­puesta, recientemente co­mercializada como edición limitada en formato Blu-ray, lleva como título El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo.

De nuevo, Cattet y Forzani parten del colorismo estridente y psicodélico de algunos gialli. Además, vuelven a tomar prestados diversos temas musicales de la época.

Y expanden su sesión de espiritismo cinéfilo, porque convocan los espíritu de dos referentes del thriller abierto a lo irracional. Como en Las brujas de Salem, de Rob Zom­bie, el surrealismo pop de David Lynch (Carretera perdida) sirve de inspiración para escapar de los sustos rutinarios. También comparecen las angustias kafkianas del Polanski de El quimérico inquilino... y un punto de partida cercano al de Frenético.

El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo se inicia con un enigma, la desaparición de la esposa del protagonista en una habitación cerrada. Esta premisa, propia de una obra clásica de misterio, propulsa un puzle de historias contadas y alucinaciones vividas o soñadas. El emplazamiento es un edificio de apartamentos rebosante de trucos y secretos... a la manera del giallo: deseos turbios, traumas, iconografía sadomasoquista y cuchillos afilados.

Apenas importa quién es el asesino ni sus motivaciones: como el Lynch más libre, Cattet y Forzani proponen un viaje en montaña rusa sin demasiadas medidas de seguridad. Cabe la posibilidad de que el espectador pierda asideros, pero los autores desplegan un artefacto estético arrebatador.

Las pan­tallas partidas características de Brian De Palma (Vestida para matar) conviven con escenas de fotonovela reminiscentes de La Jetée. Lo pulp y lo artístico se entrelazan sin solución de continuidad. Pero los autores también consiguen escenas de intriga memorables con recursos más convencionales.

Sin corsés

Si Amer era un filme nítidamente transgenérico, aquí Cattet y Forzani se mueven dentro de las coordenadas de un thriller bastante liberado de corsés.

Aunque las imágenes siguen conteniendo una sensualidad perturbadora, el conjunto tiene una apariencia más cerebral. Y supone una especie de reverso masculino de su predecesora, que matizaba fuertemente el androcentrismo habitual en el giallo.

El ex­tra­ño color de las lágrimas de tu cuerpo procura evitar la zafiedad exploitation cuando representa turbias mezcolanzas de erotismo y violencia.

Pero Amer visualizaba, además, acosos e intrusiones muy cotidianas: aun partiendo de una iconografía problemática, y proyectando una mirada más provocadora que militante, daba pistas para llegar a concebir un cine de terror feminista.

En esta ocasión, plantean una trama de mujeres tentadoras y hombres irremisiblemente atraídos, cual polillas, a su perdición. El relato también puede interpretarse como una advertencia contra la exploración de la sexualidad femenina fuera del control masculino.

Parece un eco involuntario. Los autores se inspiran en transgresiones fílmicas que, a menudo, ocultan un sustrato conservador. Con todo, ante la homogeneidad de tantos terrores mainstream, su propuesta sigue teniendo bastante de revulsivo.

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