Entrevista
Nakany Kanté, África ya empieza en los Pirineos

Con 'Naka', su segundo disco, la guineana de Conakry Nakany Kanté se ha convertido en una vitalista embajadora de las músicas de su país.

15/05/16 · 8:00
Nakany Kanté.

Es la tercera vez en menos de un año que voy a entrevistar a esta fuerza de la naturaleza de tan sólo 25 años. Acaba de presentar su segundo disco, Naka, en el rígido recinto del Auditorio del C.C. Conde Duque de Madrid, y pese a las cortapisas de esta clase de espacios más pensados para el jazz y el teatro que para propuestas tan vitalistas y más propias de recintos al aire libre, como siempre que Nakany actúa y se desmelena, la excitación general flota en el aire.

A la salida acabo de escuchar a alguien decirle a Óscar Martos (líder del grupo africanista de Madrid, Pyramid Blue): "había escuchado el disco con mucha atención, pero su directo es otra dimensión".

Así es, nadie queda indiferente y su entusiasmo juvenil se contagia. Desde su segunda actuación el año pasado en el Poblado Africano del Rototom Festival, ha sido casi imposible no cruzarse con Naka (como la llaman en su entorno) de una forma u otra, en cuanto te interesabas por algún atisbo de música africana hecha en España.

Le pregunto qué ha cambiado en este último año, cuando nos quejábamos de que lo africano permanecía anclado en lo exótico, sin posibilidad de avanzar transversalmente en la cultura y la música española. Pero casi no hace falta que conteste.

Los titulares hablan por ella. Habitual de toda clase de espacios en RNE-3, quinto mejor directo nacional de 2015 según la revista Rock de Lux, páginas completas en La Vanguardia, El Periódico, El País.

Está de dulce. Y la historia de la chica guineana de Siguirí (en la frontera con Malí) que nunca cantó profesionalmente, aunque hiciera sus pinitos incluido un concurso que dice ganó con 18 años, hasta que llegó a Sabadell y de la mano de su marido, el percusionista Daniel Aguilar, comenzó su carrera musical participando en iniciativas públicas de visibilización de artistas africanos en Catalunya, como Afroesfera y Afromúsiques o en el proyecto de música para la integración Diversons financiado por la Obra Social de La Caixa.

Su álbum de debut en 2014, Saramaya, era un compendio de ritmos tradicionales del África Occidental, que fue calando poco a poco, y que le permitió no parar de actuar en la frondosa agenda de festivales populares de la provincia de Barcelona, consolidando una reputación de artista fresca y que transmite energía positiva, aunque sus letras "mandingas" no se entiendan por el respetable.

Da igual, la riqueza de las texturas sonoras con músicos de múltiples nacionalidades (senegaleses, de Burkina Faso o Malí, pero también argentinos o la tremenda potencia de sus bailes con su corista senegalesa Mami Mbengue), suplen de sobra la conexión emocional con el público.

Como ocurre ahora con Naka, los trabajos de Nakany Kanté van ganando poco a poco a cada escucha, lo que demuestra que, aunque no se trate de una griot (las castas de artistas que transmiten la tradición popular de generación en generación en el África Occidental), es una trabajadora intuitiva e infatigable con mucho más conocimiento de la música popular africana del que pudiera parecer para su edad. Un diamante en bruto que se está puliendo poco a poco en España. 

"Sí, este disco es mucho más personal que el primero, porque todas las composiciones y la producción son por fin mías, con la supervisión de los músicos, que aportan cada uno lo suyo, claro. A mí es que me viene la inspiración en cualquier momento, pienso en una palabra africana que me viene a la cabeza, y de ahí me pongo a desarrollarla donde esté".

Curioso, los títulos de casi todas sus canciones se componen de una sola palabra. Pero en su cultura mandinga, una palabra es más que un formato ortográfico, es un océano conceptual. ¿Y quién hace los arreglos, porque este disco suena mucho más maduro que el anterior, más trabajado? "¡Pues yo!", contesta casi ofendida, pero sin autosuficiencia.

Has estado recientemente en tu país, Guinea Conakry, has aparecido en las televisiones, con lo que eso significa de popularidad en África, allí ya te llaman artista, has actuado allí, pero en realidad, ¿cómo te ha recibido el resto de la comunidad musical, teniendo en cuenta que ni eres griot ni has desarrollado tu carrera en el país, sino en el extranjero, y eso a veces se usa para acusar de impostura a los que no viven en casa?

No. Muy bien. Les gusta mucho Tougna que canto con Dani Makako y Calima. Están encantados de que nuestra cultura sea reconocida en Europa por otros músicos. Yo procuro ser humilde, y no competir con nadie. Sólo cuento lo que la gente de la calle vive, y se sienten muy bien de que alguien se lo cante.

Sí, de hecho, has grabado un vídeo muy cómico allí que se llama Yaguikhono y que cuenta una estupenda fábula de un padre que no reconoce a la hija de su amante embarazada, y 18 años después trata de ligársela en un bar, sin saber que se trata de su propia hija.

(Risas).

¿Eso significa que, como ocurre con otros artistas de tu país que han tenido repercusión internacional como TakanaZion, y que incluso han vuelto para montar estudios discográficos en Conakry, tienes en paralelo un proyecto de carrera local o para el mercado del África Occidental?

(Se le ilumina la cara). Bueno, no sé, pero tengo que volver para grabar un nuevo vídeo allí y un single para ellos (y se le nota el entusiasmo ante la perspectiva, pese a que las giras y la promoción de Naka mirando ya hacia el Womad y el circuito internacional de la WorldMusic, le obligan a tener los pies en el suelo y a concentrarse a este lado del Mediterráneo).

Me cuenta además lo ilusionada que está por volver a Conakry para participar en el nuevo documental que dirige Xavi Artigas (Ciutat Morta) sobre la vida de su paisano Idrissa Diallo, cuya polémica muerte en el CIE de Zona Franca (Barcelona) la noche de Reyes de 2012, tras saltar sólo unas semanas antes la valla de Melilla, y ser inasistido médicamente antes y judicialmente después de su fallecimiento, se convirtió en uno de los principales caballos de batalla por el cierre del CIE de la Ciudad Condal por sus inhumanas condiciones.

La internacionalmente conocida artista chilena Ana Tijoux, encargada de la banda sonora, ha exigido la presencia de Nakany en el documental y ella, además de agradecida, se muestra muy emocionada ante la perspectiva de contactar en persona con la familia del difunto Idrissa.

La solidaridad no reside en banderas, reside en sentimientos de humanidad. En Africa son así. "Pero no va a ser algo trágico, será algo sentido, pero también alegre", me dice. Claro, allí no se castigan con la muerte, celebran la suerte de haber compartido la vida de quien se fue. Lo que me recuerda que no es la primera vez que colabora en audiovisuales solidarios. También participó en el documental de Leo Messi Sueños de Héroe para recaudar fondos contra la malaria.

Pero, volviendo a España, a mí no me interesa esa etiqueta de 'Afro-Pop Malinké' que no existe, ni nada significa, pero que le han impuesto los medios para referirse a su afro-fusión de ritmos africanos como el sabar (mbalax) senegalés, el soukouss congoleño o el afrobeat nigeriano con cadencias mediterráneas. Me suena a otro exotismo más con lo de "malinké" (la forma en que se autodenominan los mandingas).

Yo lo que quiero averiguar es por qué ella es la "elegida" para dar la bienvenida a la música africana hecha en España. En su sello, la pequeña discográfica especializada en Barcelona  Slow Walk Music, impulsada por el antiguo mánager de Ojos de Brujo, Javi Zarco, hay otras referencias muy interesantes de africanía facturada en España como Alma Afrobeat Ensemble o la cantante mozambiqueña, nacida en Bostwana, Anita Zengeza, pero no tienen ni de lejos, la misma repercusión en España que la Kanté.

Tal vez, el folclor del África Occidental nos suena más cercano desde que senegaleses, cameruneses y guineanos se empezaron a instalar en España en los 90, o tal vez es porque se trata de una mujer y cada vez más reivindicativa, por cierto, que nos acerca de primera mano una crónica en femenino de lo que sucede allí, una visión de la que carecemos.

¿Cómo has conseguido captar tanta atención sin utilizar esa imagen agresiva y sexy de pelo corto de colores o de peinados excéntricos que tanto ayudan a vender como imagen en Europa, que popularizó Angelique Kidjo, y siguen otras muchas artistas africanas como tus paisanas Sayon Bamba y M’BalouKanté, o la nigeriana YemiAlade?. ¿Qué mujeres africanas te sirven de inspiración, RokiaTraoré, Fatoumata Diawara…?

A mí me gustan sobre todo Fatou (la malí) y (la elegante, pero sencilla, costamarfileña) Dobet Gnahoré. Pero yo soy Nakany, tengo mi propio estilo. No me gusta utilizar cosas ni ponerme faldas estrechas para hacerme la sexy y que la gente me quiera. No podría bailar con una falda ceñida, ni ser yo. Y yo soy la misma en el escenario que fuera de él.

Claro que tengo mis trucos para seducir, mi peinado y mis detalles con la ropa, pero no me hace falta utilizar cosas llamativas porque sí. Mis padres siempre me pidieron "por favor, nunca cambies". Cuando voy me quieren tratar como alguien especial, por ejemplo, para comer, pero yo quiero comer en el mismo plato que todos, como se ha hecho siempre en Africa.

Tal vez es esa naturalidad sencilla la que conquista a públicos y críticos en España. La gente no es tonta, y sabe cuándo se es artificial y cuándo no. Nos reímos cuando le cuento que su admirada estrella senegalesa Cumba Gawlo es todo lo que contrario que ella, elitista e inalcanzable.

Más comunicativa que nunca en su carrera, hoy la artista se detiene a explicar con detalle al público el contenido de sus canciones, exhorta a participar en sus mensajes. "Sí, es intencionado. Una va madurando y le gusta que la gente entre en el espíritu de la canción, que participe conmigo, aunque no entienda la letra. Antes pensaba que no merecía la pena, que no lo entenderían, que sería aburrido para el público, pero ya no"”.

¡Alhamdulillah! (Alabado sea el Señor), porque gracias a eso, sabemos que se despacha a gusto con los tópicos de los oprobios sociales que no soporta: la sumisión de la mujer por el hombre, obligada en las sociedades musulmanas como la suya, a cuidar de la familia, a mantener la casa en ausencia del hombre y a salir a vender pescado o cualquier cosa para subsistir, mientras el marido sólo se preocupa de traer de vez en cuando dinero a casa, sin ocuparse de una sola carga familiar, y tal como describe con sorna en N’Torolá, o el abandono de los niños en las calles, tratando de vender lo que sea para evitar ser represaliados a la caída de la noche en la cruda realidad de los talibes de la escuelas coránicas, que se escucha sin citarlos en Bidenou, mientras la sensación de tránsito y pérdida en este mundo hostil se expresan en los "pasos vacíos" (en castellano) de YalaFou y en Kitibana, enseñándonos un mundo más grande y humano que el que nos muestran las pantallas de televisión.

Le pregunto entonces, cómo si vive y se desarrolla artísticamente en España, y es tan buena cronista de África, no hay referencias en sus mensajes a las experiencias de los africanos y afrodescendientes en España. Pone cara de incomprensión y enseguida noto que he pinchado en hueso.

Le pregunto por el desafortunado episodio de YouTube negándose a bloquear los mensajes racistas contra la bloguera afrodescendiente de Barcelona, DesiréeBela-Lobedde ('La Negra Flor'), cuya lucha contra el gigante de internet saltó incluso a las televisiones españolas, pero me dice no conocerla.

Afortunadamente, Javi Zarco sale al quite: "Tienes que tener en cuenta que es joven y la relación que tiene con africanos es la que tiene con sus paisanos de Guinea Conakry, y que desde hace unos cinco años se relaciona sólo con músicos de Senegal, Malí y Burkina, principalmente y desde hace dos o tres con las bandas de Slow Walk. Ella vive en un círculo reducido, muy familiar y esa idea romántica que tenemos los blancos de que los negros van todos a una no es cierta, cada uno tiene su propia idea de la conciencia africana". Naka asiente.

Sí, ya me había contado hace tiempo que ella no ha sufrido problemas directos de racismo en España. Que al principio trataba de que sus paisanos africanos vinieran a sus conciertos, se preocupaba de invitarlos, pero que había terminado desistiendo ante su falta de asistencia, salvo en fiestas populares donde los senegaleses se dejan ver más. A fin de cuentas, cada uno tiene su vida y sus prioridades, y ella es un artista que dirige su música al mundo y no a una raza en concreto, aunque se inspire en su África natal.

"Además –remata Javi Zarco–, fíjate hoy en Madrid, han venido 160 personas pagando, y entre ellas sólo había tres africanos, los otros cuatro venían invitados desde Barcelona".

A buen entendedor basta para comprender que lo africano en España puede afrocentrarse en la invisibilidad y el racismo cotidianos, pero también puede tener vocación universal, y el arte de Nakany la tiene. Ya es cuestión de cada espectador, blanco o negro, participar en la belleza y sensibilidad que esta madre coraje tiene que ofrecer. Que es mucho y cada vez más.

¡Mashallah! (Dios lo ha querido).

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