Crónica
'Sonita' cautiva al público de Documenta Madrid 2016

La historia de Sonita Alizadeh, una adolescente rapera cuya familia afgana trata de vender en matrimonio, conmueve y entretiene a partes iguales en Documenta Madrid 2016.

12/05/16 · 11:04
'Sonita', de la directora iraní Rokhsareh Ghaem Maghami, ganó el Premio del Público al Mejor Largometraje en Documenta Madrid 2016.

Entre el 27 de abril y el 8 de mayo se ha celebrado en Madrid la XIII Edición del Festival Internacional de Documentales. Más de 80 largometrajes y cortometrajes se han proyectado en las salas de la Cineteca del Matadero y en el ciclo paralelo celebrado en la Filmoteca con motivo de los 80 años desde el inicio de la Guerra Civil Española.

Además de las secciones oficiales, este año el festival rendía también homenaje a Carlos Saura con una retrospectiva dedicada a su cine musical no-narrativo que incluía películas como Flamenco, Fados o la más reciente Zonda: folclore argentino.

Pese a crisis y altibajos, Documenta Madrid ha vuelto a reivindicarse un año más como cita imprescindible para los apasionados del cine de no-ficción. La heterogénea selección realizada por los programadores del festival de entre las más de mil propuestas presentadas desde 27 países ha incluido un buen número de cintas muy interesantes que dan testimonio del vigor y la riqueza actual del cine documental a nivel internacional.

Premiadas

When Two Worlds Collide, un largometraje de Heidi Brandenburg y Matthew Orzel sobre la lucha de los pueblos indígenas en la amazonía peruana por defender su hábitat frente a los intereses del poder político y económico, se hizo con el Primer Premio del Jurado.

En el panorama nacional, el recién estrenado Premio al Mejor Documental Español recayó sobre La Mayor Locura, de Adolfo Dufour, una película que desde lo íntimo nos invita a reflexionar sobre el paso del tiempo y la última etapa de la vida.

El Premio del Público al Mejor Largometraje fue para Sonita, de la directora iraní Rokhsareh Ghaem Maghami. La cautivadora historia de Sonita Alizadeh, una adolescente rapera cuya familia afgana trata de vender en matrimonio, conmueve y entretiene a partes iguales.

Premiada también en festivales como Sundance o el IDFA, la película no sólo parte de un profundo conflicto que impulsa la trama hasta el final, sino que hace partícipe al espectador de un dilema fundamental: ¿Es legítimo interferir en la "historia real" que se está filmando?

Por otro lado la sobrecogedora My Aleppo, de Melissa Langer, ganó el Primer Premio del Jurado al Mejor Cortometraje con un angustioso y brillante relato de la guerra civil en Siria vista a través de la desesperante rutina de una familia que consiguió huir del conflicto.

El joven matrimonio Abdullah intenta comenzar una nueva vida en Sudáfrica con sus dos hijos pequeños mientras,con gran impotencia, se convierte en espectador pasivo a través de internet de la destrucción y la muerte en su país.

Leer más: Palmarés completo de Documenta Madrid 2016

Forma y contenido

Una de las virtudes de la etiqueta "cine documental" es que sirve a menudo como cajón de sastre capaz de dar cobijo a todo tipo de películas que no encajan en la categoría de ficción tradicional.

En el transcurso de las trece ediciones de Documenta Madrid hemos podido disfrutar tanto de propuestas que exploran sin concesiones las fronteras del lenguaje cinematográfico como de obras que tratan de reflejar la realidad sin alterarla o de transformarla mediante la denuncia.

Este amplio espectro "editorial" capaz de acoger tanto la poesía visual de Peter Hutton o la genialidad de Jean-Gabriel Périot como los documentales de Michael Moore, responde quizá a un importante déficit en la difusión del cine documental en nuestro país.

Documenta Madrid se convierte así en una ventana de oportunidad que se abre una vez al año para acoger una enorme diversidad de obras cinematográficas que de otra manera tendrían difícil cabida en nuestras salas.

En la programación de este año han predominado las películas en las que primaba el contenido sobre la forma, con algunas propuestas muy relevantes por su eficaz exposición y denuncia de todo tipo de abusos de poder.

No sólo desde Méjico, China o Afganistán nos llegan historias estremecedoras, también Estados Unidos o la Unión Europea son escenario de reiteradas violaciones de los derechos humanos. Quizá sean malos tiempos para la lírica en un planeta repleto de conflictos y a punto de batir su propio récord histórico de 60 millones de refugiados y desplazados.

En este baño de realidad, tanto Tarajal: desmontando la impunidad en la frontera sur, de Xavier Artigas, Xapo Ortega i Marc Serra (fuera de concurso) como Les Sauteurs, de Moritz Siebert, Estephan Wagner y Abou Bakar Sidibe(Segundo Premio del Jurado), se convierten en testimonios necesarios sobre cómo el Estado español deja de aplicar la ley poco antes de llegar a nuestra frontera con África.

Desde fuera de la fortaleza europea nos llegan, entre otras muchas, dos historias que harían las delicias de cualquier guionista de House of Cards.

Friedrich Moser, con A Good American, y Vladi Antonevitcz con Credit for Murder se sumergen en las cloacas de EE UU y Rusia respectivamente para llevar a cabo escalofriantes revelaciones que ponen los pelos de punta a cualquier ciudadano de bien.

Pero si hay una película de la sección oficial del festival capaz de fascinar tanto por su contenido como por su personalísima utilización del lenguaje cinematográfico es The Land Of The Enlightened, del director novel Pieter-Jan De Pue (Premio especial del jurado).

Rodado en las remotas montañas de Afganistán durante siete años (y en película de 16mm), este largometraje nos traslada a un escenario post-apocalíptico donde los niños nacidos en guerra se han convertido en guerrilleros que controlan las rutas del contrabando mientras sueñan con reinar Afganistán desde lujosos palacios. Mitología, realidad y ficción se entretejen sin prejuicios en una película capaz de fundir la belleza con el horror humano. Una obra cinematográfica que sin duda perdurará.

En definitiva, Documenta Madrid 2016 nos deja con un buen sabor de boca, pero también nos hace preguntarnos por qué la vida de tantas buenas películas transcurrirá únicamente en un segundo plano, viajando en la maleta de sus creadores de festival en festival.

Sigue siendo muy necesario fomentar una cultura cinematográfica más amplia que haga posible su acceso a un público mucho mayor.
 

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