Entrevista | Ignacio García Sánchez, artista
Dibujando los últimos días del capitalismo

Visitamos el taller del artista Ignacio García Sánchez, donde hace dibujos y crea pequeñas esculturas acerca de futuros posibles y pasados nunca honrados como merecían.

22/05/16 · 8:00
Edición impresa

Cuenta Ignacio García Sánchez que la semana pasada un niño se asomó a la puerta de su taller y le pidió que le hiciera un retrato de su perro. A pie de calle e instalada en uno de los barrios más populares de Madrid, la base de operaciones de este artista nacido en 1987 comparte espacialmente una de las tensiones que atraviesa su obra: a escasos 200 metros del local se encuentra el edificio que desde 1998 es la sede del Parlamento autonómico de la Comunidad de Madrid.

Las fricciones entre las demandas ciudadanas y la respuesta institucional son uno de los conflictos presentes en el trabajo de García Sánchez, consistente en ilustraciones y pequeñas esculturas que muestran acontecimientos geopolíticos situados en un siglo XXI aún por llegar. O quizá ya lo haya hecho pero no lo divisamos. Para poder verlo, su propuesta es emplear una lupa deformante.

¿En qué términos te gusta describir lo que haces?

Hago sobre todo dibujo y también uso otros medios y materiales. En general, mi forma de trabajar es utilizar sistemas de representación o formas visuales que recuerdan a otras, muy frecuentemente al cómic y la ilustración, pero también a muchos detalles de arquitectura, propaganda política, heráldica. Lo utilizo a mi manera para contar otras cosas. Quiero que quien lo vea se acerque porque es un lenguaje bastante accesible, pero lo que hay detrás es contradictorio y sirve para cuestionar esos lenguajes que se consideran neutros.

"Quiero que quien lo vea se acerque porque es un lenguaje bastante accesible, pero lo que hay detrás es contradictorio y sirve para cuestionar esos lenguajes que se consideran neutros"

¿Te gusta definirte con la etiqueta de artista?

Sí. No es que me guste o no, pero lo que hago ahora es ahí donde más encaja.

¿Desde cuándo te dedicas a esto?

La obra que presento ahora la llevo haciendo desde 2007 o 2008, pero siempre me ha gustado dibujar.

¿Cuál es tu formación?

Estudié Bellas Artes en la Complutense, pero el ambiente, sobre todo en la parte técnica, era muy tradicional y quería salir de ahí cuanto antes. En cuarto me fui de Erasmus a Hamburgo (Alemania) y me quedé allí dos años y después otros cuatro en Berlín, que era adonde quería ir.

¿Es tu principal ocupación?

Sí.

¿Vives de ello?

Más o menos. Es muy irregular e inestable. Hay becas, premios… A lo mejor un año te dan algo y estás tranquilo, otros vas muy justo.

¿Cuáles son las principales vías de retribución?

No hay nada regular. Ahora mismo estoy intentando trabajar en el terreno del arte. Aquí hay becas, premios, exposiciones en las que te pagan, y la venta de obras. No gasto mucho y me llega, pero no sé hasta qué punto podré seguir. Pero como le pasa a todo el mundo, trabaje en lo que trabaje.

¿Cuáles son las condiciones laborales?

En realidad hay un vacío. Casi no te merece la pena darte de alta como autónomo porque no cubres y no saldría a cuenta. Hay gente que se da de alta un mes y mete todas las facturas.

¿Hay posibilidad de asociarse o sindicarse para mejorar esas condiciones?

Hay asociaciones de artistas que, más que nada, lo que sirven es para reclamar que se cumplan las buenas prácticas: lo que se debería cobrar por una exposición, las condiciones ideales de trabajo. Hacen algo de presión, las de Valencia y Cataluña sí son potentes, aunque no tienen una influencia real porque luego las galerías y las instituciones hacen lo que quieren. No tienen la fuerza de un sindicato.

¿Y qué medidas se pueden plantear?

Lo único es denunciar o criticar una situación para que el gestor cultural o la institución de turno se vean forzados a responder, pero pocas veces hace efecto. Es todo tan precario y hay tantos artistas que al final aceptamos cualquier cosa.

Dices que haces "réplicas de productos culturales de sociedades futuras o paralelas a la nuestra", pero en realidad son muy parecidas a la actual.

Claro, cualquier distopía o idea del futuro siempre es un reflejo de la nuestra. Se trata de coger elementos o situaciones que se dan y exagerarlas o simplificarlas para ver cómo se podrían desarrollar. A veces intento ser realista, otras más crítico o satírico. Son cristales deformantes que ofrecen una visión de nuestro mundo, exagerado en una dirección o en otra.

"Hay esa tensión entre lo real y las ideas, que es un tema muy presente en lo que hago: cómo la puesta en práctica de las ideas supone una cierta deformación de éstas"

¿Cuál es tu mirada sobre esas sociedades futuras o paralelas?

En cada proyecto es distinta. En Reescribiendo el siglo XXI intento buscar un equilibrio entre plantear un problema y encontrar una solución, mediante una imagen y un texto situados en un lugar y tiempo concretos, aunque sean imaginarios. Lo que busco es solucionar ese problema real de una forma que no es utópica ni ideal ni catastrófica, porque al final se resuelve de alguna manera.

Hay esa tensión entre lo real y las ideas, que es un tema muy presente en lo que hago: cómo la puesta en práctica de las ideas supone una cierta deformación de éstas, con la que hay que contar. A veces puede ser catastrófico y a veces simplemente un mal que hay que tener en cuenta.

También hablas de honrar historias que no fueron honradas.

Sí, eso es con las maquetas. Para pensar el futuro me interesa recurrir al pasado, no sólo para imaginar situaciones a partir de lo que hay, sino también para plantear lo que podría haber pasado y no pasó, con movimientos o personajes olvidados, para no ser sólo crítico con lo existente, sino también ofrecer posibles alternativas. Por ello es importante recurrir a ideas que se quedaron ahí, que no se desarrollaron por circunstancias o por su propia idiosincrasia.

¿De qué artistas te sientes más cerca?

Desde Pieter Brueghel y la escuela flamenca –que era pintura pero también muy dibujístico y por los temas que representaban– a James Ensor o Philip Guston. De los artistas contemporáneos me gustan Grisha Bruskin, Neo Rauch, Jim Finn, Aleksandra Domanovic, Tania Blanco, Mario Espliego o Nadia Barkate.

Es interesante la relación que estableces entre las obras y sus títulos.

Al principio intentaba trabajar sólo con imágenes, luego empecé a meter textos y otros elementos concretos. El título siempre me ha parecido importante. Intento que, al igual que la imagen, sea evocador y abierto, y aporte algo a la propia obra.

¿Podrías transmitir lo mismo trabajando en tus obras con otros materiales?

Por un lado, trabajo con estos materiales porque son los que mejor manejo. Siempre se van añadiendo técnicas, pero trabajar con las manos y medios a mi alcance es lo que siempre he intentado. También es parte del mensaje, sí, aunque es verdad que, en un momento dado, cosas similares se podrían transmitir con otros medios.

¿Cómo articulas esa relación entre la idea, el mensaje, el material y el resultado final?

Surge más o menos al mismo tiempo. Intento que todo forme un sentido y contribuya a un equilibrio en la obra final, que no parezca forzado. Pienso una idea, tomo apuntes, hago bocetos y pruebas si es un material nuevo, que no controlo, para ver cómo se va relacionando todo.

¿Cómo encaja tu trabajo, fundamentalmente individual, con pensar que el arte es parte de un proceso colectivo?

Siempre he trabajado por mi cuenta porque considero que lo que hago es algo muy específico. En exposiciones colectivas sí se puede establecer un diálogo con otras obras, de gente afín o a partir de un tema común. En algunas exposiciones en las que he participado era yo el único con dibujos u obras físicas, las demás eran acciones o intervenciones en la realidad. Pero sí se puede establecer un diálogo aunque el trabajo sea distinto. En una obra en concreto sí me cuesta colaborar con alguien porque a lo que he llegado es muy específico y sería algo completamente distinto. Ahora he empezado a hacer un libro en común con una amiga, es la primera ocasión, pero tiene que ser alguien muy afín, que trabaje en una línea similar.

¿Crees que desde el arte se puede incidir políticamente?

Es parte de la cultura y ahí, como en la literatura o el cine, puede tener una cierta incidencia para crear o ayudar a crear hegemonía, pero el problema con el mundo del arte es que su público es muy limitado, y eso es difícil de salvar. Hay una contradicción que creo que siempre ha estado ahí. Incluso en épocas en las que se pretendió hacer otro tipo de arte, integrado en la vida y colectivo, no dejó de ser minoritario.

¿Puede favorecer los procesos de cambio o simplemente los acompaña?

Las dos cosas. Lo que hago es crear imágenes que nos ayuden a pensar de forma crítica que pueden existir otras realidades.

"Hay una paradoja que se da muy frecuentemente en el arte político de ahora en España, en el arte joven en general, que es demasiado dependiente de las instituciones"

¿Qué relación te gustaría mantener con las instituciones?

He trabajado ya con instituciones y lo que me gustaría es que cada cual haga su trabajo y las condiciones sean dignas. Que se te trate como un trabajador, que cobres y haya una buena comunicación. En un momento dado me interesa trabajar con instituciones pero no depender completamente de ellas para todo.

Hay una paradoja que se da muy frecuentemente en el arte político de ahora en España, en el arte joven en general, que es demasiado dependiente de las instituciones. El problema surge cuando los artistas se amoldan y cambian el tipo de obra que hacen para encajar en lo que se pide en certámenes, becas… Me parece peligroso porque se crea una dinámica muy endogámica en la que al público, a la gente común, ni le va ni le viene lo que está ocurriendo ahí.

¿Cómo debería ser esa relación ideal entre el arte y la institución?

Que apoyaran lo que se está haciendo, con medios y visibilidad. En museos se prima lo de fuera antes que lo de aquí, por ejemplo.

¿Por qué licencias con Creative Commons?

Me parece coherente. Para mí, lo más importante en la web es que mi trabajo tenga visibilidad. Depende del tipo de obra. Si cogen una imagen, que no es lo que yo vendo sino una reproducción, y la imprimen en un folio, no me perjudica. Los originales no los voy a regalar.

Imprimir Imprimir
Versión PDF PDF
Enviar por e-mail Enviar
Corregir
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0