Más yo que tú misma

La obra 'Los dramáticos orígenes de las galaxias espirales' de Denise Despeyroux explora varios dilemas relativos a la identidad, en un formato paródico de comedia dramática familiar.

12/04/16 · 10:54
'Los dramáticos orígenes de las galaxias espirales', de Denise Despeyroux. / Marcos GPunto

¿Somos tal y como creemos que somos o somos tal y como nos piensan los demás? ¿Tiene razón nuestra familia cuando afirma que siempre fuimos los mismos desde la más tierna infancia o somos capaces de resetearnos con cada mala experiencia? ¿Somos capaces de ser sin vernos en los ojos de los otros? ¿Quién posee verdaderamente nuestros derechos de imagen en el telefilm de nuestras vidas?

Los dramáticos orígenes de las galaxias espirales explora éste y otros dilemas relativos a nuestra identidad pero, lejos de sumergirnos en un ensayo filosófico de difícil digestión o solución, la dramaturga Denise Despeyroux nos ofrece este montaje en formato paródico de comedia dramática familiar con un toque televisivo que le queda bien y lo acerca al espectador de hoy.

Andrómeda, la terrenal y racional protagonista, se verá obligada a hacerse pasar por su etérea hermana gemela en sus reuniones familiares. Las dos hermanas representan los contrarios en eterno conflicto, nuestro lado más emocional y nuestro lado más cerebral, la tensión y la conciliación, las dos caras del teatro: la cómica y la dramática. De la mano de estas hermanas el espectador llora y se ríe mientras purga el eterno combate que se libra en los sótanos de su personalidad.

Y para que nada de este mundo dramático resulte ajeno, todas las interpretaciones rezuman naturalidad aun en la extravagancia de algunos personajes como el de la madre o la tía de Andrómeda. Cecilia Freire interpreta los dos extremos cósmicos y arquetípicos con ágil fluidez del todo necesaria para conducir al espectador a un desenlace conmovedor.

La puesta en escena reproduce una casa familiar con su mobiliario esencial: la mesa donde se come y el sofá donde se pasa el tiempo, con reminiscencias de clase media de los setenta y de sitcom televisiva. La paleta de colores vivos nos sitúa dentro de este ambiente además de distanciarnos sutilmente de la realidad y recordarnos que lo que vemos es puro teatro.

Denise Despeyroux vuelve a brillar, tal y como lo hizo en Carne viva, con un montaje elaborado y fresco al mismo tiempo, de corte disparatado en su formato y profundo en su contenido, para recordarnos que quizás no importe mucho quienes seamos objetivamente hablando si estamos en permanente conexión con lo que ocurre. Una hermosa manera de actualizarnos permanentemente con el calor de los demás.

Al fin y al cabo, la identidad como las galaxias sólo permanece quieta en las fotografías.

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