Homofobia, educación y canciones pegadizas
Je Suis Samantha Hudson

La reacción ante el vídeo de Samantha Hudson, un estudiante de 16 años que realizó un trabajo audiovisual para su instituto, muestra la cara más homofóbica de la iglesia y el Partido Popular.

, Investigador del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra
24/01/16 · 7:47
Fotograma del videoclip 'Maricón', que Samantha Hudson realizó como ejercicio para el instituto.

"Samantha soy yo, Dios, y vengo a decirte que a pesar de tu devoción y tu admiración por la iglesia no puedo incluirte en mi rebaño porque eres... maricón".

Así arranca el vídeo de la canción Maricón de Samantha Hudson. Su tan eficaz como elemental base electrónica y su arte para lidiar con la falta de medios convierten su vídeo en un auténtico revival del Do it Yourself del electroclash patrio de grupos como Superputa, Borrachas Provincianas, Alma X, Postura 69, Dirty Princess, The Corridas o los principios de Putilátex, por citar sólo algunos. Grupos que demostraron, cada uno en su inimitable estilo, que otra pista de baile era posible. Una en la que las habilidades técnicas y vocales estaban supeditadas a un irreverente hedonismo acompañado de enormes dosis de actitud y sobre todo de mucho, muchísimo teatro.

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Somos muchas las que vimos en la aparición del electrodisgusting de las Bistecs y, poco más tarde, en el vídeo de Samantha, un retorno a los desenfadados orígenes de aquella efímera escena. Cierto que las Bistecs son, musicalmente hablando, un proyecto más sofisticado que el de Samantha Hudson, quien de momento tiene este único hit en su haber. Pero no lo es menos que comparten, aptitudes virales aparte, algo más que el aire de vuelta de la llamada removida, a saber, su estimulante carga de ácida sátira política.

Si con Historia del Arte ("penes con pincel") las Bistecs lanzaban un manifiesto feminista sobre la misoginia de la historia del arte, Samantha bombardea con cruda ironía la cara más homofóbica de la iglesia católica. Y es aquí (oh, sorpresa), donde comenzaron los problemas. Al parecer, el autor de Maricón presentó su vídeo como trabajo para su asignatura de arte en el instituto (sí, detrás de Samantha Hudson se encuentra un estudiante de 16 años de un instituto mallorquín).

Por motivos que desconocemos, sólo alcanzó una nota de un 9. A partir de ahí, la sucesión de acontecimientos ha adquirido un grado de surrealismo que sería incluso divertido si no fuera porque radiografían el preocupante momento en el que nos encontramos.

Para empezar, el profesor de Religión de su instituto puso el grito en el cielo. Probablemente porque los deseos que profesa Samantha por Jesús de Nazaret no estaban a la altura lírica ni del homoerotismo de la Noche oscura de San Juan de la Cruz ni de los sensuales arrebatos de Santa Teresa de Jesús. Hasta cierto punto, es comprensible la inquietud del profesor de religión ante un deseo anclado en una inmanencia carnal que cercena de raíz cualquier posibilidad de sublimación de la sexualidad reprimida por la cultura del pecado en experiencia mística o religiosa alguna. Ciertamente, la sexualidad de Samantha Hudson está lejos de caber en la estrechez del confesionario: "soy maricón y sé que soy muy promiscuo pero eso no les da derecho a ser ariscos".

El autor de Maricón presentó su vídeo como trabajo para su asignatura de arte en el instituto

Pero no quedó ahí la cosa. Son ya casi 50.000 las firmas las que se han recogido a través de la plataforma Hazte Oír exigiendo al consejero de educación balear la apertura de un expediente a la "profesora responsable" de premiar con su nota "la procacidad y la blasfemia". Huelga decirlo, la idea de que la noción de “blasfemia” pueda condicionar las calificaciones académicas en la enseñanza pública resulta descabellada. A menos que se aceptara que el profesor de filosofía o de literatura tiene el deber de suspender al alumno que presentara como trabajo de clase, de no estar publicadas ya, cualquiera de las obras incluidas en el Index librorum prohibitorum (cuya mera lectura conllevaba la automática excomunión).

Un índice que, de no haber dejado de editarse hace no tanto tiempo, y de haberse ampliado posmodernamente su contenido a obras musicales difundidas por YouTube, bien podría haber incluido la canción de Samantha dado su, concedámoslo, procaz contenido herético. Allí se habría reunido con las obras de blasfemos de la talla de Balzac, Víctor Hugo, Descartes, Kant, Schopenhauer o Nietzsche.

A dios gracias, la blasfemia en sus más variadas formas conforma buena parte de la materia curricular de nuestra enseñanza laica. La asignatura de religión sería la única en la que sería esperable, ya que no legal, mantener los límites entre lo pío y lo blasfemo como criterio a la hora de valorar los trabajos de clase.

Lo insólito de este caso es que el criterio del profesor de religión se considere relevante para juzgar los que se aplican otras asignaturas. A menos, claro, que admitamos su mera presencia en el instituto público como prueba que nuestro sistema educativo tiene de laico, en realidad, apenas un ligero barniz. Así lo confirma, nos tememos, una enorme bola de nieve que parece aún lejos de haberse detenido.

Lo insólito de este caso es que el criterio del profesor de religión se considere relevante para juzgar los que se aplican otras asignaturas

Cómo entender si no que el  Consejero de Educación haya pedido personalmente disculpas nada menos que al obispo y le haya garantizado que “algo así” no volvería a suceder. O que la asociación que proclama abiertamente querer "pararle los pies al laicismo", Más Libres Balears, junto al explícitamente homofóbico Instituto de Política Familiar de Balears, defensores de "la" familia fundada en el matrimonio como "unión complementaria entre el hombre y la mujer", pidieran respectivamente las comparecencias del consejero de Educación en el Parlamento balear y presentaran una demanda ante el Defensor del Menor para la apertura de un expediente disciplinario contra la profesora y el centro educativo. Perdón, no tanto porque lo pidieran, ya que están en su derecho de solicitar aperturas de expedientes contra la teoría de la evolución de la especies si así lo desean, sino más bien porque, de la mano de la colaboración del PP balear, se ha tramitado oficialmente la petición de comparecencia del Defensor del Menor para que intente esclarecer el daño ocasionado a la comunidad educativa por la nota concedida por la profesora. Por no hablar del hecho de que este, por su parte, haya abierto ya el correspondientemente infame "expediente de investigación".

Por lo pronto, ante la homofobia eclesiástica y de todos sus aliados en el espectro político de las extremas derechas, ante la aparente indiferencia de unos colectivos LGTB cada vez más temerosos de asomar un pie por fuera de los estrechos márgenes de lo que se considera y de lo que no un “homosexual” decente o defendible (con la notable excepción de incisivos editoriales de portales como Estoy Bailando), ante la ola de corrección política que nos ahoga y ante los cada vez más intensos ataques a la libertad de expresión, celebremos al menos que tenemos una nueva e ilusionante pancarta por levantar. Una en la que se lea en letras bien grandes: Je Suis Samantha Hudson.

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comentarios

3

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    Amigo
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    28/02/2016 - 7:53pm
    Es LGBT no como ustedes lo pusieron, corrijan para no quedar mal
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    nicanor
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    05/02/2016 - 1:14am
    Estos iraníes bolivariano chavistas norcoreano de la república bananera dictatorial de Venezuela son la ostia que quieren quemar a los maricas y a los homosexuales también por ser blasfemos y otro dietarios y está financiado por Irán
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    Martinmartin
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    24/01/2016 - 8:01pm
    Más allá de lo ideológico, que todo bien, la redacción del artículo es bastante confusa.