Entrevista
Fernando Arrabal: "¿En qué sociedad uno puede despojarse de todas sus máscaras?"

Fernando Arrabal disecciona ‘El arquitecto y el emperador de Asiria’, su obra de 1966 emblema del surrealismo y el resurgir vanguardista.

03/01/16 · 7:50
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El arquitecto y el emperador de Asiria, de Fernando Arrabal, se ha reestrenado en noviembre de 2015. Decimos reestreno porque es tan sólo la segunda vez que se monta en España. La primera vez fue en Barcelona en 1977.

Teniendo en cuenta que esta obra fue escrita en 1966 y que es una obra emblemática dentro del contexto en el que se concibió (el surrealismo, la revolución sexual antesala de la primavera del 68, el neo-dadá y el resurgir de las vanguardias) es cuando menos significativo que sólo haya sido puesta en escena dos únicas veces.

También es triste y también es un hecho que se repite dentro de la historia cultural de España –Miguel Mihura, Valle-Inclán, Max Aub– historia cíclica y circular, igual que la estructura de la obra que nos ocupa.

Si está de acuerdo y me lo permite, El Arquitecto y el emperador de Asiria se podría resumir en esta frase: un alegre juego entre dos criaturas con serias consecuencias. Nativo de una isla y náufrago proveniente del ruido de la urbe recrean en sus juegos la civilización occidental, ¿los desenlaces de los juegos siempre son graves? ¿No es posible jugar sin pagar un precio?

El juego aparenta ser infantil o una mera diversión. El dromedario entre los camellos confirma la regla. En realidad es una actividad creadora importante. Puede ser una exploración de unas pulsiones latentes como en el caso del Arquitecto. Puede haber juegos con desenlaces festivos, como en el carnaval, que es una suerte de juego colectivo. El terrorista manco, ¿puede jurar decir la verdad?

¿Es posible despojarse de todas las máscaras que el individuo moderno se calza para vivir en la sociedad occidental? ¿Qué queda de nosotros debajo del antifaz?

¿En qué sociedad uno puede despojarse de todas sus máscaras? Antes de inventar las elecciones, las hormigas elegían a su reina al strip poker. Hasta los monos fingen sumisión para lograr sus fines: comer, por ejemplo. Si nos quitáramos los antifaces, el mundo llegaría a ser lo que describe Hobbes: una sociedad de lobos. El Arquitecto no lleva máscaras porque vive solitario en la isla. En tiempos del comunismo, los gallos daltónicos eran verdes.

¿Quién ama más a quién: el Emperador al Arquitecto o el Arquitecto al Emperador?

Supongo que el Arquitecto es más ingenuo y auténtico que el Emperador, que está acostumbrado a desconfiar, a mentir. Durante la Última Cena, un apóstol, a escondidas, compuso sus chuletas.

El arquitecto y el emperador de Asiria fue estrenada en 1976 en Nueva York por Tom Horgan y en 1967 en Montparnasse por Lavelli, entre otros montajes destacados. Ambas obras fueron estrenadas en primavera, por cierto. ¿Qué le debe mayo del 68 a obras de arte y artistas como usted? ¿Bajo la mirada de qué artistas fue posible la primavera del 68?

Supongo que mayo del 68 permitió un desahogo iniciado ya por los pánicos, con el efímero a principios de los sesenta. La levitación es mucho más cara que la telepatía de alta definición.

Me parece ver en el personaje del Arquitecto un trasunto del buen salvaje, el indígena que vive desnudo y feliz por las playas de Sudamérica antes de que Colón fuera a imponer sus costumbres. ¿Es el hombre un sujeto inocentemente sexual hasta que la iglesia católica, la cultura y la civilización occidental lo pervierten?

El buen salvaje de Rousseau no tiene que ver con la realidad de lo que descubrió Colón al desembarcar en América. Sobre todo si contemplamos más tarde las civilizaciones con que toparon los conquistadores. Los móviles dan el cáncer a los que fuman de oído como Van Gogh. No creo que estas civilizaciones disfrutaran de una sexualidad desenfrenada, ni de una libertad idílica, ni de una bondad espontánea. El Arquitecto vive solo, soberano en "mí".
 

“Si nos quitáramos los antifaces, el mundo llegaría a ser lo que describe Hobbes: una sociedad de lobos” 

El arquitecto y el emperador de Asiria no obtuvo en su estreno en España en 1977 la acogida que hubiera merecido. No sólo le pasó a usted, también a Miguel Mihura con Tres sombreros de copa y a las piezas más vanguardistas de Max Aub. El público español no estaba, por aquel entonces, preparado para el surrealismo. ¿Está preparado hoy? ¿Cuál es el público del surrealismo? ¿Cómo es?

Hay una actitud muy conocida que consiste primero en rechazar lo nuevo y luego, andando el tiempo, en afirmar que se trata de algo trasnochado evidente. Que no puede interesar a nadie ni es capaz de epatar. Se ha demostrado que las palomas cagan negro sobre la niña de la primera comunión y blanco sobre el esmoquin de su padre. No hay un público particular para aceptar o apreciar el surrealismo. Basta con tener curiosidad, imaginación, sensibilidad.

En su obra El arquitecto y el emperador de Asiria no se sabe quién manda sobre quién, si el emperador sobre el arquitecto o si la situación sobre los dos. ¿Quién va ganando en el mundo? ¿Nuestro lado más salvaje o nuestro lado más exquisito?

Entre los primates hay dos clases de monos que encarnan la tendencia salvaje y la altruista: los chimpancés y los bonobos. De momento parece que el mundo esté más propenso a obrar como los chimpancés. Y, sin ninguna duda, el inventor de la tortilla fue un abortador de cigüeñas.

Usted ha recibido el Premio Nacional de teatro y ha sido declarado persona non grata por el mismo país en un ínfimo intervalo de 20 años. ¿Es España un país esquizofrénico? ¿O es usted un personaje de muchas caras?

A pesar de que soy uno de los escritores más controvertidos de mi tiempo, he recibido el aplauso por mi obra. Pero también sonoros pateos. ¿Por qué deslumbrarme sin esclarecerme? Lo que algunos piensan que son mis mejores obras, como Fando y Lis, Pingüinas, El cementerio de automóviles, Picasso vs Dalí y, sobre todo, El arquitecto y el emperador de Asiria fueron condenadas por cierta crítica de toda la vida como en 1958 mi primerísima pieza: El triciclo. Y, sin embargo, generosamente me celebran algunos de los más insumisos poetas y dramaturgos de hoy. Por excepción, el ventrílocuo con personalidad doble está de acuerdo consigo mismo.Y el esquizofrénico también. Más vale ser de muchas caras que un carota.

Estoy elaborando una estructura dramática, sería un honor que me ayudara a cerrarla debidamente. Mi obra de teatro desarrolla el asesinato de un emperador, digamos mejor un general, a manos del pueblo que una y otra vez resucita cada semana santa. ¿Cómo asegurarse de que muera de una vez por todas y para siempre? ¿Cuál sería el arma del crimen?

En el garito del Destino, la ruleta es rusa.

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comentarios

1

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    Juan Hormigón
    |
    01/02/2016 - 12:45pm
    Vi la obra de teatro y al leer esta entrevista me quedé con algo de sinsabor, ya que este dramaturgo y su obra surrealista tienen una profundidad que aquí ni se percibe... Las preguntas ocupan casi más que las respuestas de Arrabal.
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