Las Poderosas
grupo de teatro de mujeres de Guatemala.
"Por toda esta violencia y este machismo, no hemos sido capaces de sentir el placer"

Charlamos con Las Poderosas con placer, gusto y emoción. Como "un orgasmo cantado", que dirían ellas.

28/11/15 · 8:00
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Las Poderosas en el camerino, antes de presentar su obra 'Naciendo' en Madrid. / Bárbara Boyero

El tema interesa. La verdad conmueve. Las Poderosas lo palpan en un público europeo que aprende con ellas. Para su segunda gira española, concluida el 6 de noviembre, Magdalena Morales hace el papel de otra poderosa que no pudo venir, Rosa García, y presta su voz a una tocaya, doña Magdalena, una señora que en 1982 vio cómo asesinaban a su marido y fue, como tantas mujeres, violada sistemáticamente por los soldados del Ejército de Sepur Zarco. Su caso fue conocido en 2013 gracias al juicio contra los militares y cuyos testimonios se recogen en Naciendo.

Esta segunda pieza, que pide a gritos una tercera que conforme una trilogía y cierre ciclo, es una investigación profunda sobre la sexualidad, el origen y la guerra.

¿Cómo fue el proceso de creación de Naciendo?

Telma Sardeño: Ha sido divertido. Ahorita que estoy así... Me gusta el tema y antes no lo expresaba. Ahora sí (risas). Enriquecedor, para decir lo que una siente, lo que una quiere. Se tocan varios temas. Una se conoce. El hecho de verme ante el espejo no lo hago todavía, porque no me gusta verme en el espejo. Tal vez ahora no es que no me guste, sino que nunca lo he hecho. Pero en la mañana, me baño, me miro en el espejo y va. Ahí estoy, pero no me miro como para verme, chilera estoy. Ya me había tocado antes, pero ahora ya lo hice como sabiendo tal vez, gustándome, no sé (risas).

"Al hablar de eso descubrí que nunca había sentido un orgasmo. Y así cada una tenía una plática y contaba cómo era eso. Ese desconocimiento fue lo que nos hace querer hablar"

Lesbia Téllez: Hablar de este tema parte de esa misma necesidad de conocer y surge de una plática que tuvimos sobre sexualidad, y que es una de las escenas de la obra, donde cada una abordaba cómo la había experimentado. En mi caso, cuando yo oía a las compañeras hablar sobre ese momento del orgasmo, de cómo sentirlo... Que me pasó con mis hermanas, yo soy la mayor y tengo cuatro hijos, la más pequeña no tiene hijos y mi otra hermana tiene sólo uno. Cuando ellas conversaban y decían qué sentían, todo su proceso, qué hacían... Y a mí me preguntaban: "Lesbita, contanos vos, vos tenés más experiencia porque sos la mayor". Entonces yo les decía: "Pero es que yo nunca he sentido lo que están hablando". Al hablar de eso descubrí que nunca había sentido un orgasmo. Y así cada una tenía una plática y contaba cómo era eso. Ese desconocimiento fue lo que nos hace querer hablar. Ahí empezamos.

Para ello tuvimos talleres, hicimos uno de conciencia corporal, para ver, conocer y hablar sobre las partes, muchas veces se desconoce. En Guatemala hay quienes ni saben, como sucedió con nosotras, si teníamos o no clítoris. La necesidad de hablar de este tema es lo que nos hace iniciar esta investigación. Y no solamente era conocernos sino también descubrir ese placer, esa experiencia y cómo nuestra vida se desarrolla.

Cómo después de tener todo un proceso de sanación y de saber que muchos de los conflictos y de los traumas que tenemos hoy tienen que ver con lo que pasamos en nuestra niñez. Saber que por esta misma violencia y por este machismo y por todo lo que vivimos, no hemos sido capaces de sentir el placer o de saber que tenemos derecho a ese placer. No solamente ser un objeto, nada más, como un desahogo para los hombres. Esta obra nos sirvió para todo eso, para conocer. Saber que podemos disfrutar. Para ello era importante conocer nuestro cuerpo. Si no conocemos nuestro cuerpo, cómo vamos a pedir cómo deseamos disfrutar.

Luego también está la necesidad de hablar de nuestros orígenes, hablar sobre la violencia sexual y cómo atraviesa toda la violencia que vive nuestro país y que también nos atraviesa a nosotras. La obra aborda la recopilación de la memoria histórica y la memoria personal. La metodología que usamos con Las Poderosas es la misma que usamos con Naciendo: hablar de nuestras propias vivencias, cada una con un tema específico y con una historia que las une.

"Y toda esta historia no es sólo nuestra historia, sino que es la historia de todas las mujeres de nuestro país y aún fuera"

Y toda esta historia no es sólo nuestra historia, sino que es la historia de todas las mujeres de nuestro país y aún fuera, porque muchas mujeres se identifican con ciertos temas que abordamos en la obra. En Naciendo hay tres ejes: el origen, el cuerpo y la guerra. Es un proceso y un aprendizaje. Por eso para esta obra fueron dos años de investigación. Muchos de los textos escritos están literales, como fueron dichos. Ahí entra el trabajo de hilar del dramaturgo y director Marco Canale.

Entiendo que os habréis llevado muchas sorpresas a la hora de encarnar vuestra propia historia vital, la de Guatemala,...

Telma Ajín: Ha sido sorprendente y transformador. Nos llevó a otra dimensión del cuerpo. Y te asustaste que no te conocés. Y eso es sorprendente. Estar en este ser y no conocerte. Total. Llegar a esta experiencia fue importante, la terapia que tomamos con nuestro cuerpo. Ahora me puedo ver en el espejo desnuda y ver qué no me gusta para arreglarlo (risas).

Antes de las Poderosas, yo jamás me habría visto en el espejo, aceptar mi cuerpo y amarlo. Y fue un proceso muy hermoso, conocerte y saber quién sos. Estamos en este cuerpo y somos extrañas dentro de él. Reconocer es algo muy importante y muy lindo.

¿Cómo ha recibido el público, y en especial las mujeres, vuestra obra en Latinoamérica y en España? ¿Habéis percibido diferencias?

L. T.: Siempre hacemos un foro de diálogo después de cada función. La reacción en Guatemala en la gran mayoría de los bolos ha sido un silencio profundo, por los temas fuertes. Cuesta un poco que pregunten o que hablen, pero es por lo fuerte de los temas. Se crea este ambiente donde el público se queda asimilando el proceso y algunas personas se acercan después. El tema de la sexualidad no se habla tan fácil. Nos han felicitado por abordar estos temas, lo han aceptado, pero el diálogo es difícil, aunque al final algunas preguntan.

Magdalena Morales: Yo estoy sorprendida por cómo ha recibido la gente en España y en el País Vasco la obra. Las Poderosas son un fenómeno social, es algo maravilloso que pasó en Guatemala. No sólo cuestionando al género, sino también al arte. Ese parteaguas que está haciendo en Guatemala en cuanto al arte es lo que más me impresiona acá. En Guatemala oyes a artistas decir, ¿es o no teatro? ¿son o no actrices? Eso me mueve. La controversia que han traído Las Poderosas no es sólo de género, también es política y artística.

Estuvimos en Bilbao, tener una sala con 700 personas fue impresionante. Y que un día antes ya no quedaran entradas... Dices, ¿qué está pasando acá? ¿podemos hablar honestamente, verdad?

Yo tenía miedo de que en Europa no fuera valiosa la obra de Las Poderosas. Tenía miedo de esa mirada folclórica que también se da cuando vienen pueblos originarios: "Ay, mira las mujeres cómo sufren, vamos a ver los residuos de Latinoamérica, ay cómo lloran". Esa mirada de museo arqueológico a mí me ofende y estaba cuidando mucho observar y escuchar a la gente. Pero fíjate que no fue así.

"La sorpresa fue muy interesante a nivel artístico porque no hay personajes acá. Son tus vidas. Es la vida de las compañeras"

La sorpresa fue muy interesante a nivel artístico porque no hay personajes acá. Son tus vidas. Es la vida de las compañeras. Quizás yo sí vengo haciendo un personaje pero no tanto, porque también es mi vida, es mi historia. Y entonces cuando tú lo ves... Y te dices "yo tengo que saber qué pasa".

Y es la honestidad que tienes en escena, no estamos mediando nada, es tal cual. Todo lo que ves en escena tiene una relación con la vida de las compañeras. Es la vida propia la que está en escena. Creo que la honestidad que tenemos impacta. Porque no estamos viniendo a decir qué bonita es Guatemala, pero tampoco qué fea es, tampoco la estamos victimizando, sino que estamos visibilizando que estamos en una lucha constante, también estamos visibilizando lo positivo de Guatemala, porque las mujeres de allá somos todo esto y estamos en lucha.

Eso fue lo que más me llamó la atención de venir acá. Es increíble. Que no hemos parado, que tenemos entrevistas, presentaciones, que ya no hay boletos, ¡pues clausuramos la gala del festival de cine invisible! Y te das cuenta de que todos se paran al unísono.Y dices, bueno, a lo mejor estamos dando una esperanza de que el mundo puede cambiar.

T. A.: A lo mejor no, estamos haciéndolo.

Las Poderosas: vivir (y tener orgasmos) después de la muerte from Diagonal on Vimeo.

¿Qué os han dicho las mujeres que han visto Naciendo?

M.M.: Que te cuenten, que te cuenten...

T.S.: Que del público se levante una señora y grite "¡Soooooois Poderosaaaaaaassss!" en el idioma de ustedes. Eso es muy bueno. Aplausos de pie. Ovaciones. El silencio es otra cosa, se quedan así como que no saben decir nada, y es también lindo. Que nos digan "las felicitamos, han logrado algo que no hemos logrado nosotras". Eso toca.

T. A.: Toca y llena. Nos llena de más fuerza para seguir luchando.

M. M.: Una señora vasca me dijo, "ven, ven, ven", pero muy disimulado. Muy calladito, me dijo: "¿Te puedo dar un abrazo?". Estoy con todo el traje quechí y ella me dice: "Gracias, gracias. Yo soy vasca". Le digo: "¿Qué significa?". Y, claro, después ya conoces la historia, verdad, entre España y el País Vasco, y empiezas a relacionarte. Por eso a lo mejor le pegó la historia de Magdalena.

"No dicen mayor cosa, sólo "dame un abrazo", "pásame ese poder", "me gustaría ser como ustedes", o "una foto para ponerla en mi casa". Son cosas que no dicen nada, pero a la vez dicen mucho"

T.S.: No dicen mayor cosa, sólo "dame un abrazo", "pásame ese poder", "me gustaría ser como ustedes", o "una foto para ponerla en mi casa". Son cosas que no dicen nada, pero a la vez dicen mucho. El hecho de que uno se pare ahí y quiera una foto, no sólo mujeres, hombres también. Algo rico se siente.

Y piensa una que no ha sido por gusto ese desgaste, ese cansancio, el hecho de estar nerviosa antes de la obra, cómo va a recibirlo un público que tiene fama de exigente como el vasco. Que aplaudan es excelente. Es algo así como orgasmos. (Risas). Yo les digo que acabamos de recibir un aplauso orgásmico, un placer placentero... (Risas).

Adelma Cifuentes: En mi escena se ríen mucho. Y yo también me la disfruto (risas).

T. A.: Hay risas después de cada vez que dice orgasmo (risas).

A.C.: No tanto (risas). De primeras, cuando empezamos a hacer esa escena con Marco (Canale) yo no quería, porque no estaba una acostumbrada. Pensaba en qué va a decir la gente, que yo diga todo eso en la obra, y más si va a venir mi familia, qué va a ser de mí... Afortunadamente no ha venido nadie de mi familia hasta ahorita (risas) pero una de mis sobrinas decidió venir a Guate y yo me preguntaba qué iba a decir.

Pero sé que es muy bonita, mucha gente aquí me ha dicho que les ha hecho reír y que hablemos de eso, que siempre hay unas que no han tenido el derecho al placer, a reconocer el orgasmo. Ahí se carcajean de la obra. Es un momento alegre. Y está bueno que sigamos hablando de todo esto.

Además de haber creado dos obras de teatro y girarlas, impartís talleres en colegios y cárceles, grabáis documentales...

L.T.: La metodología que utilizamos tiene que ver mucho con la sanación. Lo rico es que nuestra metodología de creación parte de lo humano. Es una investigación hacia adentro, para poder entender las causas de la violencia. No es sólo ver quiénes son los culpables y acusar, sino también entender y proponer esos cambios desde nuestras propias vidas.

Los talleres de formación teatral que se comparten no son sólo llegar y dar técnicas teatrales. Van más allá de eso. Se crean grupos de autoapoyo que generan relaciones de confianza y al terminar los talleres siguen las redes y las alianzas.

Estuvimos una semana en el centro penitenciario femenino de Tamala (Honduras) y fue un poquito difícil. Primero, por lo que implicó llegar a este lugar. Luego, por cómo hacer que estas mujeres pudieran confiar en lo que estábamos haciendo. Y cómo se crearon esas relaciones. Lo que más nos impactó fue el final, después de crear confianza y que ellas se expresaran. Creamos algunas escenas y al final la organización que nos invitó, sabiendo que dentro de los centros no suele haber esta oportunidad, Telma cumplía años ese día y dijimos vamos a repartir un pastel para compartir. Ellas dijeron que hasta que nosotras no tuviéramos un trozo, ellas no comían.

Quedamos con esa amistad y luego nos llaman. Una de las presas nos llamó porque estaba angustiada al llegarle la noticia de que su hija que vivía en Guatemala estaba sufriendo mucha violencia. Tenía miedo y quería saber de su hija. Nos dio el nombre de la hija, el de la comunidad y nada más. Nosotras fuimos a la procuraduría de derechos humanos y una mujer que teníamos de contacto allí logró que se hiciera un peritaje en el lugar y dio con la chica. Lo bueno fue que los comentarios que a la madre le llegaban no eran ciertos y la hija estaba bien y el esposo estaba en EE UU.

T.A.: Y esto no se hizo con permiso de las autoridades. La llamada fue algo bajo agua. Su llamada fue a escondidas porque allí no tienen derecho a nada.

L.T.: Con los talleres que hicimos en Sololá dimos un paso más. Las compañeras dieron talleres en zonas marginadas de Ciudad de Guatemala como Mezquital, Zona 18 o Santa Paz. Y a la formación y creación teatral sumamos el enfoque de género. Ya no era sólo el proceso de investigación dentro de la obra de teatro, sino también el taller básico de género.

El año pasado empezamos con talleres de sexualidad abordados desde la pintura, la poesía, el canto y el audiovisual, que es lo que se puede ver en nuestra web. El objetivo es que muchas mujeres puedan ver estos trabajos. Que tenemos derecho a hablar de sexualidad.

T.S.: Los talleres que impartimos primero los recibimos nosotras. Vemos que es bueno y de ahí lo multiplicamos. Ésa es la diferencia de un taller magistral. Nosotras ya lo hemos vivido y podemos reproducirlo.

Las Poderosas: un proceso vivo

En 2009 siete mujeres guatemaltecas que habían sobrevivido a la violencia machista graban el documental Hoy puedo ser, dirigido por Marco Canale, dramaturgo y director teatral argentino que ha vivido durante años en Guatemala.

Apoyadas por familiares y amigos, deciden contar su historia a través del teatro. Es el año 2010 y en el Centro Cultural de España en Ciudad de Guatemala (AECID) nacen Las Poderosas. Clamor en Centroamérica. Rina Najarro, una de las actrices del grupo, fallece durante la primera obra, pero su nombre quedará grabado a fuego en cada paso del grupo.

A la batuta escénica, Marco Canale, "la barbuda" que ha dirigido durante estos cinco años el proceso escénico y las dos piezas Las Poderosas (2010) y Naciendo (2014). Acompañan y asesoran este proceso de creación colectiva la directora y actriz guatemalteca Patricia Orantes y la investigadora y activista Silvia Trujillo, entre otras personas.

Las Poderosas y algunos de sus hijos llegan por primera vez a España en el transformador año 2011. Rompen esquemas con su montaje. Petan la Casa de América de Madrid y reciben el premio-homenaje La Glo en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz.

Durante estos cuatro años crece sin cesar la plataforma de Las Poderosas, formada por decenas de mujeres que ponen en práctica el arte, el asociacionismo y la creación de comunidad. En la actualidad, las cinco poderosas que hacen Naciendo (Telma Ajín, Telma Sardeño, Adelma Cifuentes, Lesbia Téllez y Rosa García) compaginan su labor sobre el escenario con la experimentación audiovisual y talleres de creación teatral en cárceles, escuelas, pueblos y barrios marginados. Encarnan la lucha de las mujeres y de los pueblos originarios.

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