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Dos amigos ante la muerte

A veces es más fácil definir a Cesc Gay por lo que no es: no es un director de cine de género, como Jaume Balagueró (REC), ni un iconoclasta como Albert Serra (El cant dels ocells). Ni siquiera es un indie con todas las de la ley, aunque algunos de sus temas y paisajes puedan remitir a esa macrotendencia, vaporosa en sus características y límites. Gay es el autor discreto, capaz de rodar sitcoms televisivas y también de arriesgar con Ficción o VOS.

08/11/15 · 7:50
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A veces es más fácil definir a Cesc Gay por lo que no es: no es un director de cine de género, como Jaume Balagueró (REC), ni un iconoclasta como Albert Serra (El cant dels ocells). Ni siquiera es un indie con todas las de la ley, aunque algunos de sus temas y paisajes puedan remitir a esa macrotendencia, vaporosa en sus características y límites. Gay es el autor discreto, capaz de rodar sitcoms televisivas y también de arriesgar con Ficción o VOS. Sin golpes de timón estridentes, está construyendo una crónica de la manera de relacionarse, amarse y mentirse de los urbanitas que van acercándose a la mediana edad. Si En la ciudad o Una pistola en cada mano eran narraciones de una coralidad expansiva, Truman supone una apuesta por el repliegue dramático y por un enfoque más íntimo.

En su nueva película, el cinea­sta se centra en dos amigos. Julián es un actor que padece un cáncer incurable; Tomás, un viejo amigo que ha venido desde Canadá para visitarlo. También adquieren protagonismo Paula, una prima del enfermo que quiere convencerle de continuar con su tratamiento, y Truman, el viejo compañero canino. Con este dramatis personae reducido, Gay propone un drama sensible salpicado de un humor sordamente triste. Como la precedente Una pistola en cada mano, Truman tiene mucho de radiografía de la masculinidad. Pero esta vez domina una historia de amistad y abundan los momentos emotivos en que caen las máscaras sociales. Quizá por ello, y también por las circunstancias tratadas, domina la piedad. La crítica posible pierde contundencia y, de alguna manera, se da por buena la idea condescendiente que repiten ambos protagonistas: nada es culpa de nadie.

Los dos personajes principales son hombres maduros, heridos, desigualmente dispuestos a abandonar las conven­ciones comunicativas de la hombría: el laconismo, los sobreentendidos confusos, los piques o las bromas que drenan cualquier efusión sentimental. Julián es el hombre que sabe que va a morir y es capaz de decir verdades incómodas: rompe con el tabú que rodea a la muerte, pero también muestra una cierta indiferencia hacia los sentimientos ajenos y un escaso cuestionamiento de sus conductas. Con todo, es quien empuja a su amigo a dejar de fingir y abrazar la ternura. El filme escenifica un doble aprendizaje que, como cualquier aprendizaje a contrarreloj de una materia compleja, resulta incompleto.

Enfrentarse a la muerte

Gay muestra un deseo evidente de conectar con la realidad y, a la vez, de evitar un naturalismo que podría resultar demasiado espinoso. Para ello, junto al coguionista Tomàs Aragay, ha diseñado un desarrollo sostenido (y sosteniblemente) agridulce que rehuye los grandes estallidos melodramáticos. En Truman, la intensidad sentimental avanza y retrocede como el oleaje: de manera constante, nunca idéntica, pero sin cambios demasiado súbitos. Se encadenan las escenas dolorosas y tiernas, a veces separadas por pequeñas transiciones musicadas.

Más allá de estas distensiones de montaje, domina el factor humano: el trabajo actoral cercano e inmersivo, los diálogos que no parecen ni descuidados ni sobreescritos. Quizá su autor haya abandonado los caminos más aventureros de títulos anteriores. Escogiendo esta forma de comedia delicada, ha minimizado los momentos de desesperación sin asideros, las circunstancias más escatológicas de la vida de un enfermo terminal. Quedará también para otra película la demolición de la masculinidad clásica, aquí cuestionada de manera pudorosa. Pero, con tacto y a través de formas accesibles, esta bella obra nos recuerda nuestra mortalidad y afirma la importancia de los lazos interpersonales.

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