Jana Sanskriti, treinta años de Teatro del Oprimido contra el monólogo

El colectivo hindú Jana Sanskriti lleva tres décadas interviniendo mediante el teatro en las comunidades rurales más oprimidas de La India. Sus representaciones buscan ser el impulso para transformar la realidad.

29/10/15 · 11:47
Los tres integrandes del movimiento hindú de Teatro del Oprimido Jana Sanskriti, en el Centro Dramático Nacional. / David Fernández

Con ingredientes que le acercan a un poderoso movimiento social, a una red para la transformación política y a un grupo de teatro multitudinario, el colectivo Jana Sanskriti de La India es un fenómeno cultural insólito, a medio camino entre la protesta y el arte sin ser por completo ninguna de las dos cosas.

Fundado hace treinta años por un grupo de activistas encabezado por Sanjoy Ganguly, principal promotor de su actividad, en la actualidad cuenta con más de 40.000 participantes y en su país es objeto de estudio en algunas universidades.

"Es un ejemplo muy exitoso de protesta masiva y de organización colectiva, y también un resultado bastante positivo de esa organización. Por eso Jana Sanskriti es importante", explica a Diagonal Sujoy Ganguly, uno de los tres integrantes de este movimiento que han viajado a Madrid para participar en unas jornadas sobre teatro, participación y comunidad organizadas por Tr3s Social.

"Hemos mostrado que miles de personas pueden aunar esfuerzos, permanecer juntas durante tres generaciones y crear una buena vida para ellas, enmarcada en el contexto económico global pero con sus raíces en las tradiciones y modos de vivir de las comunidades rurales", añade.

Contra el imperio del monólogo

Jana Sanskriti trabaja con las técnicas del Teatro del Oprimido, ese foro que convierte la representación de una obra en un debate colectivo, borra las figuras de artista y público y busca generar preguntas más que aclarar dudas.

Ideada y llevada a la práctica por el brasileño Augusto Boal durante los años 60, esta rupturista modalidad escénica es la base con la que Jana Sanskriti ha intervenido en las comunidades rurales hindúes durante tres décadas.

"La democracia en La India, como todas las democracias, es básicamente una democracia de las élites donde la gente común no puede participar ni ser vista"

"Una de las cosas más importantes del Teatro del Oprimido es que va contra el elitismo del arte. La democracia en La India, como todas las democracias, es básicamente una democracia de las élites donde la gente común no puede participar ni ser vista. Hemos entregado los medios de producción artística a la gente porque creemos que no nacemos sólo para ser seguidores de algo sino también para crear. Seguir es sólo una parte, pero hay mucho más en la vida que esa batalla entre producir y consumir. Hay arte en la gente y queremos que descubran que el arte está en ellos mismos, no sólo en los artistas", explica Ganguly.

Uno de los objetivos del teatro foro, del Teatro del Oprimido, que Jana Sanskriti aplica a su actividad es romper el silencio, el discurso unidireccional: "Somos víctimas del monólogo. La vida no es muy democrática, en general. La familia no es una institución muy democrática, la relación entre un hombre y una mujer necesita ser democratizada, la relación entre los líderes de los partidos políticos y sus votantes también. Esto no puede ser realizado comprando una entrada para un espectáculo, ir a verlo y luego volver a casa. Si quieres realmente democratizar tu realidad, tienes que hacer el camino completo o te habrás quedado en la mitad".

En sus intervenciones en los pueblos, los integrantes de Jana Sanskriti procuran no ser percibidos como agentes foráneos sino que se involucran en la problemática de la comunidad para identificar los conflictos y ganarse la confianza de quienes viven allí. Es un proceso a largo plazo en el que pretenden ser una herramienta para activar el debate y la participación.

También buscan localizar el arte, que las producciones teatrales que se vayan a desarrollar no estén desconectadas de la tradición local sino que reflejen el día a día de sus habitantes.

"La gente oprimida en los pueblos tiene su estética, su cultura, su folclore, que es muy poderoso desde hace miles de años. Nos aseguramos de que las producciones artísticas que desarrollamos estén muy arraigadas en esa cultura para que la gente se sienta cómoda. También nos aseguramos de no haya influencia de las ciudades porque éstas son ahora una élite global. Tienen estéticas similares. Hay muchas diferencias entre la vida en la ciudad y los pueblos en India, entre el feudalismo y el capitalismo. La gente pobre ha vivido oprimida cientos de años, no cree que las cosas puedan cambiar, tienes que convivir allí y conocerles", señala Ganguly.

"La participación de las mujeres en las comunidades en las que Jana Sanskriti ha actuado ha crecido notablemente. La violencia doméstica ha caído drásticamente"

Pretyusha Gosh, otra de las integrantes de Jana Sanskriti, apunta a una de las realidades sobre las que el colectivo pretende incidir: "Las mujeres en La India no hablan, les cuesta mucho". Sin embargo, asegura que el efecto de sus acciones ha sido muy positivo e importante. "La participación de las mujeres en las comunidades en las que Jana Sanskriti ha actuado ha crecido notablemente. La violencia doméstica ha caído drásticamente".

Las mujeres hindúes viven una durísima realidad. Se cifra en un 80% el número de matrimonios concertados, sin que ellas puedan decidir, y las agresiones físicas extremas alcanzan números espeluznantes, llevando a la muerte cada año, por ejemplo, a unas 10.000 por no pagar la dote matrimonial, una práctica prohibida en 1961 pero que sigue vigente.

En la actualidad, más del 60% de quienes componen el movimiento son mujeres, una implicación que ha crecido exponencialmente desde 1995, ya que antes no se les permitía realizar actividades fuera de casa. En los cerca de cuarenta grupos de teatro activos dentro de Jana Sanskriti hay diez formados exclusivamente por mujeres.

Su papel, además, es especialmente relevante ya que muchas de ellas realizan la función de joker, el personaje que en el Teatro del Oprimido media, conduce el debate de una manera neutral e inicia las conversaciones entre actores y espectadores.

¿Cómo es una obra de este teatro?

"Trabajamos con unas quince obras, que son sólo el punto de partida. Después de hablar con la gente e identificar los problemas que sufren en la comunidad -de salud, de violencia doméstica, de alimentación- se hacen talleres, la gente organiza equipos de los que saldrá la obra que se represente. Se produce una relación entre quien actúa, quien está mediando, quien hace el papel de oprimido, de opresor", resume Gosh.

Las obras escritas son así pues el modelo con el que trabajan, y cubren gran variedad de asuntos: desde la vida antes y después del matrimonio para las mujeres hindúes hasta los cultivos con organismos modificados genéticamente, pero en cada espacio se adaptan a la realidad que surge de los talleres. Cada obra se representa un mínimo de tres veces.

Hay una persona que dirige, que lleva las riendas de lo que pasa en el escenario pero su papel es más aglutinador que creador. "El rol del director artístico es básicamente juntar las cosas que salen de la comunidad, de los talleres: las escenas creadas, cómo pasar de una a otra, los diálogos, las canciones tradicionales, la danza", explica.

"La primera intervención suele ser más caótica", reconoce Gosh, "se señalan los problemas, y con las repeticiones se suele acabar con una conversación más racional sobre cómo abordarlos. Todos estos shows de teatro foro acaban generando más preguntas, no dando respuestas. No les decimos lo que tienen que hacer sino que les preguntamos si eso es su vida y si es lo que quieren".

De espect-actor a espect-activista

Otra de las características llamativas del Teatro del Oprimido es la función de quien asiste a una de las representaciones. Boal la definió como espectactor (espectador que se convierte en actor y participa en la obra con sus preguntas) pero en Jana Sanskriti han desarrollado el concepto y prefieren hablar de espectactivistas ya que su propósito es que quienes participen de las obras acaben formando parte activa, tomando las riendas y convirtiéndose en mediadores entre los gobiernos locales y las comunidades.

Así, Gosh señala como ejemplo de lo que Jana Sanskriti ha conseguido el hecho de que haya "más de cuatrocientos actores que nunca antes habían actuado y que ahora lo hacen por todo el país. No sólo son actores sino personas activas en la resolución de problemas de sus comunidades como la venta ilegal de alcohol, tráfico de niñas y niños".

"Jana Sanskriti es sólo un sistema de soporte para dar herramientas a la gente y que pueda conseguir lo que quiere. Lo que aportamos es el empujón inicial para entrar en el pensamiento crítico, para cuestionar su vida y pensar que se puede protestar para cambiarlo", concluye Gosh.

 

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