Otoño cambiante desde la escena

Reseñamos algunas de las piezas escénicas más destacables del comienzo de la temporada teatral en Madrid. Todas comparten la precisión, autenticidad y poética de la experimentación corporal.

19/10/15 · 20:06
John, de DV8 Physical Theatre

La voz

Arrancó de nuevo el curso en Madrid con el Festival Territorio Danza que organiza la sala Cuarta Pared desde hace doce años. La compañía que dio el pistoletazo de salida fue La Phármaco, con su evocador La Voz de nunca, un montaje estrenado en 2014 en la Feria de Teatro en el Sur (Palma del Río, Córdoba) y coreografiado por Luz Arcas a partir del clásico absurdo Esperando a Godot de Beckett, con piano de Carlos González en directo.

Los cuatro personajes beckettianos habitan una escena intensa de cuerpo, sonoridad y texto: Estragón (la propia Luz Arcas), Vladimir (Begoña Quiñones), Lucky (Ignacio Jiménez) y Pozzo (Juan Manuel Ramírez) traídos y vestidos para la Europa de 2015.

En el primer acto del montaje esta escribiente queda embelesada por la acción corporal de Vladimir y su complementariedad con Estragón. Y decide no mirar mucho a los otros dos. Si bien hay un trabajo textual especialmente bello que viene de uno de ellos. Pero la capacidad expresiva de Begoña Quiñones obnubila a quien escribe. Y a partir de aquí, ya no veo a Godot, si no un muestrario contemporáneo de masculinidades que se expresan desde lugares muy diferentes.

Aquí va mi lectura post-godot: un joven queer se enrolla con una bollera vestida de ejecutivo, aparecen después un macho alfa y un marica sumiso al que llamaré "filósofo de la existencia". Hay conflicto. Hay violencia. Hay deseo, explosión y cierre de ciclo para cuatro seres fibrosos. La quinta esencia del cuarteto es el pianista, un tipo redondo y de cara alegre, que sostiene con sus manos las derivas poliamorosas de sus compatriotas.

Beckett escribió un día: "Me sentía incómodo, aplastado por todo aquel aire, y perdido en el umbral de perspectivas innombrables y confusas. Pero aún sabía actuar, en aquella época, cuando era absolutamente necesario". Lo que hace La Phármaco con La voz de nunca confirma esa eterna necesidad expresiva.

El Festival Territorio Danza continuó con un encuentro con la veterana coreógrafa alemana Susanne Linke y otros montajes de impecable factura: Hora de cierre (Cía Excéntrica producciones), Atávico (Cía Poliana Lima), y tres piezas de la compañía residente de la Cuarta Pared Provisional Danza, dos solos (En blanco y Así sucedía todo) y la pieza coral Deberías quedarte, siempre bajo la dirección de Carmen Werner.

Para amantes de la escena y sus enigmas, pueden regresar a la sala Cuarta Pared y participar hasta el 8 de noviembre en la I Edición Essencia Festival de la Teatralidad.

La piel

Después de tres días de prueba en la primavera del Festival Surge, Maltrago Teatro y La cabra Cía acaban de reestrenar La Piel en la prolífica sala madrileña Nave 73. Valeria Alonso dirige y pincela un texto encarnado por Teresa Rivera, el motor de este experimento escénico que un día se acercó a su compañera (con la que ya había hecho La Sole) para proponerle llevar el timón de esta pregunta: ¿La piel te cubre o te deja al descubierto?

Este monólogo en cinco actos fluctúa entre situaciones distópicas y escenarios de vulnerabilidad. Mary aparece como una extensión de su móvil android. O al revés. La tecnología no es inocua. Ella nos cuenta su plan: crear un centro de suicidio. Un centro de bienestar para la comunidad del suicidio. Sábanas reparadoras de sensaciones ordenadas en un centro meticulosamente planificado, estilo 'complex hotelier'. Sábanas edulcorantes para jugar sin precio. Enciendan sus móviles, vamos a relacionarnos. Vamos a cambiar de piel.

La frialdad acabará derritiéndose. Y ella rompiéndose. Mary quiere cambiar de piel y volverse negra. Como Michael Jackson, pero al revés. Habilidosa para llevar a puerto cachondas dinámicas grupales con el público (terapias tecnológicas, meditaciones portátiles, espiritismo o adivinación), el personaje nos pone delante de nuestros propios miedos, dependencias y deseos. Y también delante de nuestra certera muerte.

¿Quieres saber cuándo vas a morir? Esa noche nadie osará responder afirmativo. El miedo y el cambio. Pero hay que morir para renacer. Hasta aquí puedo leer. Un vuelo de rosas y mucho rock para la canción de Mary. Y una poderosa imagen del misterio. Un ser que mira con distancia su propio ataúd. Tendrán que verlo para entenderlo (o no). La piel muta pero no borra las marcas de su historia.

En la misma Nave73, podrán dejarse interpelar por Las Poderosas de Guatemala el próximo 27 de octubre (y dos días más tarde, en el Centro cultural Galileo). La compañía de mujeres creada en 2008 de la mano del dramaturgo y director argentino Marco Canale, se emancipa con Naciendo, un montaje teatral colectivo y biográfico que protagonizan Telma Ajín, Lesbia Téllez, Adelma Cifuentes, Rosa García y Telma Sarceño.

Las Poderosas cuentan que esta obra "nace de una investigación sobre nuestra sexualidad, nuestro origen (indígena negado) y la guerra de Guatemala. Hablamos con nuestras madres, con nuestras hijas, con nuestras nietas y con mujeres sobrevivientes del conflicto armado, buscando las huellas de nuestra historia, de nuestro país, la historia de nuestros cuerpos".

La identidad

Para cerrar este mes de octubre, hablaremos de John, el último trabajo que el inglés Lloyd Newson ha dirigido con su compañía DV8 Physical Theatre, y que ha servido en Madrid para inaugurar el Festival de Otoño a Primavera 2015-2016. Una Sala Roja de los Teatros del Canal llena hasta las trancas. Mucha expectación por ver a estos maestros del movimiento y la acción teatral. Y de nuevo, como pasó con Can we talk about this?, un debate acalorado después en las puertas del teatro.

Una persona del público califica a Lloyd Newson como "el Ken Loach de la escena". Contemos de qué va este pedazo de drama social que emergió a partir de 50 entrevistas a hombres realizadas por Newson en Inglaterra. ¿Puedes estar enamorado y no ser monógamo? ¿Cuál es para ti la relación entre sexo y amor? ¿Qué riesgos estarías dispuesto a asumir en la búsqueda de amor o sexo? Uno de aquellos hombres que accedieron a hacer la entrevista era John, un tipo que vivía en un albergue tutelado en régimen de libertad condicional, y cuya historia conmoverá a las miles de personas que verán la pieza.

Todos los cis-hombres deberían ver esta pieza documental que desgrana con ternura el difícil camino de la búsqueda de la identidad, desde el reformatorio y la cárcel, hasta las saunas gais. Moverse en los terrenos de lo visible y lo invisible es un cotidiano fatigoso y común. Cambiar el rumbo de la exclusión social, un desafío político y personal. John descubre quién es. Plato servido para la digestión del público.

DV8 vuelve a colocarnos con su magistral sutileza en un lugar incómodo porque 1) no vemos desplegar el talento de los bailarines en coreografías de danza que seduzcan al ojo, 2) no escuchamos una historia sencilla que reconforte nuestras angustias y 3) oscilamos todo el rato entre los subtítulos de un nutrido texto british y el movimiento del cuerpo, en una renuncia permanente a algo. Esto es interesante. Salimos del teatro diciendo que lo que hemos visto ha sido algo fuera de lo común. Joder. Algo se queda dentro de nosotras, incubándose, como el VIH.

En lo formal, sin duda, estamos ante una lección maestra de incorporación de la palabra a la coreografía corporal. Ni un jadeo. La impecable factura de cuerpo y voz que tienen los DV8 viene acompañada de un despliegue técnico seductor, costoso y justificado escénicamente. El escenario gira constante, como un reloj. El tiempo/espacio se transforma sin cesar, como el protagonista de esta historia, como nosotras mismas, en la aparente quietud de la butaca.

Termino este compendio de reseñas, con una buena nueva para clásicos, hidalgos y quizás transgresores de la escena: después de 14 años cerrado por reformas, por fin, ha reabierto sus puertas el Teatro de la Comedia, sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico que dirige Helena Pimenta. Será momento, pues, de sacarle el polvo al siglo de Oro y desenterrar las huellas de un pasado que quizás nos da pistas del porvenir.

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