Lección de pensamiento contradictorio con María Cañas

Hasta el 11 de octubre, una muestra expone el trabajo experimental en vídeo de la artista sevillana

04/10/15 · 8:00

El alto nivel de estímulos a los que nos sometemos a diario supone una cantidad de información intangible e inclasificable, a priori inútil. Bajo el prisma socioeconómico del capitalismo occidental contemporáneo, casi religioso, hemos de consumir más para vivir cada vez mejor.

Pero el entrenamiento de nuestras neuronas a merced de esa máxima termina por atomizar nuestra capacidad de reflexión y crítica para convertirnos en incubos de un virus con síndrome de contenedor, repleto hasta el borde pero vacío de sustrato o asimilación.

Mutando nuestra capacidad humana en un baldío ser perecedero, en vez de consagrarnos como biología autosuficiente, reciclable y al fin pensante.

Justo en este punto es donde aparece ella, María Cañas o La Archivera de Sevilla, baluarte de la resistencia artística nacional, joven creadora natural de Sevilla con 16 años de trayectoria a sus espaldas, entre la sombra del imaginario underground y los focos expositivos.

Como no puede ser de otro modo, nos topamos con ella en la plataforma digital masiva de difusión de vídeo online YouTube, para descubrir que la también sevillana Amalia Molina allá por 1932 está al mismo nivel que las prostitutas de las páginas de sucesos gracias a una suerte de metáfora política y social.

Ella misma define la situación frente a sus indagaciones como de ciberyonki ante el alto volumen de material

Ahí es donde reside su genio e ingenio, en el trabajo que viene realizando en calidad de videomaquia, haciendo asible una parte del archivo audiovisual cibernético y analógico con especial incidencia en los documentos nacionales, sin olvidar el vasto terreno internacional del imaginario cultural en la era era postpop.

Conceptos como cine/porcino o videomaquia son creados por Cañas para dar cabida a sus investigaciones con resultados compositivos dispares y provocadores, proponiendo ejercer la resistencia mediante la carcajada limpia contra dogmas y premisas.

Del cerdo se aprovecha todo, por lo tanto de los bancos de imágenes también, estableciendo nuevas relaciones entre ellas para mandar un mensaje del todo diferente mediante el reciclado, un disparo de pensamiento contradictorio en la era de las masas y la alienación tanto virtual como real.

El momento de convulsión internacional que sacude nuestras pantallas a diario parece no tener el mismo efecto sobre nuestras conciencias, así pues qué mejor momento que éste para revisar el trabajo de Cañas en la muestra Risas en la oscuridad en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, hasta el 11 de octubre.

Ella misma define la situación frente a sus indagaciones como de ciberyonki ante el alto volumen de material con el que trabaja y la incesante necesidad de darle un tratamiento para originar nuevos medios de expresión. Mediante un discurso transgresor y dilapidador de todo convencionalismo, ejerciendo labor caníbal sobre los iconos de la cultura visual, convirtiendo a Michael Jackson en penitente devoto de la Semana Santa sevillana  al ritmo de Holy/Thriller.

Analogía similar se encuentra en Sé Villana, La Sevilla del Diablo o en la laboriosa misión desempeñada por un singular grupo de hormigas transportando un palo al ritmo de Campanilleros en Al compás de la marabunta.

La relación de Cañas con Sevilla se presenta dual, llena de contrastes, un ciclo de amor-odio que impulsa su máquina creadora para arrojar pensamiento divergente sobre la idiosincrasia andaluza y española.

Su lucha contra la heterodoxia y el heteropatriarcado es un bastión delirante de la narrativa contemporánea, saltándose la lógica discursiva gracias al rescate de minutos de filmación muertos que se constituyen en obra al ser visionados.

Esta guerra de guerrillas también responde a los interrogantes existentes en torno a la creación artística y el mercado de arte actual. Por las plataformas elegidas como fuente y medio de difusión, no es necesario ir a una galería o museo para contemplar el repertorio iconográfico que usa.

Otro tema clave es el uso y abuso de los dispositivos móviles, como muestra en la instalación La mano que trina, una sátira sobre la máquina como devoradora del cerebro, para convertirlo en una lata tan inservible como los esqueletos de cientos de productos electrónicos desechados diariamente.

Los límites entre ficción y realidad parecen confundirse en la sociedad del espectáculo y el escándalo. Por ello Cañas dirige su propio espacio televisivo en Fuera de serie, un show serial killer presentado como una epiléptica sucesión de programaciones histriónicas, un zapping en el que "la justicia poética arrasa con la ficción", en sus palabras.

Cañas aborda también el collage fotográfico, tanto analógico como digital, en una batidora de influencias dadá, punk, trash y kitsch.

Y en dos videoinstalaciones refleja ser tan polémica como humana con una particular vuelta de tuerca a las relaciones sentimentales. Un hombre presa del pánico se precipita al vacío a través de la boca femenina, un delirio amoroso que arrastra el sentir más pasional hasta un curioso encuentro entre el sentir romántico y la pornografía, en Kiss the fire.

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