Sala de máquinas

En el barco cada día se alimentaba la caldera porque hacía mucho frío. La leña estaba hecha con pedazos de la vida de las personas, que pedían ser enviadas por partes a la caldera antes que morir de frío lentamente.

30/09/15 · 8:00
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Sala de máquinas del Titánic. / Scott D Welch

Llegaron poco a poco. Sabían cosas. Eran gente decente. Procuraban actuar con justicia. No abusaban. Repartían. Acogían. Querían evitar la catástrofe. No se aprovechaban de sus cargos. Paliaban la agonía y la desolación de muchos y, quizá con menor frecuencia, de muchas. Escuchaban. Alentaban multitud de iniciativas hermosas en cubierta. Contenían la corrupción. Frenaban el despilfarro. Promovían un reparto más equitativo de los cuidados.

Al mismo tiempo, cada día, en el barco se alimentaba la caldera porque hacía mucho frío. La leña estaba hecha con pedazos de la vida de las personas. Por lo general, eran las personas quienes pedían ser enviadas por partes a la caldera. Preferían la explotación, el fuego, antes que morir de frío lentamente. Y la caldera impulsaba el barco hacia la catástrofe.

Detengámonos, se oía decir. Pero si lo hacemos, cada vez más gente morirá.

No obstante, a veces, la caldera cesaba en su actividad. Y aumentaba el frío.

El pasaje bailaba, corría por la cubierta, durante horas se sentía mejor y más feliz produciendo su propio calor. Pero después el frío se metía en el cuerpo y hacía daño. Hasta que alguien decía: no temáis, fogoneros, no vamos a impediros echar leña, os necesitamos. La caldera seguía funcionando.

El barco avanzaba contra el iceberg. Había quien culpaba a los fogoneros. Si echasen menos leña, habría calor suficiente, el barco se movería más despacio y tal vez hubiera un modo de maniobrar para evitar la colisión. Los fogoneros replicaban que con poca leña la caldera no se encendía. Cierto que les gustaba obtener mucho beneficio de la caldera, pero si obtuvieran poco, la caldera no se pondría en marcha. Aunque algunos exageraban, no mentían: la caldera sólo funcionaba así.

Llegaron poco a poco. Lo cambiaron casi todo. Cuando la crisis se extendió de tal modo que ya eran mayoría quienes morían de frío pese a tener encendida la caldera que empujaba el barco hacia el iceberg, algunos y algunas dijeron que ya no entregarían su vida como leña. No alimentarían la caldera.

¡Pero moriremos! No, contestaron. Aunque lo hemos cambiado casi todo, nunca hemos querido tocar la caldera. Tenemos que destruirla y hacerla de nuevo. Funcionará con otro sistema. Habrá pequeñas fuentes de calor distribuidas. No serán propiedad de los fogoneros sino que todo el pasaje será su dueño.

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comentarios

1

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    Guillermo
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    Dom, 10/04/2015 - 01:34
    <div>Me recuerda mucho a la metáfora de David Harvey:&nbsp; <em>&quot;Permítaseme utilizar otra metáfora para explicar mi método. Un gran buque que surca el océano es un lugar particular y complicado donde tienen lugar distintas actividades, relaciones e interacciones sociales. Distintas clases, géneros, etnias y razas interactúan en formas a veces amistosas y otras violentamente conflictivas mientras transcurre el crucero. Los empleados, desde el capitán hasta el último grumete, están jerárquicamente organizados y algunos grupos (por ejemplo, los camareros que atienden a las cabinas) pueden estar enfrentados con sus supervisores y molestos con la gente a la que supuestamente deben servir. Podemos aspirar a describir en detalle lo que sucede en la cubierta y en las cabinas de ese navío y por qué. Pueden estallar contiendas entre los pasajeros de distintos puentes, aislándose los más ricos en los superiores para jugar una partida infinita de póquer y redistribuir la riqueza entre ellos, sin prestar ninguna atención a lo que sucede más abajo. Pero mi propósito aquí no es entrar a estudiar todo eso. En la sala de máquinas de ese barco se alojan sus calderas y compresores, un motor económico que funciona día y noche proporcionándole energía y permitiéndole desplazarse por el océano. Todo lo que sucede en esa nave depende de que ese motor siga funcionando. Si se estropea o estalla, el barco dejará de navegar. En nuestro caso es el motor del capitalismo el que de modo obvio se viene estremeciendo en los últimos tiempos, y parece particularmente vulnerable. En esta investigación trataré de establecer por qué. Si se avería definitivamente y el barco deja de desplazarse, podemos vernos todos en un problema muy serio. Habrá que reparar el motor o sustituirlo por otro con un diseño diferente. En este último caso, se plantea la cuestión de cómo rediseñar el motor económico y con qué características. Para hacerlo será útil saber qué es lo que funciona o no funciona bien en el viejo motor, de manera que podamos emular sus buenas cualidades sin reproducir sus fallos. Hay, sin embargo, unos cuantos puntos clave en los que las contradicciones del capitalismo afectan al motor económico del capital con fuerza potencialmente destructiva. Si el motor se inunda debido a acontecimientos externos (como una guerra nuclear, una pandemia infecciosa global que interrumpe todo comercio, un movimiento revolucionario desde arriba que arremete contra los maquinistas de abajo o un capitán negligente que dirige al barco contra un arrecife) el motor del capital se interrumpiría entonces por razones distintas a sus propias contradicciones. En lo que sigue señalaré debidamente los puntos primordiales en los que el motor de la acumulación de capital puede ser particularmente vulnerable a tales influencias externas, pero no analizaré en detalle sus consecuencias dado que, como ya he dicho, mi propósito aquí es aislar y analizar las contradicciones internas del capital más que las contradicciones del capitalismo en su conjunto...&nbsp;</em> </div> <div>&nbsp;</div> <div><em>...Así, pues lo que pretendo aquí es una mejor comprensión de las contradicciones del capital, no del capitalismo. Quiero saber cómo funciona el motor económico del capitalismo, por qué funciona como lo hace, y por qué podría tambalearse y detenerse y a veces parece estar a punto del colapso. También quiero mostrar por qué debería sustituirse ese motor económico y cuál podría ser su eventual reemplazo.&quot;</em>&nbsp; Tomado de: <p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 100%"><span style="line-height: 100%;">Diecisiete&nbsp;</span><span style="line-height: 100%;">contradicciones y el fin del capitalismo / David Harvey</span></p> <p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 100%">&mdash; 1.&ordf; ed. &mdash;Quito: Editorial IAEN, 2014&nbsp; <span style="line-height: 100%;">296 p.; 15 x 24 cm&nbsp;</span><span style="line-height: 100%;">(Prácticas constituyentes, n.o 4)&nbsp;</span>isbn<span style="line-height: 100%;">:&nbsp;</span><span style="line-height: 100%;">978-9942-950-26-0</span></p> </div>