David Ilundain
director y guionista de 'B', la peícula sobre Luis Bárcenas
El director de la película del Caso Bárcenas: “A veces, el público ríe por no llorar”

El caso Bárcenas llega a la gran pantalla en forma de 'thriller' objetivista: un larguísimo interrogatorio real al extesorero del PP se concentra en una hora y cuarto de tensión... y esperpento implícito.

17/09/15 · 19:24
David Illundain, director de la película B, sobre la declaración de Bárcenas en la Audiencia Nacional.

David Ilundain ha recogido la herencia del montaje teatral 'Ruz – Bárcenas' para seguir transformando la realidad, concretamente una declaración de Luis Bárcenas ante la Audiencia Nacional, en objeto artístico y político. Su 'B' es una obra modesta, austera, fundamentada en la palabra y las interpretaciones de los actores protagonistas. Propone un cine de denuncia sin subrayados ni exclamaciones: poner un espejo ante la realidad, y que esta misma muestre sus deformidades.

La película comienza con un giro: Bárcenas acepta la existencia de una contabilidad paralela, con comisiones y sobresueldos en negro, dentro del Partido Popular. En el cine de Hollywood, tras uno de estos giros, el sistema actúa para evidenciar que es capaz de corregirse. La realidad española no ha sido tan tranquilizadora...

Digamos que el sistema ha sabido absorber el golpe, pero no soy pesimista. Han pasado cosas. Te pueden parecer pocas, muchas o demasiadas. Te puede parecer que pasan muy rápido o muy despacio. Pero creo que hay movimiento, que los cimientos han temblado bastante y estamos construyendo. Éramos un elefante dormido como sociedad: el señor que solo está sentado en el sofá viendo la tele. Cuando nos hemos dado cuenta de que nos volvíamos diabéticos de tanto engordar sin hacer ejercicio, nos hemos puesto a hacer 'footing'. En estos casos, te fatigas, te ahogas, te puedes lesionar... Pero estamos ahí, volviendo a entrenar.

Es una producción absolutamente independiente en su financiación, que no encontró cauces normales con las televisiones y la financiación pública

Partes del texto teatral 'Ruz - Bárcenas', de Jordi Casanovas, que es una especie de edición resumida, pero literal, de cinco horas de interrogatorio. ¿Te pareció interesante este objetivismo extremo, alejado del carácter interpretativo habitual en la información política?

Casanovas nos contó que buscaba cómo hablar de corrupción en el teatro y que, cuando leyó la declaración de Bárcenas, sintió que lo había encontrado. Efectivamente, es una especie de ejercicio objetivista y eso le da un gran valor: es incontestable, está grabado. Al llevarlo al teatro o al cine, ofrecemos al espectador una especie de oasis para amueblar toda esa información. Cuando explicaba este proyecto, decía que no es lo mismo que te roben a ti o que roben a tu amigo y te lo explique, porque a quien le han robado le queda para siempre. Con la obra de teatro, con la película, le dedicas tiempo a todo este caso, y lo dimensionas de una manera más personal.

Enfrentar a la audiencia a las palabras de Bárcenas en la sala oscura del cine, sin ruido añadido de los analistas, sin distracciones, ¿puede cambiar la manera como el espectador recibe estos hechos?

Yo creo que sí, más que nada por lo que comentan las personas que vieron la obra o que ahora ven la película. Una de las cosas que más me tranquiliza es que veo que con la película se reproduce la sensación que yo tuve al ver la obra: una sensación de 'shock'.

Una sala de teatro es un espacio muy íntimo...

Claro. Yo mismo pensé: “¡Y creía que sabía de qué iba esto!”. Pero el torrente de información al que accedemos cada día es tremendo, las noticias se sepultan unas a otras en las páginas de los diarios digitales. Cuesta tener memoria. Cuando le dedicas una hora y cuarto de tu tiempo a Luis Bárcenas... es muy intenso.

A veces se habla de un cine social que busca al gran público a través de la lágrima, y de un cine para los movimientos sociales que es más confrontativo. Vosotros manejáis otro parámetro posible: un cine político muy mostrativo, sin subrayados que sean ni apologéticos ni críticos. ¿Teníais algún tipo de público en mente?

Puede sonar pretencioso, pero querríamos llegar al 99%. Es una consigna quincemayista, pero es así: el 99% de la población no vivimos como estos personajes, y un 1% sí que lo hace. Es una élite superextractiva, aunque emplear esa terminología suene marxista. Nuestro trabajo ha sido poner un espejo, con rigor y seriedad. Evidentemente, en cada momento escojo donde pongo el foco, pero la película invita a que cada uno saque sus propias conclusiones. Y, aunque se incluyan algunos elementos que podrían tildarse como experimentales, no requiere estar excepcionalmente bien informado ni nada parecido. Siempre se dice que el cine es un arte popular porque nació en las feria, y creo que debe seguir siendo así.

El peso recae en las palabras del Bárcenas de ficción, se complementa con las reacciones del juez, y hay pequeños detalles de ambiente en la sala e intervenciones de abogados. ¿Nunca pensasteis en dinamizar el material original, como se ha hecho en otras películas basadas en piezas teatrales?

Quedaría muy guay decir que no se nos pasó por la cabeza aliviar el planteamiento, pero sí que tuvimos esa tentación. Cuando cruzaba correos electrónicos con Jordi Casanovas, me dijo una cosa muy sensata: "Escribamos lo que escribamos, no va estar a la altura". El documento del que partíamos era tan explícito, tan fuerte, que lo que había que hacer era trabajarlo. Y buscar el subtexto: consultar a gente que asistió al interrogatorio, visitar la Audiencia Nacional, hablar con las partes implicadas... Escudriñamos cada frase porque aquí cada palabra pesa, tiene sus porqués y sus consecuencias legales.

Como director, ¿como sienta esta manera de enfocar un proyecto?. Tu trabajo se debió basar en la precisión, en la adecuación a la realidad, más que en hacer grandes aportaciones visuales...

En el proceso de preparación, hablé con Alberto San Juan, que dirigió el montaje teatral. Decía que ellos habían hecho teatro documental. Y pensé que lo mejor que podíamos hacer era desaparecer para que apareciesen los personajes a través de unas interpretaciones espléndidas, que además llevaban mucho tiempo trabajadas en teatro. Evidentemente, hay un trabajo de cámara, un gran trabajo de vestuario, de caracterización... Toda la parte técnica está muy elaborada, pero queríamos que pasase desapercibida para que la audiencia tuviese una sensación 'voyeur': que le invitábamos a mirar esa sala de la Audiencia Nacional desde una esquinita.

El filme acaba siendo una especie de 'thriller' de la palabra. La denuncia implícita, la emoción posible, las revelaciones que puede sentir un espectador al verlo, se fundamentan en los diálogos y las interpretaciones.

Son los pilares, claro. Y definir el género es difícil, porque la película es una mezcla. Además, se generan situaciones de comedia no necesariamente buscada, porque a veces el público ríe por no llorar. A mí me alegra mucho haber mantenido esa tensión ambiental, ese 'thriller' verbal al que aludías, donde lo que dice, lo que no se dice y cómo se mira, mantiene la atención del espectador. No quería apelar a la militancia: aunque una película fuese muy necesaria, si es aburrida... sólo la ven los convencidos.

Tu protagonista es una especie de algo ejecutivo de la corrupcion que se creía élite. Su manera de explicar sus contactos y gestiones parece casi un gesto de desagravio consigo mismo. Parece decir: “Me han dejado caer, pero yo era importante. ¿Qué sensaciones te transmite el Bárcenas real?

Prefiero hablar del personaje de ficción, porque a Bárcenas no le conozco. Pero junto con el actor Pedro Casablanc intentamos desentrañar el alma del referente real, y nos dio la sensación de que es un personaje con muchos prismas, muy rico. Es un tío religioso, con un entorno familiar muy fuerte, cosa que no es tan común en la élite. Normalmente el cinismo afecta mucho todas las capas de tu vida, pero diría que Bárcenas mantiene un núcleo familiar muy cohesionado. Por lo que he leído, es un personaje que tuvo acceso a la élite y accedió al corazón de ese sistema corrupto sin tener rancios abolengos o herencias. Entró en el partido, vio que podía ser un gran negocio y se supo situar. En cierto momento se le abandona, porque no dejaba de ser un empleado.

Como comentabas antes, incluso en una propuesta tan objetivista hay un criterio de selección. ¿Tenías en mente la imagen que querías que transmitiese tu Bárcenas paralelo?

La verdad es que no. No soy alguien de improvisar, al contrario, pero en la sala de montaje me han sorprendido ciertas cosas, intuiciones que no habíamos racionalizado. Sobre todo, la parte humana del personaje que ha conseguido Pedro.

Has comentado en alguna entrevista que una película no hará caer un gobierno. Después del 'crack' financiero, en España llevamos ocho años que parecen un experimiento conductista de qué puede aguantar una sociedad...

Susan George, la ensayista de ATTAC, ha llegado a decir esto: que estamos siendo ratoncillos de laboratorio.

Estamos en una Europa mediterránea que sufre, pasan las cosas que pasan en Grecia, en el resto del continente y del mundo... ¿El sistema lo aguanta todo?

El sistema ha llegado a un grado de desarrollo y de sutilidad muy fuerte, pero no sé si lo aguanta todo. Probablemente no, probablemente colapse por sí mismo como todos los anteriores. Nosotros aportamos esta película como quien aporta un grano de arena. Hay multitud de personas trabajando, creyendo que hay grietas suficientes para hacer cambios importantes. Y yo me sumo a algo que arrancó en el Teatro del Barrio, una cooperativa en Lavapiés. Eso sí: pensar en hacer que el gobierno caiga es una quimera. 'Fahrenheit 9/11', de Michael Moore, tuvo una recaudación de más de 100 millones de dólares en EEUU... y Bush ganó las elecciones. El sistema es capaz de contar su relato tantas veces, tan repetidamente y tan adaptativamente... que nuestra capacidad de debatirlo y de alcanzar sus líneas de flotación es muy limitada, porque no solemos acceder a tanta audiencia. Tenemos más herramientas que antes, eso sí.

Como el micromecenazgo...

Claro, hay que recordar que el filme es la suma del esfuerzo de muchos. Es una producción absolutamente independiente en su proceso de financiación, que no encontró cauces normales con las televisiones y la financiación pública. Apareció el 'crowdfunding', que no es la panacea para todo, por supuesto, pero nos permitió conseguir el arranque.

Las televisiones públicas, fuertemente politizadas, no os apoyaron.

Ni las públicas ni las privadas. Tampoco quiero hacer victimismo: no encontramos un camino más industrial, más 'statu quo', y la hemos hecho independientemente. Nos ha costado mucho, estamos con la cuenta a cero y vamos a ver si conseguimos recuperarnos. Pero ya está hecho, no merece la pena. Lo que importa es que estoy comprobando que la gente quiere ver esta película. Y sabemos que nos gustan las ficciones de política y corrupción, como 'House of cards', 'Borgen' o 'Gomorra'. Nos las están haciendo otros y nos las están vendiendo, cuando nosotros podríamos dar lecciones mundiales de corrupción...

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