Tango queer, un baile nuevo para un mundo nuevo

Una invitación a disfrutar del tango sin obedecer a las normas de género. Ellas no esperan ni ellos llevan. Se celebran las parejas no mixtas. ¿Bailamos tango queer?

30/08/15 · 8:00
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Sin roles prefijados, sin que una parte de la pareja siempre tenga que llevar y la otra seguir, sin que esa asignación de tareas dentro del baile se corresponda a una distribución por género en la que a la mujer le toca esperar a ser invitada y seguir la marca del hombre. Y, sobre todo, sin que la pareja deba estar compuesta obligatoriamente por un hombre y una mujer.

Así se baila hoy un tango distinto que, a falta de otro nombre, se empieza a conocer como tango queer y que quiere plantear una reflexión sobre el género, los códigos y las normas que rigen este baile.

"Para mí, el tango queer 'es' el tango", define Olaya Aramo, pionera por estas latitudes de un modo de acercarse a la milonga (el espacio en el que se baila tango) que comenzó a desarrollarse en Alemania a mediados de los años ochenta. "En el mundo del tango llamado 'tradicional', y que yo prefiero llamar 'heteronormativo', buena parte de lo que está erotizado o sensualizado es la encarnación de ciertas normas de género que conceden privilegios a los varones. Esta dinámica favorece la heterosexualización del ambiente del tango".
 

“Cuando enseñamos tango queer nunca utilizamos las palabras hombre o mujer para referirnos a un rol”

Dispuestas a cuestionar esas rígidas convenciones sociales que el tango reproduce, ella y Caroline Betemps iniciaron en 2010 un taller semanal que impartían en el Centro Social Okupado Casablanca, en Ma­drid. "Nuestro objetivo al llevarlo a espacios sociales era, por un lado, devolver el tango a sus orígenes populares, cuando cualquier persona de cualquier clase social lo bailaba. Por otro lado, romper la mitificación de que es un baile difícil, que hay que tomar mil clases y dejarse una pasta para aprender a hacer unos pasos", recuerda Betemps, quien añade otra de las motivaciones que las llevaron a poner en marcha esta iniciativa: "El otro objetivo que teníamos era usar el espacio del baile como un laboratorio donde trabajar y cuestionar las normas de género, tanto las impuestas desde afuera como las que nos autoimponemos. Y jugar desde ahí y a través del tango con esos roles y posiciones".

Así, esta nueva modalidad tanguera propone romper con la dicotomía hombre/mujer en el baile y con los roles asignados, permitiendo que cada persona elija libremente su rol, independientemente de su gé­nero, además de ofrecer la posibilidad de cambiar de rol cuando se desee.

"En el tango convencional, el papel de la persona que sigue, tradicionalmente asignado a las mujeres, suele estar infravalorado en relación al rol de llevar, que se asigna a los hombres. Esta minusvaloración es infundada, ya que los dos roles tienen técnicas diferentes y su dificultad se percibe de manera diferente para cada persona, dependiendo de las capacidades que cada una tenga más desarrolladas. Un hecho bastante significativo es que, cuando enseñamos tango queer, nunca utilizamos la palabra hombre o mujer para referirnos a un rol determinado. En una clase de tango convencional estas palabras suelen escucharse constantemente", explica Dafne Saldaña, que imparte clases de tango queer y coorganiza la milonga queer en el bar El Rouge en Barcelona desde enero de este año.

Por su parte, Yanina Carchak, participante en el grupo impulsor del tango queer en Madrid, responde con un interrogante muy preciso a la pregunta sobre los motivos por los que bailar de esta manera: "Si lo que queremos es construir una comunidad en la que cada cual sea libre de relacionarse con quien quiera más allá de su orientación sexual o de su género, si queremos una comunidad en la que todo el mundo pueda tomar la iniciativa y elegir y definir junto con el otro el rol que quiere ejercer cada vez en la relación, ¿por qué hacer algo diferente en el tango?".

Tradición vs ruptura

Llegamos a la gran cuestión: ¿cómo se baila el tango queer?, ¿es muy distinto al tradicional? Las cuatro coinciden en señalar que no hay grandes diferencias con respecto al tango convencional. Se baila igual pero todas las personas implicadas conocen ambos roles y los intercambian. La música que suena en las milongas queer es también la del tango clásico, preferentemente de los años 30 y 40 del siglo XX.

En Madrid, Barcelona, Oviedo, Bilbao y Valencia hay talleres de tango queer en espacios feministas y autónomos

La principal variación, así pues, estriba en el código, en su disolución. "En el milonguero tradicional", explica Aramo, "además de darse por supuesto que las mujeres siguen y los hombres llevan, y que las parejas están formadas por hombre y mujer, los hombres sacan y las mujeres esperan. Nada de esto sucede en el tango queer. En él debemos preguntar a la persona con quien bailamos con qué rol desea empezar, y todas las personas son libres de invitar a quien les plazca. También es cierto que existe un contenido erótico en el tango, y es usual que en los ambientes de tango queer las personas prefieran bailar con otras personas de su gusto".

¿Y es muy difícil bailarlo, entonces?, ¿se requiere mucha práctica? La apuesta del tango queer, afirma Saldaña, también "debería ser la de acercar el baile a todas las personas y hacer que puedan disfrutar del tango independientemente de su nivel de conocimiento técnico".

Para Aramo, en un plazo de entre tres y seis meses de acudir a clases, "una ya puede desen­volverse cómodamente. No obstante, se puede empezar a practicar en la milonga desde el primer día, especialmente en las milongas queer y populares, en las que este aspecto se tiene muy en cuenta".

Esta voluntad inclusiva choca con el elitismo que desprende cierta concepción del tango. "La imagen del tango que la gente tiene es la del tango de escenario, que es el que llega a los medios de difusión masivos, con sus coreografías y acrobacias. Pero el tango de salón y milonguero es menos exigente físicamente y más sencillo, además de proporcionar un gran disfrute y conexión con la pareja", explica.

Buena acogida

El primer festival internacional de tango queer se celebró en Hamburgo (Alemania) en 2000 y la práctica se ha extendido por medio mundo, desde Noruega a Corea del Sur, pasando por México o Turquía.

Por aquí, tras la experiencia inicial de Aramo y Betemps, se han desarrollado talleres y clases en espacios feministas de Valencia, Oviedo y Bilbao y en eventos como Octubre Trans o Ladyfest.

En Barcelona, el grupo de Saldaña organizó un cabaret queer milonguero en el que las personas que estaban aprendiendo prepararon números para expresar sus ideas, independientemente de su nivel de baile. "Fue un éxito, asistió muchísima gente y fue una oportunidad para visibilizar el tango queer como experiencia transformadora", recuerda Saldaña.

La respuesta en los círculos tradicionales a esta nueva forma de tango ha sido positiva. Aramo asegura que "algunas de las tangueras queer acudimos también con asiduidad a los espacios convencionales de tango, y allí bailamos con quien queremos, sacamos y esperamos, vestimos como nos apetece. Mi experiencia en este sentido es, en general, positiva. Afortunadamente en el Estado español estas conductas están bastante bien aceptadas en el mundo del tango. Al menos en siete años yo no he tenido conflictos serios".

Carchak confirma esa recepción favorable: "En ninguna milonga de las que yo conozco de Madrid creo que alguien vaya a mirarte mal por elegir un rol que no sea el que en teoría te corresponde por tu género, ni por bailar con otra persona de tu mismo sexo. Al contrario. Creo que la comunidad de tango en general en Madrid es muy abierta en este sentido".

Betemps también advierte de que conviene distinguir "iniciativas colectivas para compartir el tango" de otros espacios "meramente comerciales donde lo queer es sólo una etiqueta y poco o nada tiene que ver con la crítica al pinkwashing de los años 70 que nos quería a gays y lesbianas ciudadanas funcionales al sistema, casadas, con doble sueldo y sin hijos. Cabe decir que estos espacios comerciales son también justos en la medida en que hay profesionales que se quieren ganar la vida con el tango queer, y también necesarios porque cuentan con los medios para crear comunidades y otras experiencias alrededor suyo, pero si hablamos de tango popular me parece imposible no mencionar los aspectos clasistas de unos espacios y otros".

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