Filmoteca
La pantalla como pesadilla

'It Follows' construye un terror de interpretación abierta y cercano al mundo de los sueños.

26/06/15 · 8:00
Edición impresa

La última sensación del cine terrorífico, It Follows, apela con astucia al miedo del individuo a ser vigilado y acosado. Lo hace con enfoque enigmático y abstracto que sirve de página en blanco en la que proyectar angustias. En el desarrollo narrativo, el realizador David Robert Mitchell usa elementos de eficacia probada: el espectro protagonista se mueve con la lentitud de un zombi y su maldición se transmite de persona a persona, al estilo de The Ring o Llamada perdida. Al elaborar estos materiales, se rehuye el susto impersonal y la sucesión de ejecuciones seriadas: la intención es acercarse a la experiencia irracional de una pesadilla. Como en la carpenteriana La noche de Halloween, el uso de estabilizadores de cámara dota de un matiz etéreo y onírico a las imágenes.

El film nos presenta un ente sobrenatural que asume formas humanas cambiantes: puede parecer un niño, un hombre de altura insólita o una anciana, pero siempre observa y persigue incansablemente a su objetivo. Mitchell no ofrece grandes explicaciones, pero sí asocia esta entidad con lo sexual: la persona perseguida sólo se puede deshacer de ella traspasándola a un compañero de juegos de cama. It follows no deja de ser una variante, sobria y sin casquería, del cine de jóvenes perseguidos por asesinos voyeurs. Con ello, se empapa de los subtextos posibles de las películas slasher, desde el resentimiento del nerd excluido del circuito erótico-festivo hasta el castigo a las sexualidades consideradas prematuras.

'It Follows' apela con astucia al miedo del individuo a ser vigilado y acosado

La obra no parece acomodarse a ninguna de esas líneas interpretativas, pero sí puede verse como otro film indie que trata temas propios del Tea Party de una manera moderna y atractiva. Si Orígenes promovía el creacionismo y la más esquiva Take shelter podía leerse como una aceptación (¿involuntaria?) del adventismo, en la historia de It Follows late una posible llamada de atención sobre el sexo juvenil... con las enfermedades venéreas disfrazadas de espectros. Aun lejos del puritanismo de Crepúsculo, el resultado tampoco se asemeja a una travesura como Cherry Falls, que invertía las normas del slasher castigando con la muerte a los jóvenes vírgenes. Al fin y al cabo, Mitchell escogió titular su opera prima, El mito de la adolescencia, citando a un personaje que lamenta haber dejado atrás su infancia demasiado pronto. Si a ello le unimos la aparente simpatía con la que se contempla al escudero platónico de la protagonista, It Follows parece abogar por una sexualidad ligada a lo romántico. Aunque el discurso no se imponga a la voluntad de desasosegar, y un emparejamiento no quiebre la vinculación fatalista entre sexo y muerte que sobrevuela la ficción.

Terror reformista

En su primer largometraje, Mitchell ya había dado muestras de su gusto por la narrativa visual refinada, con bellos fueras de campo, pausas y una cierta mirada poética. En su bautizo en el género terrorífico, parte de territorios conocidos para ofrecer una propuesta diferenciada, en una especie de reformismo cinematográfico en la línea de The Babadook.

La mirada a las relaciones humanas de Jennifer Kent, eso sí, resulta más transgresora que la aparente candidez del estadounidense, quizá adecuada a un mundo teen sin figuras adultas. Esta vez, el contexto de esta ausencia lo proporcionan los horarios laborales eternos derivados de la crisis de la economía productiva. La historia se sitúa en una ciudad fantasma: esa Detroit que deviene símbolo decadente de los Estados Unidos posindustriales, sea en los noticiarios o en ficciones manieristas como Sólo los amantes sobreviven, de Jim Jarmusch. Es el telón de fondo, inquietantemente real, de una poderosa fantasmagoría de miedos indefinidos.

Tags relacionados: Número 249
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

Tienda El Salto