¿Qué hacemos con la cultura, ese invento del Gobierno?

Los modelos culturales de las ciudades y comunidades autónomas también están en juego en las elecciones del 24 de mayo. ¿Seguirá vigente el de los grandes eventos por y para minorías o se abrirán paso nuevas propuestas más participadas?

15/05/15 · 8:00
Iluminación del Edificio España (Madrid) en una de las ediciones de la desaparecida Noche en Blanco. Foto: Elentir.

La cultura es otro de los campos de batalla que las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo pueden inclinar hacia un modelo continuista o hacia algunas propuestas que suenan diferente a lo conocido desde 1978.

La consideración de la cultura como derecho de la ciudadanía; la garantía del acceso y disfrute colectivo a equipamientos como bibliotecas y centros municipales; la espinosa relación entre instituciones y prácticas autónomas; la justa retribución de todos los agentes que participan en la creación; el papel de las entidades de gestión de los derechos de autoría o la conservación del patrimonio histórico son algunas de las tensiones existentes entre quienes consideran que la cultura debe seguir siendo una de las patas, la más lustrosa, del escaparate de las ciudades convertidas en marca y quienes aspiran a que democratizar la cultura sea algo más que ver a actores y actrices protestando en la gala de los Goya.

Democracia cultural para un Madrid en el que se pueda vivir

Podemos presentó el 11 de mayo su programa cultural para la Comunidad de Madrid, con tres grandes medidas como las más destacadas en una oferta que incluye hasta 82: la creación de una Consejería de Cultura, la Ley de Mecenazgo y otra de Cultura y Espectáculo.
 
"Proponen una cultura sostenible y coherente con los presupuestos (no fastuosa), participada, no excesivamente intervencionista, gestionada mediante códigos de buenas prácticas, pensada desde la ciudadanía, accesible (gratis o muy barata), muy plural (apoyo a la diversidad) y descentralizada (incentivando barrios y municipios)", valora la periodista cultural Elena Cabrera, quien también aprueba la preocupación mostrada por los espacios en desuso o infrautilizados y la imposición de una cuota mínima de mujeres artistas en las programaciones que dependan de la Comunidad.   

"Podemos propone una cultura sostenible, participada, pensada desde la ciudadanía, accesible, muy plural y descentralizada"
Cabrera confía, asimismo, en que Podemos realice una "operación de salvamento del ente público de la radiotelevisión madrileña" y señala como muy relevantes dos de las ideas expresadas en el programa: "La apuesta por las bibliotecas y la retirada del canon y la bibliodiversidad de las librerías. Y por otro lado, la gestión ciudadana de las fiestas populares. De abajo a arriba, como las de Bilbao. Y no al revés. Por algo son festejos populares". 

Pero lo más trascendente, en su opinión, es la recuperación de la memoria histórica. "Podemos propone una partida presupuestaria (no sabemos de cuánto, pero cualquier cantidad es más de lo que tenemos) para exhumar no las fosas de grandes literatos del siglo XVI en conventos sino las fosas de combatientes y represaliados en cementerios, montes y cunetas durante la Guerra Civil y el Franquismo. Así como la memorialización de lugares donde ha habido crímenes y represión y la vida transcurre como si nada hubiera ocurrido. Mismamente, en la Puerta del Sol. Si Podemos llega a la Comunidad de Madrid, espero que lo primero que haga, antes de traspasar el umbral del edificio, sea poner una placa en la pared recordando la cantidad de personas que murieron y fueron torturadas en ese mismo lugar".
 
En lo municipal, Ganemos Madrid, una de las iniciativas que ha desembocado en la candidatura Ahora Madrid, elaboró un decálogo por "una democracia cultural que garantice el libre acceso y la creación a toda la ciudadanía, protegiendo el patrimonio histórico y la memoria cultural" y que lo haga desde una visión feminista y libre de la cultura y la ciudad. 
 
Entre sus propuestas, un presupuesto que oscile entre 1,5% y el 2,5% del municipal con partidas específicas para la participación ciudadana; un equipamiento cultural de proximidad cada 25.000 habitantes; nuevos procedimientos administrativos a partir de una ética basada en la transparencia y autonomía; liberación de espacios públicos abandonados para destinarlos a prácticas culturales o nuevos criterios de gestión de bibliotecas y centros culturales mediante la inclusión de órganos de consulta ciudadana vinculantes.
 
Cabrera coincide con esta línea programática y fija un objetivo a perseguir a medio plazo: "Madrid tiene que ser una ciudad vivible, no 'turisteable'". 

Nueva institucionalidad descentralizada

La idea de que la cultura es un derecho es uno de los planteamientos que preside la "nueva institucionalidad" proclamada por la candidatura ciudadana Barcelona En Comú. En su ideario, manejan como prioridad el acceso universal y la participación efectiva de la ciudadanía en cultura, entendida ésta como un bien común.

Para ello proponen, por ejemplo, una fuerte descentralización de los equipamientos municipales, "que se llevará a cabo mediante acuerdos público-comunitarios con organizaciones que operen bajo los principios de la economía social, y que contemplen formas ricas de retorno a la sociedad a cambio del uso descentralizado de equipamientos y recursos públicos", explican a Diagonal desde su eje de Cultura.

El análisis realizado por esta nueva formación, que según el Barómetro del CIS de abril podría ganar la alcaldía, diagnostica los males que han caracterizado a la política cultural de la ciudad y señala algunas soluciones. "Uno de los problemas más graves que sufrimos es que las políticas de fomento de las 'industrias creativas' han provocado un agotamiento de los tejidos creativos de la ciudad. La tendencia creciente al 'monocultivo' empresarial va de la mano con una precarización del trabajo cultural en todos sus aspectos. Pondremos en práctica medidas de protección del trabajo para garantizar derechos laborales, especialmente en los servicios externalizados de la administración pública. Redistribuiremos los recursos para revitalizar los ecosistemas culturales diversos, que ahora operan exhaustos también por el efecto de la crisis. En este sentido, el 'rescate' de la cultura está ligado a otras medidas transversales de BComú para proteger derechos laborales y fomentar el desarrollo de la economía social y cooperativa en la ciudad", afirman. 

"Redistribuiremos los recursos para revitalizar los ecosistemas culturales diversos, que ahora operan exhaustos"

En cuanto a medidas concretas en materia cultural, el plan de Barcelona En Comú considera "imprescindible" la reforma del ICUB (Institut de Cultura de Barcelona), el principal motor administrativo de las políticas culturales municipales. "Queremos aproximarlo más aún a los sectores culturales y a los territorios. Vamos a democratizar su funcionamiento mediante la apertura de diferentes instancias que den cabida a los agentes culturales implicados. También para permitir la participación de la ciudadanía organizada más allá de los campos profesionales de la cultura. Ello implicaría desde una reforma en la composición y funciones del Consell de la Cultura, hasta la apertura de mesas sectoriales e intersectoriales", adelantan. 

"La política cultural en Sevilla es un plan improvisado año tras año"

Pedro Jiménez trabaja en Zemos 98, un festival que este año ha celebrado su última edición, la número diecisiete, entre otras causas por el agotamiento de la relación con las instituciones públicas sevillanas. Jiménez ha analizado los programas culturales de los partidos que concurren a las elecciones municipales en su ciudad. La nota que les pone es "un bien escasito", aunque amplía esa evaluación para Diagonal.
 
"PSOE, IU, EQUO y Sevilla Participa coinciden en una ciudad que necesita de la cultura como motor activo de derechos ciudadanos, también de juventud, y en cierto modo también de empleo. Cada uno lo desarrolla hacia un lado pero están de acuerdo en hablar de la cultura como un sector profesional y en un motor económico de la ciudad, que se aprovecha de la potencia turística pero que también tiene en cuenta el hecho de ser una ciudad con muchas personas trabajadoras de lo creativo y lo cultural. El PP aspira y tiene más claro que la cultura es un escaparate para el turista y por eso se centra en medidas grandilocuentes, proponen hasta cuatro celebraciones tipo 'expo 92', son conmemoraciones que tienen al turismo como referente y que son continuistas en una cosa que el PP ha venido haciendo estos últimos cuatro años: producir exposiciones que ponen en valor lo barroco de esta ciudad. En el caso de C's no podemos extraer ningún modelo de ciudad en relación a la cultura, a mí eso me resulta inquietante".
 
Entre lo más negativo de los programas, Jiménez apunta a un determinado modelo de cultura, el que hay detrás de la idea de que el turismo de los grandes eventos "nos va a salvar". 
 
Y en lo positivo, en su opinión, "la apuesta, aunque sea sobre el papel, por la cesión de los espacios a la ciudadanía, algo que se ha venido reclamando en la ciudad.  Otra cosa que necesitamos mejorar en general es que, aunque todos los partidos hablan de participación y escucha a la ciudadanía activa en temas de cultura, nadie habla claramente de ceder las políticas a un consejo local de cultura. Eso lo he echado en falta".
 
En esa línea, este trabajador cultural también señala las principales necesidades de Sevilla. "Participación real, efectiva y con carácter vinculante. Para eso es necesario que haya transparencia y sobre todo planificación. El problema de Sevilla es que no tiene modelo, la política cultural consiste en una especie de plan improvisado año a año. Y eso, planificar, es algo que hay que hacer con la gente que hace cultura en la ciudad, que no son sólo agentes privados o colectivos culturales, son también otras instituciones (por ejemplo es urgente que la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento dejen de pelearse entre ellos por tonterías y que el gobierno central mire un poco más allá de su sede en la capital del reino) y para hacer todo eso es necesario transparencia", explica."Sevilla tiene muchas posibilidades pero hay gente que se sigue ahogando sin que nadie se dé cuenta" 
En un plazo no tan inmediato, Jiménez apuesta por contener los desmanes de todo lo que suene a 'ciudad creativa': "Hay que huir de la turistización de la ciudad, hay que poner encima de la mesa la precariedad que tiene el sector y hay que dejar crecer a los proyectos que emergen con un diálogo responsable entre quien gana unas elecciones y quien hace el día a día de la cultura. Así que esto pasa por aumentar el presupuesto para cultura y mejorar las condiciones para que esa cultura emerja. Sevilla tiene muchas posibilidades, pero hay gente que se sigue ahogando sin que nadie se dé cuenta".
 
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