Artefactos
Todo lo que necesitas es dinamita

La publicación en España de 'King Mob. Nosotros, el partido del diablo', antología de manifiestos del colectivo radical que aterrorizase intelectualmente Londres a finales de los sesenta, coincide con la reedición de un cómic visionario,'Los Invisibles', de Grant Morrison.

01/04/15 · 8:00
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"El camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría", pintada en homenaje a Blake, poeta de los siglos XVIII y XIX.

Invocar a John Lennon en las primeras páginas de un cómic, como si se tratara de un dios psicodélico al que pedirle consejo justo antes de reclutar a un nuevo “espía”, a un nuevo habitante de las grietas del sistema, es algo que sólo puede ocurrir en la cultura popular, y en las calles del Londres de finales de los sesenta: “All you need is dynamite”.

Dependiendo de a quién preguntes, y como buena ficción, King Mob puede ser un fantasma de la Revolución Francesa en la Inglaterra del siglo XVIII, un grupo radical fruto de la mutación de la contracultura inglesa a finales de los sesenta, o un mago del caos artístico y protagonista de Los Invisibles creados a su imagen y semejanza por el guionista escocés de cómic Grant Morrison. Esto último no es casualidad. Lo explica el propio Morrison en su ensayo Supergods (Turner, 2012), “King Mob tenía la cabeza afeitada, los mismos años que yo y había ganado un buen pellizco como guionista; sus cualidades como activista anárquico las tomé prestadas de mi padre. King Mob era el James Bond punk, el arquetipo de chico Matrix cinco años antes de la película y, al igual que Neo y que Morfeo, había comprendido que todo su universo estaba incrustado en algo más grande y más extraño. Lo que yo quería era fusionar mi vida, mi aspecto y mi mundo con los suyos hasta que ya no pudiese dividirlos”. Porque, “si escribo lo suficientemente duro y honesto, creo que puedo hacerlo realidad” (Ragged Robin).

King Mob es el protagonista del experimento autoral de Grant Morrison Los Invisibles, cómic publicado en España a mediados de los noventa, y que recientemente ha vuelto a ser reeditado por la editorial ECC. Coincide esta vuelta al mercado, ya en pleno siglo XXI, con la edición a cargo de La Felguera de lo que podríamos considerar guía indispensable para comprender la arquitectura de Los Invisibles, que bebe directamente de la esencia contestataria de la contracultura inglesa pasada por una pátina milenarista que apenas quince años después del verdadero fin de la historia (tras el 11-S) puede parecer superado; no obstante, su espíritu desvergonzado y su ambición ­desmedida persisten. Como bien se deduce del compendio de artículos y textos rescatados en King Mob: nosotros el partido del diablo, Morrison estaba alineado, por aquel entonces, con la esencia del colectivo radical que dio nombre a su propia creación, deudor a su vez del situacionismo francés y la influencia del grupo anarquista The Motherfuckers; una reacción en cadena antisistema que se hizo patente en la Inglaterra a finales de la década de los sesenta y que soñaba con “unir la teoría radical que llegaba junto con lo mejor del viejo mundo del arte y la política, generalmente acentuando sus aspectos más destructivos. Marx rompiendo las lámparas urbanas de Kentish en Londres y Durruti rompiendo las sillas sobre los burgueses”.
 

King Mob era el James Bond punk, el arquetipo de chico 'Matrix' cinco años antes de la película
Como buenos románticos, King Mob (”Rey de la muchedumbre” o “Rey de la Turba”) tomó su nombre de la historia; como acto simbólico, y como principio de recodificación que vería su reflejo en la cultura popular. Un nombre que remite a las revueltas londinenses de Gordon en 1780, cuando las prisiones fueron asaltadas y sus presos liberados en nombre de “su majestad el Rey de la Turba”, tal y como indicaba una pintada escrita en las paredes de la prisión de Newgate que recogió en 1958 el historiador Christopher Hibbert en un libro dedicado a documentar estas revueltas. Sembrar el terror simbólico entre los católicos y las clases pudientes, como entonces, e incitar a la revolución proletaria por medio del apropiamiento simbólico, también de asesinos ingleses que desafiaron el orden establecido, como el inmortalizado por la ficción, Jack el Destripador, y los menos conocidos fuera de las fronteras de la Gran Bretaña, Mary Bell y John Christie. Todo lo que fuera necesario para invitar a la destrucción del sistema, como celebrar que Valerie Solanas disparara a Andy Warhol .

Pero si hubo una apuesta deliberada por el terror cultural, ésta tuvo que ver con las palabras y las imágenes. Las pintadas fueron una de las señas de identidad del grupo. Grafitis que alentaban al despertar; bofetadas verbales en el espacio público que convidaban al nihilismo revolucionario. “Pronto nos quedaremos sin palabras”, rezaba una de ellas. Tal y como cuentan dos de sus miembros, Dave y Stuart Wise, en el libro publicado por La Felguera, King Mob creía en “la inmanencia de la más drástica reducción potencial del uso de palabras jamás imaginada. Esta reducción del lenguaje llevaría con el tiempo a recuperar el significado de las palabras, pero sólo en y a través de una revolución”. Conscientes de que las palabras pasaban a estar al servicio del mercado, de que las intervenciones en el espacio público sólo podrían funcionar en la medida en que éstas pudieran ser leídas como sombras que dejan los cuerpos tras una explosión termonuclear, el impacto político de los grafitis y los panfletos murió a la vez que el punk. Aquellos que no sucumbieron al renacimiento de la vieja sociedad en el corazón de la nueva, a la ambición como imperiosa lujuria que se extendía por la sociedad, optaron por otros caminos para la subversión. Lo resume Grant Morrison en una pintada en las páginas de su cómic: El gran hermano te vigila, aprende a ser invisible. 

Tags relacionados: graffiti Inglaterra Londres Número 243
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comentarios

1

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    Wolf
    |
    01/04/2015 - 12:19pm
    Interesante artículo, gracias!
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