En memoria de Moncho Alpuente
Los esclavos felices
No quiero escribir una necrológica simple de Moncho Alpuente. No quiero que sea algo usual para alguien al que conocí y con el que compartí algunas cosas. Por eso he querido titular esta necrológica con el título que le dio a uno de sus últimos artículos aparecidos en el periódico CNT.
 
23/03/15 · 11:37
No quiero escribir una necrológica simple de Moncho Alpuente. No quiero que sea algo usual para alguien al que conocí y con el que compartí algunas cosas. Por eso he querido titular esta necrológica con el título que le dio a uno de sus últimos artículos aparecidos en el periódico CNT.
 
Cuando me enteré el sábado por la mañana de que Moncho había fallecido de un infarto no daba crédito. No hacía mucho que había hablado con él. Rápidamente me metí en las webs de la prensa generalista. Muchos lo reseñaban. Hablaban de sus colaboraciones en El País, de sus inicios en grupos como Las madres del cordero o Moncho Alpuente y los kwai, de sus últimas colaboraciones en Público, etc. Pero en ningún momento hicieron mención de su compromiso, de su posición clara con el movimiento libertario, etcétera.   

Nadie mejor que él podía hacer un repaso a la manipulación que ejercen los medios de comunicación

A Moncho le conocí hace muchos años. Fue en el curso de unas jornadas libertarias que organizó la CNT de Alcalá de Henares. Era el año 1998, si no recuerdo mal. A Moncho se le invitó para dar una charla sobre manipulación de los medios de comunicación. Me tocó hacer de maestro de ceremonias. Fuimos a comer, charlamos, etcétera. Conectamos bien desde el primer momento. La charla fue un completo éxito. Un personaje como Alpuente no deja de ser llamativo en una ciudad pequeña como Alcalá.
 
A partir de ahí comenzamos a tener un contacto fluido. Le invitamos a distintos sitios y siempre era su enlace. Según Mocho, yo organizaba muy bien las charlas, algo que le agredecí mucho. La última vez que nos vimos fue en Guadalajara, en otras jornadas libertarias. Y la temática la misma. Viajamos juntos en el coche. Jamás me imaginé que era la última vez que iba a ver vivo a Moncho.
 
Muchas cosas podría destacar de Moncho. Era alguien directo, no se casaba con nadie. Si tenía que criticar alguna cosa, lo iba a hacer en el contexto que fuera. Y eso siempre se agradece. Como él mismo decía, era algo que le ocasionó algún problema de vez en cuando. Pero Moncho era así.
 
Nadie mejor que él podía hacer un repaso a la manipulación que ejercen los medios de comunicación. El franquismo censuraba, pero Moncho dejaba claro que la democracia también, quizá por aquello de que de la ilegitimidad del régimen franquista proviene la legimitidad del actual. Antes de que muchos criticasen el Régimen de 78, personas como Moncho ya lo hacían. Su resonancia era escasa, pero ahí queda. 
 
Pero Moncho tenía otros valores. Era mordaz y ácido. Tenía sentido del humor, algo fundamental en los pensamientos críticos. Todavía recuerdo aquel debate en televisión donde discutió con el entonces presidente del Atlético de Madrid, Jesús Gil. Buena intervención la de Moncho. Luego le costó que diversos integrantes del Frente Atlético el boicotearan algunos actos.
 
Junto a todo esto, Moncho era un buen periodista, un ejemplo de lo que se denomina periodismo crítico, o de lo que hoy denominamos periodismo situado. Porque para Moncho no sólo era necesario plasmar la noticia, también se tenía que interpretar. Muchos se hacían llamar “independientes” y esa independencia sólo era un postureo. Moncho no escondía sus opiniones, algo de mucho valor para una sociedad donde las apariencias importan más que las realidades y los hechos.
 
A Moncho se le podía seguir en muchos lugares, no solo a través de sus mordaces artículos periódisticos. También podíamos conocer a Moncho como cantante. A beneficio de los huérfanos, una de esas canciones que a muchos nos ha marcado. Una forma de mostrar la hipocresía que las clases altas tienen para con los pobres. Una muestra en música de lo que Berlanga hizo con su gran película Plácido. Hay que destacar también su Moncho Alpuente y los Kwai, así como su proyecto musical con su gran amigo El Gran Wyoming en The Moncho Alpuente Experience.   

Moncho era un buen periodista, un ejemplo de lo que se denomina periodismo crítico

Pero no se quedó ahí. Programas de televisión y de radio también atesoran la biografía de Moncho. Colaboraciones críticas y mordaces que han dejado huella para aquellos que le seguíamos. Y esa pluma también la disfrutamos en libros. Buenos libros, con gracia, didácticos y divulgativos. Para tomar conciencia con una buena dosis de risa. Aquí destaco su Como escapar del 92, Operación centollo o Grandezas de España: la historia más grande jamás contada con menos escrúpulo. Alguno de estos libros muy enmarcados en la época en la que realizó la escritura.
 
Qué grande era Moncho, tanto que ni siquiera se llamaba Moncho. Su verdadero nombre era Ramón Más Alpuente. El periodismo de este país debería de aprender de un profesional como él. Cuando ahora vemos en televisión tertulias y la alharacas que muchos dicen es cuando nos damos cuenta de la falta que nos va a hacer Moncho Alpuente.
 
“El capitalismo es como el cerdo, de él todo se aprovecha, sus desechos alimentan a los fondos buitres y a los fondos de reptiles”. Esta es una de la frases que escribió en uno de sus últimos artículos del CNT. Claridad y transparencia para poder plasmar un pensamiento.
 
Hoy ya no vamos a poder leer los artículos de Moncho. Ni el CNT, ni el Público, ni en Mongolia, ni en Cáñamo. Ya no vamos poder pedirle una colaboración para Diagonal, pero su práctica periodística, su visión de las cosas, es lo que tiene que permancer.
 
Salud, amigo. Salud Moncho, que la tierra te sea leve
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comentarios

3

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    Ivanovic
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    25/03/2015 - 12:18pm
    La última columna saldrá en el número de abril del CNT. Por eso se dice "una de sus últimas..."
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    María Rodríguez
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    23/03/2015 - 2:51pm
    El último artículo de Moncho en el CNt ¿no fue "Los sindicatos del crimen"? Salud.
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    María Rodríguez
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    23/03/2015 - 2:20pm
    ¡Que la tierra te sea leve, compañero!
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