Belén Gopegui
escritora madrileña, autora de El comité de la noche
"En distintos espacios se construye otra cultura, todo eso que en medio del infierno no es infierno"

En 'El comité de la noche' la escritora Belén Gopegui (Madrid, 1963) retoma el análisis de las relaciones humanas en el capitalismo del siglo XXI y examina los aún frágiles procesos de transformación de esas relaciones.

07/03/15 · 8:00
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Fragmento de la novela El comité de la noche, de Belén Gopegui, leído por su autora.

La escritora madrileña Belén Gopegui ha publicado El comité de la noche (Literatura Random House, 2014), una novela que dibuja una dura crítica contra el negocio de las farmacéuticas y relata un mundo posible de relaciones más justas construidas sobre la solidaridad y la fuerza del común.

Bajo una apariencia de novela de género, El comité de la noche esconde una clara condición política: es una crítica devastadora al negocio de las farmacéuticas, al comercio de sangre y a las condiciones de vida contemporáneas. ¿Literatura de resistencia?

Más bien diría una literatura de existencia, para que las cosas que ya existen, aunque a veces parezcan transparentes, cuenten lo que saben.

¿Es posible construir una alternativa política, social, a través de la literatura, que combata el discurso del poder y construya ese espacio de resistencia?

Sólo con unas cuantas obras literarias, no. Si lo que [Jorge] Riech­mann llamaba los miedos de comunicación de masas fuesen, pongamos, infiltrados hasta sus más altos niveles por gentes que no sólo no quisieran, sino que además pudieran no reproducir la visión del mundo supuestamente natural, vale decir, capitalista, patriarcal, etcétera, en ese caso, si la gran mayoría de historias, series, canciones, noticias, no interpretase la vieja melodía del individualismo, el engaño y el falso consuelo, entonces, quién sabe. Entretanto, en los distintos espacios, movimientos, centros populares, se va construyendo una cultura distinta, emergen visiones diferentes, todo eso que en medio del infierno no es infierno y que puede, en voz más baja, hacer nacer relaciones diferentes.

¿Crees que los proyectos políticos antagonistas necesitan novelas que construyan sus imaginarios? ¿En qué medida ayudan las novelas a esa construcción de lo posible?

Dice el dramaturgo Declan Do­nellan: “No están a salvo en sus casas, sólo están a salvo en las calles. No vayan a sus casas”. Me interesa la fuerza de esa idea de que, en contra de lo que se nos suele decir, es en las casas donde no estamos a salvo. Lo cierto es que la novela es un género en principio pensado para leer en casa. También en el metro o en la biblioteca o en círculo de lectura, pero en principio se pensó para leer en soledad, y construir imaginarios antagonistas desde esa extraña relación creada entre un narrador o narradora y un lector o lectora es difícil. Lo habitual es afirmar los imaginarios existentes, esos que contribuyen a hacer de una casa un lugar de peligro. Se puede intentar, a veces ocurre. Creo que, pese a todo, vale la pena intentarlo, hacerlo, si se tienen presentes los límites que nos marcaron y que no habría que respetar.

El comité de la noche tiene un lenguaje cuidado, una capacidad de crear diálogos intensos, referencias intertextuales precisas. ¿Es posible un lenguaje antagonista dentro de los códigos del poder?

Entre la frase de Audre Lorde “las herramientas del amo no destruirán la casa del amo”, aquella de Chirbes “la buena letra es el disfraz de las mentiras” y el verso de Adrienne Rich “éste es el lenguaje del opresor / y sin embargo lo necesito para hablarte”, transcurre un debate de siglos. En realidad parte de la evolución de lo que sea que llamemos arte ha estado marcada por la necesidad de cambiar las herramientas, violentar el lenguaje y hacer estallar en pedazos la buena letra impuesta por la clase dominante. Jesús Ibáñez contaba la historia de aquel maestro que le decía a su discípulo: “Si dices que este palo es real, te pegaré con él, si dices que no es real, te pegaré con él, si callas, te pegaré con él”. La salida, decía, era arrancarle el palo de las manos y darle con él en la cabeza. Dicho de otro modo y con respecto al arte, aun manteniendo siempre la atención hacia todo lo que los códigos y herramientas cuentan por sí mismos, y aun procurando siempre destrozar esos códigos y esas herramientas, recordemos también que la razón de destrozarlos no es un dilema formal, como si eso existiera, sino arrebatar el palo, el monopolio de la violencia real, microfísica, simbólica, que, de modo ilegítimo, ejercen el capital y el patriarcado.

En el libro se percibe cierto anhelo de unión. ¿Crees que en esta deriva individualista de las sociedades contemporáneas hay espacio para seguir reivindicando ese común que nos haga fuertes frente al poder?

Una vez más nos ocurre que separamos lo individual de lo común, como si lo común no estuviera construido con individualidades. El individualismo contemporáneo –igual que, en una escala diferente, la llamada economía liberal– utiliza lo común, la construcción colectiva, los cuidados, pero lo hace desde el abuso, imponiendo criterios, intoxicando además con la idea de que son las comunidades las que imponen funciones y anegan lo individual. Sin embargo, construir lo común es trabajar con otros y otras según aquellos criterios que se juzgan buenos. Por el contrario, encerrándonos en las fingidas individualidades que somos, cedemos nuestro criterio sin reparar demasiado en ello. De modo que sí, ahora más que nunca, es preciso ser nieve, ser lluvia, ser marea.

Eres miembro de Asalto, la facción literaria de la Fundación Robo. ¿Sería ése un intento de repensar la práctica cultural desde el espacio del común, del colectivo?

En el aspecto musical es un intento y un logro. Ahí está su página, sus temas, los cambios que ha generado. En cuanto a la parte literaria, a la que me he sumado, se trata de un proyecto mucho más en ciernes, apenas un gesto para contar que, si bien no sabemos cómo, sí quisiéramos sacar la literatura de los formatos individuales, volver a pensar, como dices, su práctica desde el espacio del común. Se han hecho experimentos en Asalto y seguirán haciéndose gracias a la generosidad de Fundación Robo, que pone en nuestras manos un dispositivo en marcha. Desde esta entrevista, como desde otros lugares, seguimos convocando a quienes tengan propuestas, temas, textos, voluntad de construir relatos de experiencias colectivas.

Están muy presentes en esta novela las redes sociales y la capacidad de éstas como elemento aglutinante y subversivo, lo cual choca con esa visión compartida en círculos militantes que defiende que la virtualización del contacto produce un efecto de desensibilización emotiva, de soledad relacional y fragilidad psicológica.

No veo la necesidad de contraponer la red con los cuerpos. Son los cuerpos los que se convocan a través de la red y a menudo surgen relaciones que, de no empezar en la red, no habrían existido y que, al desvirtualizarse, se hacen más fuertes. No siempre ocurre así, tampoco en la vida diaria todas las relaciones evitan la soledad o nos hacen menos frágiles. La red es una provincia más de nuestras vidas, con sus problemas y sus capacidades. Creo que por distintos caminos, en libros como Sociofobia o en parte de mis novelas y en otras, lo que hay es una forma de buscar la mejor aproximación, aquella que no idealice pero tampoco niegue algunos actos nuevos.

¿Qué papel consideras que ocupa internet en la renovación de los códigos y estrategias de la resistencia política?

En general considero que la resistencia en internet está perdiendo iniciativa, porque no tiene el poder suficiente. Cons­truir servidores que no pasen por Estados Unidos ni estén bajo su control, crear plataformas de relación que no sean propiedad de empresas dispuestas a cobrarse su actividad en datos y en poder añadido, o hacer que un sistema como Debian, por ejemplo, entre en las administraciones para quedarse, exige una fuerza que, de momento, no tenemos. Aun con todo, hay fracturas, transgresiones, sistemas operativos libres, pequeños servidores autónomos, filtraciones. Que­da, sin embargo, muchísimo por hacer.

¿Cómo valoras el momento político actual, en el que diversas plataformas surgidas a partir del 15M apuntan a tomar el “poder político” en sus diferentes escalas (nacional, regional, municipal) aprovechando el vacío creado por la deslegitimación radical del sistema de partidos heredado de la Transición?

Plantearse llegar a las instituciones es importante, y más si se hace desde movimientos con arraigo en el territorio. Lo crucial, desde mi punto de vista, sería en este momento intentar no delegar en nadie, saber que cada persona es necesaria para generar otras prácticas políticas, pues, por más que así lo pensemos en algunos entornos, esa deslegitimación radical, desde casi todos los puntos de vista, no lo es tanto, sin embargo, en muchos sectores de la población, ya sea porque aún creen, erróneamente, que sus intereses coinciden con los del sistema de partidos, o porque en ocasiones es posible que coincida a corto plazo. Recuerdo esa gran canción portuguesa contra la dictadura, “A pesar de você“, “a pesar de usted, mañana ha de ser otro día”, la cuestión es que ese usted es muy amplio, está en formas de ver y en las instituciones y en las empresas y en la vida diaria, por eso es preciso que se unan todas las luchas en torno a la emancipación y, en estos días, apenas descansar. 

Agrandar y encoger el corazón

Por Mir E. de Cádiz (Mujeres & Cia).
“Vivimos en un compás de dos tiempos entre lo real y lo posible que queremos hacer real, respiramos así. ¿Lo imposible? Lo imposible es una provincia de lo posible, la más remota, pero existe y a veces se alcanza”. En El comité de la noche las protagonistas, Álex y Carla, son mujeres fuertes pero abatidas por el sistema. En un sistema y un mundo que las (nos) empuja a la individualidad, cada una de ellas, en primera persona, elige actuar y vivir para y por lo colectivo. Intuyen que lo único que les permitirá llegar a “lo posible”, una vida digna, pasa por retar de manera personal a “lo imposible”. Belén Gopegui se pone en juego, una vez más, para denunciar un sistema que aliena y vende a las y los individuos a la primera de cambio,  y lo hace encogiéndote y agrandándote el corazón a cada página. 
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