EL TEMA
Sin febrero en los cielos de Donetsk

Donetsk (Ucrania), la capital del salto con pértiga, vive una tregua inestable. Los récords son ahora un recuerdo lejano.

21/02/15 · 8:00
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Instantánea del vuelo de salto con pértiga. / Koji Kawano

Donetsk es la ciudad en la que el ser humano ha saltado más alto. El 14 de febrero del año pasado, el pertiguista francés Renaud Lavillenie superó el listón situado a 6,16 metros de altura en el Druzhba Arena, el palacio de los deportes de Donetsk. Su récord del mundo fue contemplado desde el palco por el mito ucraniano Serguéi Bubka (Lugansk, 1963), cuya marca de 6,15 metros, lograda también en el Druzhba Arena, había permanecido imbatida durante 21 años.

Lavillenie y Bubka se dejaron fotografiar como los protagonistas de una historia de relevos. El atleta francés, que contaba con 27 años, parecía un ­intruso jovial en la tierra de Bubka, un cincuentón trajeado, un anfitrión de sonrisa forzada. El muro de la pértiga había caído. Para volver a contemplar en Ucrania a los mejores atletas de esta disciplina habría que esperar un año: en febrero de 2015, Lavillenie y sus colegas de generación volverían a desafiar el listón bajo la mirada de Bubka en el mismo escenario. Nadie lo dudaba. El evento de las estrellas de la pértiga se venía celebrando desde 1990. Febrero, Donetsk, pértiga y Bubka: un rito inexcusable.

Sin embargo, hoy el Druzhba Arena es una ruina saqueada. El pasado sábado 14 de febrero, el mismo día en el que se cumplía un año del récord de Lavillenie, Donetsk sólo esperaba que llegara la medianoche y se cumpliera la promesa del alto el fuego.
 

La capital mundial de la pértiga es un territorio del que huir

Los primeros días de febrero fueron jornadas de desolación y muerte en el este de Ucrania. “Paradas de autobús y transporte público, mercados, escuelas y guarderías, hospitales y áreas residenciales se han convertido en campos de batalla en las regiones de Donetsk y Lugansk”, según recoge en un comunicado el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Hu­manos, Zeid Ra’ad. Los datos aportados en este documento no necesitan adjetivos: “El número de muertos supera ya los 5.358 y 12.235 personas han resultado heridas desde mediados de abril del pasado año. En las tres semanas anteriores al 1 de febrero, al menos 224 civiles han muerto y 545 han resultado heridos. Cualquier escalada resultará catastrófica para los 5,2 millones de personas que viven en medio del conflicto en el este de Ucrania”.

Espanto

Un año después del salto generacional en la pértiga, del centímetro que supuso un récord del mundo, de la imagen de Lavillenie y Bubka, de las crónicas repetidas que glosaron el acontecimiento… un año después no queda nada. La capital mundial de la pértiga es un territorio del que huir. Y las imágenes que de ella ofrecen las agencias sólo hablan de frío y miradas de espanto. Nada que ver con la luz brillante del Druzhba Arena hace justo un año, con sus figuras recortadas sobre el paisaje de los patrocinadores.

“Ninguna de las dos partes está adoptando las precauciones necesarias que prescribe el derecho internacional humanitario para proteger a la población civil […]. Los civiles seguirán siendo víctimas de homicidios ilegítimos y de heridas en números aún mayores si se continúa sin hacer nada para poner freno a la impunidad”, afirmaba en enero Denis Krivosheev, director adjunto del Programa Regional para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional.

Estupor

Las fotografías que en la prensa ilustran estos días el cumplimiento de la tregua incluyen al inevitable soldado jugando al fútbol. El deporte quiere ser síntoma de una normalidad harto improbable; el lector no puede sustraerse a la evidencia de que una ciudad que era ayer referencia del atletismo se ha convertido hoy en un escenario bélico. ¿Seguirá en pie la estatua de Bubka? ¿Recordará alguien al gigante ucraniano que en 2001 se despidió en Donetsk de la competición?

La colección de ciudades que un día celebran la épica del deporte y caen poco después en la miseria de la guerra es demasiado extensa. Donetsk es sólo el último ejemplo.

Mientras, en el extraño orden de las cosas, los protagonistas de la mítica fotografía –la del récord de 6,16 metros– continúan su periplo en otros escenarios. Serguéi Bubka aspira a convertirse en presidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAFF). Competirá con Sebastian Coe en las elecciones que tendrán lugar en Pekín en agosto. Por último, Lavillenie se ha tomado en serio su título de sucesor e intenta iniciarse en el rentable arte de superar centímetro a centímetro su propia marca. El pasado sábado 14 de febrero, un año después de su celebrado récord, fracasó en Berlín en las tres tentativas de superar el listón colocado a 6,16 metros. Seguirá probando.

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