'Con voz propia. La economía feminista como apuesta teórica y político' | Cristina Carrasco (Ed.)
Porque sin nosotras no se mueve el mundo

Diez autoras ligadas a la economía feminista presentan un ensayo de lectura urgente. Editado por Cristina Carrasco, publicado por Los Libros de Viento Sur/La Oveja Roja (2014).

26/01/15 · 11:00
Edición impresa

Yo quiero diez, cien, mil libros como éste, que digan frases como ésta: “Los empleos en sectores o actividades que no son socialmente deseables, como son la fabricación de armamento, las centrales nucleares, el sector del automóvil o los empleos que se han creado alrededor de las burbujas financiera e inmobiliaria, no deben mantenerse”. O como ésta: “Al preocuparse sólo del mercado y relegar al limbo de lo invisible el trabajo doméstico y de cuidados, la economía como disciplina ha estado eludiendo toda responsabilidad sobre las condiciones de vida de la población, como si éstas se moviesen por caminos paralelos a la economía”. O como ésta: “Se trata de mirar el conjunto del sistema económico desde otro ángulo distinto, descentrando los procesos de mercado y estableciendo como eje analítico y apuesta política la sostenibilidad de la vida”.

Con voz propia es un esfuerzo colectivo de siete autoras que se han propuesto trazar una panorámica lo más comprensible y lo más completa posible (lo que implica que no todas las contribuciones sean necesariamente coherentes entre sí) sobre una disciplina, la economía feminista, a la que, con absurda modestia, califican de “apuesta teórica y política” cuando podrían hablar directamente de su capacidad de estallar el marco económico que hoy nos mata.

Aunque la modestia quizá se relacione con el contenido heterogéneo del libro: ­algunos artículos, los que tocan cuestiones más concretas, como las desigualdades de género dentro del IRPF, la inadecuación de los indicadores y los procedimientos estadísticos habituales para medir la realidad, o la información que nos trasmiten las encuestas de uso del tiempo, sí mantienen la compostura. Estoy segura de que las autoras de ­estos artículos desean, tanto como las demás, terminar con el capitalismo y el heteropatriarcado. Pero les toca la tarea más tediosa de contarnos, una vez más, con datos, cómo de mal van las cosas. El resto, las que se encargan de explicar que la economía es algo distinto que la búsqueda del beneficio monetario, pueden hablarnos desde la rabia y la imaginación, con frases como las que cito arriba. Para decirnos que está todo al revés y que ya es hora de darle la vuelta.

Esto que nos cuentan son grandes y pequeñas verdades y, como todas las verdades, las sabemos desde siempre. Sabemos que el dinero no se come, ni te arropa. Pero aceptamos su mediación. ¿Por qué? Eso yo no lo sé. Sabemos, como dicen las mujeres poderosas de Territorio Doméstico, que sin nosotras no se mueve el mundo. Sabemos que la mayoría de nuestros empleos son innecesarios, que curramos por dinero y que lo que necesitamos es más tiempo y espacio para vivir juntas mejor. Pero esta rabia no sale en los discursos públicos que se atascan en las reformas de la economía de mercado.

Hemos permitido que se valoren los gestos más absurdos por encima de los más necesarios y hemos convertido los gestos necesarios en secretos vergonzosos, en temas de los que no se habla para no aburrir. Como si esta situación insostenible fuera algo que sólo nos ocurre a cada una de nosotras. El trabajo de cuidados está invisibilizado, sí, y también sepultado en el silencio.

Hemos permitido que se valoren los gestos más absurdos por encima de los más necesarios

¿Cómo vamos a poder entonces hablar de soluciones? En el libro se asoma alguna pista, en el intersticio entre los datos y la rabia. Pero, ¿cómo vamos a abordar la solución si aún no somos totalmente capaces de ver el problema? No hablo de enunciarlo, sino de verlo con los ojos y de sentirlo con todo el cuerpo.

Como mucho, a veces lo concebimos como un problema de justicia redistributiva, y entonces lo troceamos y hablamos de remuneración de ciertas actividades, o de conciliación (con perdón), de corresponsabilidad en las tareas domésticas, pero no acabamos de ver que está todo, todo al revés. No es sólo que se confunda lo que es trabajo y lo que es un empleo asalariado, o que lo productivo tome primacía sobre lo reproductivo, sino que ahora también la economía del consumo hace planear sus metáforas allí donde olfatea mercado en las actividades humanas, y así las ciega, disfrazando la riqueza de gestos que sostienen la vida en una sucesión de posturas que sostienen la imagen. Y, si no es así, que alguien me explique por favor de dónde viene esa moda de hacer pan en casa...

¿Cuántas veces habrá que repetir las cosas que ya sabemos desde siempre?

Cuando decimos invisibilización, tan tranquilamente, como si algo tan inmenso como los cuidados fuera algo tan sencillo de esconder, como si fuera un truco que pudiéramos hacer a voluntad, como quien escamotea un caramelo o se guarda un as en la manga, me vienen a la cabeza las imágenes con las que el cine ha tratado de explicarse y a la vez justificar las otras invisibilizaciones de la historia: las distopías de los años veinte, tipo Metrópolis, en las que las superficies art decó y muros infranqueables impedían que la burguesía supiera que existía una clase proletaria que, en la realidad, ya hacía tiempo que era un sujeto político. O, en los años 70, las recrea­ciones, más o menos lascivas, de las plantaciones esclavistas sureñas, como Raíces, ficciones de la mala conciencia que se presentaba cabizbaja ante el movimiento por los derechos civiles. Y me pregunto qué relatos tratarán de recordarnos a nosotras y nuestras descendientes que hubo una época en la que “invisibilizamos” aquello que nos sustentaba. Porque es evidente que Downton Abbey y las películas sobre el poder sanador de la cocina hecha con amor no cumplen esa función... 

Hará falta, sin duda, decirlo nueve, noventa, novecientas veces más. Afortunadamente, las autoras de este libro llevan mucho tiempo haciéndolo, sin descanso. Y merece mucho la pena escucharlas todas y cada una de las veces, hasta que por fin lo veamos claro.

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comentarios

3

  • |
    MartaCat
    |
    01/02/2015 - 1:47pm
    Toda esa información está al principio del artículo, justo donde debe estar.
  • |
    Sonia
    |
    30/01/2015 - 11:36am
    Buenos días, ¿cómo se podría adquirir este libro? Título, aut@r/@s, editorial.
  • |
    una
    |
    26/01/2015 - 12:21pm
    quién lo publica?, quiénes son las autoras?   gracias y un saludo
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