LIBROS
Unos niños en el foco de la contracultura

Las memorias de Patti Smith narran su relación con el fotógrafo Robert Maplethorpe.

18/01/15 · 8:00
Edición impresa
Patti Smith en Mannheim, Rosengarten, Germany / Klaus Hiltscher

Nacida en un barrio pobre, inquieta y lectora voraz, Patti Smith no sólo ha demostrado ser una de las rockeras más emblemáticas de una época, sino también una gran escritora. Y no sólo de sus letras, que cantaba con voz desgarrada, sino también una creadora de una prosa límpida y sincera, mirando hacia atrás con ira, pero también un inmenso amor y comprensión. Éramos unos niños, su libro de memorias más extenso, narra de forma original su relación con el célebre fotógrafo Robert Maplethorpe. Smith fue casi el único nombre femenino destacado e independiente de la llamada Generación Beat, a la que pertenecen Ginsberg (Aullido), Burroughs (El almuerzo desnudo), etc. Ambos libros fueron objeto de juicio por obscenidad, una palabra que se utilizó luego para definir la obra fotográfica de Maplethorpe en sus gráficas escenas de sexo sadomasoquista. El accidentado periplo vital del fotógrafo y Patti Smith (juntos y por separado) está bien documentado en las páginas de este libro, que es también un canto a la belleza y el reflejo de una época, además del relato intenso de una larga relación de amistad y compañerismo.

Aunque ahora se la considera una leyenda viva, su trayectoria estuvo marcada por dificultades económicas, problemas serios con la droga, pero también por un sentido de la autenticidad y el compromiso nada comunes. Su relación con el famoso fotógrafo –que pasó de una posición recatada a fotógrafo gay provocador– está narrada con cariño y sensibilidad. La autora de Tejiendo sueños consigue un retrato social variopinto y dos psicologías complejas. Retrata los sesenta como una época en que creían que podían cambiar estructuras, pero en la que la violencia de la derecha institucional se impuso. Smith y Maplethorpe intentaron vivir al margen, pero se implicaron en luchas como la batalla social contra la guerra de Vietnam o la ruptura de modelos artísticos canónicos. Una relación cercana a la ayuda mutua ante situaciones adversas en las que ambos conocían los puntos fuertes y débiles del otro y su relación, muchas veces conflictiva, con la sociedad de su tiempo. Se consideraban excluidos, pero nunca perdieron la curiosidad y el amor por las artes.

Éramos unos niños nos traslada la voz de una escritora testigo de amor, dolor, rabia, pero con una increíble capacidad de lucha y seducción. Smith se define a sí misma como “una chica mala que intentaba ser buena” y a Maplethorpe “como un chico bueno que intentaba ser malo”. A pesar de los cambios de los sesenta, ni al uno ni a la otra les resultó fácil vivir dentro de unos patrones de género todavía muy marcados. La pareja creció en medio de la pobreza, la inseguridad y los trabajos precarios antes de ser internacionalmente conocidos en el mundo de la música o la fotografía. Aunque la historia ha dado muchas vueltas, es un gozo oír la voz desgarrada de esta mujer única, que con sus condicionamientos socioeconómicos, patriarcales y su situación de precariedad logró ser una artista comprometida con su época. Smith es una de esas viejas rockeras que se han adentrado con éxito en el terreno de la autobiografía o el relato intimista y que no ha abandonado los escenarios para cantar al pasado sin dejar de mirar al futuro.

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