CULTURAS
Fanzines: el abismo hecho de retales

Una nueva esperanza para los desesperados. Los fanzines se rearman para sobrevivir a los nuevos tiempos.

13/01/15 · 8:00

Estamos en 1916 y las armas químicas destrozan los pulmones de los soldados que combaten en el frente. Ese mismo año, el ejército alemán ha descubierto una nueva combinación de gas aún más letal que las que se habían usado hasta entonces, y las bajas se cuentan por miles. Las máscaras de gas no sirven. La mezcla de cloro y fosgeno que cae sobre las trincheras acaba filtrándose por las protecciones y alcanzando las vías respiratorias. Los soldados ni siquiera notan los síntomas al principio. Los efectos del gas tardan varias horas en manifestarse, así que siguen luchando ajenos a los abismos que han comenzado a abrirse en sus pulmones.

A unos kilómetros de allí, en Zürich, también se habita el abismo. El poeta alemán Hugo Ball acaba de abrir el Cabaret Voltaire, un antro sucio y oscuro situado en la parte superior de un teatro. Los clientes habituales son tarados, desertores, alcohólicos, adictos, enfermos, cobardes. Unos metros más abajo, en la misma calle, Vla­di­mir Ulianov planea el asalto a los cielos, pero los conspiradores que se reúnen en el Cabaret Voltaire no están interesados en los cielos, sino en las alcantarillas. Ball decide reunir sus textos en una revista, una especie de antología del delirio capaz de escupir en la cara a una sociedad tan enferma como los soldados que se pudren con los pulmones llenos de gas. La revista tendrá el mismo nombre que el antro donde ha sido creada, y en ella aparecerá por primera vez la palabra “dadá” para referirse a ese escupitajo, a esa broma de mal gusto que será el movimiento dadaísta. Hugo Ball no lo sabe y seguramente ni siquiera le importe, pero acaba de inventar los fanzines.

Varias décadas más tarde, a mitad de los 60, un Robert Crumb de apenas 25 años decide dibujar los fantasmas que le obsesionan y editarlo en unos cuantos folios unidos por un par de grapas. La publicación es un éxito en medio de aquella ciudad atestada de ácido. Crumb tiene a sus pies los circuitos alternativos de San Francisco, donde a partir de entonces se desarrollará toda una ola de publicaciones y cómics underground. Desde sus comienzos el fanzine ha nacido como una forma de expresión marginal, pero ese carácter se acentuará todavía más con la eclosión del movimiento punk en la década siguiente. Hijo bastardo del dadaísmo, el punk también tenía unos cuantos escupitajos preparados para una sociedad aburrida, ensimismada y autocomplaciente. Llevando al extremo la máxima dadaísta de que para hacer un poema basta con meter palabras recortadas del periódico en una bolsa e irlas sacando al azar, el punk encontrará en el fanzine no sólo una forma de expresión perfecta, sino también un cauce para la difusión de conciertos y grupos de música. Vendidos por correo o en puestos callejeros y tiendas alternativas, los fanzines servirán para conectar todo un movimiento demasiado rápido y convulso para cualquier otro tipo de publicación que requiriese más de media hora de edición. Algunos de ellos, al menos, tendrán grapas.

Quizá como consecuencia de los abismos abiertos por la crisis, en los últimos años estamos asistiendo a un nuevo auge de los fanzines

La llegada oficial de los fanzines a nuestro país no se producirá hasta mediados de los setenta con publicaciones como El Rrollo Enmascarado, Star, Ozono o Butifarra! Sin embargo, el movimiento eclosionará en la década siguiente, cuando el fin de la dictadura permita ­conocer mucho mejor lo que se estaba haciendo fuera de las fronteras del Estado. Antes de diluirse en el aburrimiento de los noventa, este movimiento de publicaciones alternativas dejaría joyas tan imprescindibles como La liviandad del imperdible, 96 lágrimas o Penetración.

Quizá como consecuencia de los abismos abiertos por la crisis, en los últimos años estamos asistiendo a un nuevo auge de los fanzines. La necesidad de buscar formas de expresión en un sistema cada vez más hostil ha hecho que mucha gente se anime a autoeditar y distribuir su propia obra, ya sea de forma colectiva o individual. Esto se ha visto favorecido, además, por las nuevas posibilidades de impresión y publicación, que permiten obtener resultados de mucha calidad con poca inversión y sin necesidad de tener muchos conocimientos de edición. Así, a fanzines que ya han adquirido la categoría de obra de culto como Mondo Brutto o Vacaciones en Po­lo­nia se une ahora una nueva ola de publicaciones  de temáticas, formatos y contenidos muy diversos pero que tienen en común una misma vocación de autonomía respecto a los circuitos comerciales.

El punk encontrará en el fanzine una forma de expresión perfecta y un cauce para la difusión de conciertos 

Este auge en la edición de fanzines ha permitido la aparición de todo un movimiento con varias líneas temáticas muy diferentes en sus contenidos. Quizás las más importantes en cuanto a número de publicaciones son, por un lado, los fanzines de temática política cuyo objetivo es la difusión de textos generalmente libertarios y, por otro, las publicaciones de tipo artístico que buscan dar a conocer la obra gráfica, literaria o fotográfica de su creador. Aunque no son las únicas líneas ni siempre es tan sencillo establecer fronteras claras entre ellas, lo cierto es que una buena parte de las publicaciones actuales pueden adscribirse a uno u otro grupo. Así, frente a publicaciones con voluntad militante que suelen prestar mucha más atención al contenido que a cuestiones relacionadas con el diseño, nos encontramos también un auge de la edición de fanzines con una alta calidad gráfica que sirven como cauce de expresión a creadores que, por distintas razones, no tienen cabida dentro de las publicaciones convencionales o no se sienten cómodos en ellas.

Esta explosión ha generado la aparición de todo un circuito propio donde se pueden adquirir este tipo de publicaciones sin necesidad de pasar por las formas de distribución convencionales. Ferias como Tenderete en Valencia, MEA en Madrid, Grapa Grapa en Galicia o Gutter Fest en Barcelona se han unido a otros sitios de distribución que ya existían, como las distribuidoras alternativas de los centros sociales okupados o los puestos del rastro en Ma­drid. Así, se está consiguiendo revitalizar toda una subcultura con un marcado carácter autónomo y contestatario y con una clara voluntad de colonizar las alcantarillas dadaístas. Al fin y al cabo quizá no se esté tan mal en el abismo.

Cuatro totems de papel y tijera

Zap Comix

A finales de 1968, el dibujante estadounidense Robert Crumb decide editar su trabajo en un fanzine que recibirá el nombre de Zap Comix. San Francisco es el epicentro de un movimiento hippie que está derivando rápidamente hacia la experimentación con ácido, la estética psicodélica y la violencia política, y los dibujos de Crumb saben captar mejor que nadie el delirio y la tormenta. Considerado el fanzine que inaugura la tradición del cómic underground en Estados Unidos, Zap Comix se publicará de forma irregular hasta 2005, cuando apareció el número 15. La revista recogerá buena parte del trabajo de Crumb pero sus páginas servirán también para dar a conocer a autores tan importantes como S. Clay Wilson, Robert Williams o ‘Spain’ Rodríguez.

Sniffin’Glue

Si hay un fanzine mítico en la historia de este tipo de publicaciones, ése es sin duda Sniffin’Glue. Con una distribución de solo cincuenta ejemplares en su primer número, Sniffin’Glue inaugura la corriente de zines punk en Inglaterra, que incluirá publicaciones tan conocidas como Vomit, Rotten to the Core o Trash 77. Con un título tomado de Now I Wanna Sniff Some Glue de los Ramones, Sniffin’ Glue fue ideado por un ex empleado de banco desocupado de 19 años llamado Mark Perry, quien firmaba como Mark P para evitar –según decía– la suspensión del cheque de desempleo que cobraba. La publicación, que llegará a vender 15.000 ejemplares en apenas un año de vida, contenía toda una declaración de intenciones desde el primer número: “La vida apesta. No hablo de aquellos que viven en Devon o en la Isla de Wight, sino de quienes viven en Londres, Birmingham, Manchester o Glasgow. En la ciudad, la vida es terrible. Por eso, este fanzine no es sólo para leer, sino también para hundirse en pegamento y oler”.

Penetración

Nacido en 1981 en Madrid, Penetra­ción fue probablemente el fanzine más conocido del movimiento punk en nuestro país. De tendencia anarquista, Pene­tración recogía no sólo la herencia del fanzine punk inglés sino también la de publicaciones de carácter más militante como Class War. En el año 86 derivó en Sabotaje, un zine libertario coetáneo a la eclosión de los primeros centros sociales y el movimiento de okupación.

Mondo Brutto

Publicado desde 1993, Mondo Brutto ha ganado por derecho propio la categoría de mito entre los zines editados en nuestro país. Aunque comenzó publicándose trimestralmente, en la actualidad su periodicidad es variable, por lo que la salida de cada número se convierte en un acontecimiento. Subtitulado “Actualidad bizarra para brutos mecánicos”, las más de cien páginas de sus últimos números siguen manteniendo la factura casi artesanal y el tono irónico, subversivo y freak de sus comienzos. 

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Tags relacionados: fanzines Número 237
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comentarios

2

  • |
    Aldo
    |
    19/01/2015 - 6:58pm
    <span style="background-color: rgb(246, 247, 248); color: rgb(20, 24, 35); font-family: Helvetica, Arial, 'lucida grande', tahoma, verdana, arial, sans-serif; font-size: 12px; line-height: 15px;">No parece que sea la necesidad de creer que tu opinión sea tan relevante como para.creerla necesaria para la humanidad lo que haya cambiado, sino que ahora existe la posibilidad de que casi cualquiera pueda hacerlo, lo que es más determinante en la proliferación de fanzines y revistas.digitales</span>
  • |
    Pablo
    |
    13/01/2015 - 11:17pm
    &iquest;Hugo Ball inventando los fanzines sin darse cuenta? suena muy forzado. Sobre todo si se obvia la existencia de pasquines y folletines durante siglos. Lutero clavando las 95 tesis en Wittemberg también es muy underground y autoedición y tal...
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