LITERATURA
El río más largo de España

Una novela que no ha dejado indiferente a nadie en Euskal Herria el invierno pasado. Sobre todo porque nos sumerge en el universo del independentismo y se apoya en las practicas represivas ilegales pero bien reales llevadas a cabo por los Estados español y francés, todo eso narrado por un escritor francés, un erdaldun (“que no habla el euskara”) instalado desde hace poco en la región próxima de las Landas. ¡Atrevido!

02/12/14 · 14:01

Una novela que no ha dejado indiferente a nadie en Euskal Herria el invierno pasado. Sobre todo porque nos sumerge en el universo del independentismo y se apoya en las practicas represivas ilegales pero bien reales llevadas a cabo por los Estados español y francés, todo eso narrado por un escritor francés, un erdaldun (“que no habla el euskara”) instalado desde hace poco en la región próxima de las Landas. ¡Atrevido! Pero este vecino curioso no es otro que Marin Ledun –ya conocido por los lectores de Diagonal por sus reflexiones sobre el sufrimiento en el trabajo (n°188)–, lo que confiere a este libro la garantía que el tema está tratado con profundidad y matiz. Y la apuesta se revela muy exitosa.

Después del rapto de Jokin Sasco, descrito en sus más sórdidos detalles, el periodista Iban Urtiz, saboyano de origen vasco, es enviado de improviso por su redactor jefe al medio independentista vasco sin que nadie le dé ni el modo de empleo ni las llaves que podrían permitirle entender las interacciones en presencia. Poniendo toda su afán en la tarea, Iban Urtiz descubrirá que no se trata de un caso aislado y su investigación tomará un giro cada vez más personal. Su implicación le conducirá a tomar conciencia de las cloacas de la democracia y a codearse con personajes sin remordimientos que actúan en nombre de comandatarios que creíamos sin embargo insospechables. Se hunde por lo tanto en la peste más fétida de la guerra sucia, intentando con tenacidad desembrollar los hilos de esa historia que le sobrepasa. "Hubo una historia oficial y otra historia, la de la familia y los hechos, y el desajuste entre los dos era abismal”

L’Homme qui a vu l’homme ('El hombre que ha visto al hombre') sigue un esquema clásico después de un arranque a toda pastilla, en un estilo muy cinematográfico que Marin Ledun domina perfectamente. Sin duda para restituir el “shock” que ha vivido el autor cuando se ha enterado de la noticia de la desaparición de Jon Anza, militante de ETA cuyo cuerpo será finalmente encontrado diez meses más tarde en un depósito de cadáveres en Toulouse. Era en 2009 y la noticia apenas ha logrado salir de los límites de Euskal Herria. En paralelo, personas denunciaban interrogatorios ilegales practicados en el suelo francés, acusando a las fuerzas de seguridad españolas. “Acababa de mudarme a la región del Suroeste, explica Marin Ledun. El temporal Klaus acababa de abatirse en el litoral atlántico, actuando sobre mi como una especie de revelador salvaje y natural. Conocía muy mal esas cuestiones de raptos. Cuando el cuerpo de Jon Anza fue encontrado, el asunto se convirtió en un tema turbio, con varias zonas de sombra en la investigación. Hubo una historia oficial y otra historia, la de la familia y los hechos, y el desajuste entre los dos era abismal”. Basándose entonces en un hecho de actualidad, la preocupación del autor ha sido “aclarar la verdadera historia” diciendo al lector: “Mira, escucha, estos son les hechos, y ve las causas y las consecuencias: la condición humana, la desesperanza, el odio, la violencia, la corrupción policial, judicial o política, el poder, el crimen, el dinero, los compromisos, la historia de una región, de un país, y mis personajes de carne, de sangre y de emociones que luchan dentro de todo eso”.

Marin Ledun no es un autor comprometido, término cajón de sastre que no tiene gran significado, pero es seguramente un autor político, en el sentido que quiere a toda costa “decorticar la máquina, mostrar el sistema al desnudo, cronicar, poner la sociedad en relato”. ¿Y qué mejor que la novela negra para conseguir este objetivo? Aun más, esta novela tiene el interés de proponer una cierta mirada sobre el “conflicto vasco”, el del neófito que “tiene algunas vagas nociones pero que en realidad ignora casi todo”. Se decía a veces en Euskal Herria que el Guardia Civil era el río más largo de España porque nace en Andalucía antes de morir por las calles de Donostia

Como lo recuerda el autor en su novela, se decía a veces en Euskal Herria que el Guardia Civil era el río más largo de España porque nace en Andalucía antes de morir por las calles de Donostia. Esta novela está aquí para corregir un pequeño error geográfico: ese río que se va ruborizando a lo largo de sus meandros corre todavía más al norte, hundiéndose en las calles de Baiona o Toulouse, escondiéndose en el bosque de las Landas, trazándose un camino en el laberinto de lugares aislados y oscuros, huyendo de la mirada de los investigadores más obstinados y no vacila a la hora de recogerlos para proseguir su camino con los menos obstáculos posible hasta no saber adónde. Y para parafrasear la obertura de American Tabloid de James Ellroy, L’Homme qui a vu l’homme habría podido concluirse así: “Francia nunca ha sido inocente”.

Esperemos que una editorial se atreva a publicar este libro en castellano para que más gente pueda tomar conciencia de lo que pasa por las tierras vascas. Además de leer una novela de gran calidad literaria.

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comentarios

1

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    Carlos69876
    |
    02/12/2014 - 8:02pm
    y qué pasa por las tierras vascas en pleno siglo 21, pues te lo digo, nada. Bueno si, ventajas fiscales. El independentista vasco actual simplemente carece de personalidad y es por lo que se deja llevar por aquellos que le comen el tarro. No hay más.
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